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- II. Valle Intermedio del Río Magdalena
Gilberto Cadavid |
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MAGDALENA |
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Se denomina Valle Intermedio del río Magdalena al área comprendida entre la ciudad de
Neiva, capital del departamento del Huila y el municipio de Morales, en el departamento de
Bolívar, incluyendo las llanuras laterales que conforman el respectivo valle por debajo
de los 1.500 metros entre Neiva y Girardot, para luego conservar la cota de los 1.000
metros hasta Morales. El río Magdalena en esta región tiene un recorrido aproximado de
700 kilómetros, presentando una diferencia de altura entre los dos puntos extremos (Neiva
y Morales) de 456 metros. La región se subdivide en cuatro sub-regiones, de sur a norte,
de acuerdo al curso del río.
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| Llanos del
Huila y Tolima
Esta subregión se extiende a lo largo del valle del Magdalena entre las ciudades
de Neiva y Girardot, y comprende los llanos secos de los departamentos de Huila y Tolima,
valles y montañas del río Saldaña y la vertiente al Magdalena de la Cordillera Oriental
colindante con el páramo de Sumapaz. Se caracteriza por el recorrido del río sobre un
valle relativamente estrecho, que se amplía en su banda izquierda a la altura de
Natagaima, mientras que en su margen derecha, el valle no supera en ningún punto los 25
kilómetros de anchura.
El río Magdalena recibe en esta subregión, numerosos afluentes entre ellos el
Baché, Aipe, Saldaña, Coello, Las Ceibas, loro, Fortalecillas, Bateas, Villavieja,
Cabrera, Yaví, Cunday y Sumapaz.
Investigaciones Arqueológicas
G. Reichel-Dolmatoff (1943) describe los hallazgos de urnas funerarias en el
Valle del Magdalena desde Tamalameque hasta El Espinal, e identifica cierta uniformidad en
la concepción fundamental de los patrones funerarios en torno a ese elemento común que
fue la urna para entierro secundario. En estos sitios, se señala un horizonte cerámico
muy definido a lo largo del valle del Magdalena, que aún cuando presenta variaciones
locales, parece pertenecer a grupos étnicos muy homogéneos de filiación karib.
Para esta subregión de las llanuras del Huila y Tolima, se identificaron los
sitios de Espinal y Ricaurte. El primero de estos se encuentra localizado en territorio
ocupado por los pijao en el momento de la conquista, el cual aportó urnas funerarias de
forma esférica, en cuya parte superior se encuentran representaciones de una cara humana
en alto relieve. Sus tapas consistían en platos circulares pandos sin ninguna
decoración; en Ricaurte, ya en territorio Panche, se hallaron numerosas urnas de forma
semiesférica a veces enterradas en grupos, cuya tapa consiste en un casquete pando de
características similares a las del Espinal.
Por su parte, Julio César Cubillos, excavó en 1945 en Rioblanco cerca a
Chaparral (Tolima), un sitio parcialmente alterado por la acción de los guaqueros, en
donde se observaba una apreciable acumulación de material cultural con una profundidad
oscilante entre los 1.60 y los 2.50 metros. En este depósito encontró algunas piezas de
oro que se relacionan técnica y estilísticamente con la orfebrería quimbaya, así como
abundante cerámica de dos clases muy típicas de la región del Magdalena Medio.
En 1954, Julio César Cubillos y Víctor Bedoya, efectúan un trabajo de
salvamento en el sitio La Jabonera sobre el río Magdalena, en inmediaciones del Espinal.
Se trataba en este caso de un amplio basurero con intrusiones de tumbas, localizado sobre
una terraza paralela al río, que había sido alterada parcialmente durante los trabajos
de construcción de una carretera veredal. Para efectos de excavación, y teniendo en
cuenta el limitado tiempo disponible, se utilizó una motoniveladora que profundizó hasta
los 0.40 metros, hasta encontrar algunos pisos de vivienda, abriendo así mismo trincheras
de control que no dieron tampoco posibilidades estratigráficas pues se trataba de una
misma capa cultural homogénea en todo el sitio. Sin embargo, se canalizaron 206
fragmentos cerámicos que mostraron una estrecha relación tipológica en la cerámica de
los demás sitios arqueológicos situados entre La Jabonera y Puerto Wilches. Datos
adicionales aportados por los trabajadores de la carretera que alteraron el sitio en
cuestión, establecen que algunas tumbas saqueadas eran de pozo con pequeña cámara
lateral que contenían urnas funerarias para entierro secundario, pero no se mencionan sus
rasgos característicos.
En la zona de Santa Ana (Huila), en el año de 1972, los arqueólogos
norteamericanos Thomas Myers, L.B. Bruillard y S. Hunter de la Universidad de Indiana,
realizaron un trabajo preliminar, en el que ubicaron cerca de 50 sitios arqueológicos de
diferentes tipos. Se destaca entre éstos el Abrigo de Salamanca, que no llenó las
expectativas estratigráficas puesto que todo el material cultural se halló en un solo
estrato uniforme de 30 centímetros.
Durante este trabajo identificaron 4 tipos de cerámica, herramientas líticas en
chert de manufactura muy simple y dos narigueras sencillas de oro. Los autores definen
para la región del Alto Cabrera dos fases: temprana (aproximadamente 500 años d.C.), que
se denominó Fase Salamanca que corresponde a un patrón de asentamiento disperso y la
Fase Moderna (aproximadamente 1.700 años d.C.) que se caracteriza por un patrón de
asentamiento nucleado.
Gonzalo Correal efectúa en 1976 exploraciones arqueológicas con el apoyo de
FIAN y de la Universidad Nacional, trabajo este en el que cubre una extensa zona que
incluyó los departamentos de la Guajira, Cesar, Magdalena, Bolívar, Sucre, Córdoba,
Huila y región del valle del Magdalena, obteniendo como resultado la identificación de
21 sitios correspondientes a la etapa lítica, además de sitios cerámicos y áreas con
pictografías. Para tal efecto se exploraron especialmente las terrazas altas en
proximidades de ríos, sectores aledaños a la ciénagas, abrigos rocosos, cuevas, mesetas
y valles aptos para la supervivencia de grupos cazadores-pescadores-recolectores . En
estas áreas se ubicaron industrias de chopper y chopping tools no definidas anteriormente
en el país, concentradas especialmente en un sector que incluye el Magdalena Medio hasta
el Huila.
En esta subregión, se ubicaron sitios en inmediaciones de Neiva y en la región
de Villavieja, sobre terrazas pleistocénicas altas. Se registraron estaciones con alta
densidad de elementos líticos, correspondientes a estaciones temporarias abiertas, de
grupos muy densos de cazadores-pescadores-recolectores.
En el sitio denominado el Hotel (en cercanías de Neiva) los elementos líticos
corresponden a desechos de talla o lascas atípicas con bordes de utilización y lascas
concoidales. Esta misma situación se repite en los sitios de La Argentina (cerca a
Neiva), San José I y Pachingo en Villavieja. Sus características son comparables a las
anteriormente registradas para el sitio Hacienda Boulder.
Arnold Tovar en 1980 realiza su trabajo de tesis en el Cañón de Anaime
(municipio de Cajamarca), en un sitio correspondiente a un tambo de vivienda localizado
sobre vertiente. El material cerámico obtenido se clasificó en un sólo tipo, y
corresponde a elementos cerámicos de uso doméstico, que por su decoración guardan
cierta similitud, según el autor, con la cerámica del Período yotoco y de la Fase Sonso
de la Cordillera Occidental. En la misma zona de Anaime ubicó varias tumbas agrupadas, en
cuyo interior encontró restos humanos deshechos por la humedad.
En 1982, el arqueólogo Alvaro Botiva del ICAN, efectuó un trabajo de
Arqueología de Salvamento en cercanías de Neiva, en predios del campamento de HOCOL
(Houston Oil Colombiana S.A.). Se trató en este caso de ocho estructuras funerarias, seis
de las cuales habían sido alteradas casi en su totalidad por maquinaria pesada y por
trabajadores de la empresa.
Las estructuras en cuestión fueron construidas en un estrato correspondiente al
relleno aluvial del río Magdalena, que por sus características permitió dar a estas
tumbas un acabado muy elaborado especialmente sobre las paredes, en las cuales se hicieron
grabados de figuras zoo y antropomorfas estilizadas, así como diseños geométricos
varios. Las tumbas son predominantemente de pozo con cámara lateral de planta rectangular
y poco profundas. |
El trabajo de salvamento se concentró en dos tumbas encontradas
en buen estado, que aportaron valiosos datos sobre las prácticas funerarias de esta
región. En la tumba identificada como No. 3, se hallaron restos óseos muy deteriorados
de ocho individuos adultos, además como ajuar funerario 7 volantes de huso, 2 narigueras
circulares y una lámina de oro. La tumba No. 7 presentó una situación bastante confusa
en donde sólo fue posible delimitar el pozo, puesto que la cámara o bóveda estaba
derrumbada, encontrándose en su interior restos humanos muy deteriorados además de
huesos de pequeños roedores y aves, un volante de huso y algunos fragmentos cerámicos.
En 1984, Arturo Cifuentes practica su trabajo de tesis en inmediaciones del
Espinal en la Vereda Montalvo. El objetivo de este trabajo fue el de rastrear una
tradición alfarera típica del Magdalena Medio sobre las márgenes de los ríos Bogotá,
Coello, Sumapaz y Saldaña, con el fin de determinar posibles poblamientos o avances de
grupos provenientes del Magdalena. El investigador encontró afinidades estilísticas de
una tradición cerámica que puede tener relaciones con la Sabana de Bogotá durante el
período Herrera, además el material obtenido sirvió de base para establecer posibles
relaciones con otros sitios encontrados anteriormente en El Espinal (La Jabonera), Honda,
Guarinó y Quininí.
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- y los Raudales de Honda
Como límite superior del valle se tomó la cota de nivel de los 1.000 m.s.n.m.
En este sector, el río tiene un recorrido de 145 kilómetros, mientras que el valle
presenta una longitud de 105 kilómetros. Girardot, en su extremo sur está a 289
m.s.n.m., en tanto que los raudales de Honda a 220 m.s.n.m. presentan un desnivel de 69
metros.
Se puede concluir que se trata todavía de un valle intercordillerano estrecho,
puesto que a esta altura no sobrepasa los 40 kilómetros de anchura. Presenta, sin
embargo, diferentes características sobre cada una de sus bandas, siendo así que la
izquierda es bastante regular, con una anchura promedio de 20 kilómetros; por su parte,
la margen derecha se estrecha sensiblemente a partir de la desembocadura del río Seco,
presentando numerosas digitaciones y colinas bajas que mueren a menos de 10 kilómetros
del río.
Desembocan al Magdalena los siguientes tributarios sobre la margen izquierda:
Río Coello, Río Totaré, quebradas Agua Blanca, Tantan, La Pena, ríos Lagunilla y
Guamo, Quebrada Seca y río Gualí; sobre la margen derecha, los ríos Bogotá, Seco, Seco
de Palmas y varias quebradas y arroyos menores.
Los suelos son altamente productivos, por tratarse de llanuras aluviales, así
como de abanicos aluviales provenientes especialmente de la Cordillera Central. La
vegetación predominante hasta los 500 m.s.n.m., que representa las 3/4 partes de la
extensión de este sector, corresponde al bosque seco tropical; por encima de los 500
m.s.n.m. y hasta los 1.000 predomina el bosque húmedo premontano.
Investigaciones Arqueológicas
En 1943, G. Reichel-Dolmatoff en su trabajo en esta zona destaca la presencia de
urnas funerarias en los siguientes sitios:
Girardot, en donde reseña urnas de características muy similares a las de
Ricaurte (subregión de las Llanuras del Huila y Tolima).
Guarinó, zona limítrofe entre los territorios Pantágora y Panche, en la que se
han hallado numerosos sitios de enterramiento de urnas funerarias con tapa. El autor
estudió un grupo de nueve urnas y diez tapas, fuera de contexto original. Se trata de
urnas altas, de forma cilíndrica, base redondeada, de cuerpo ovoidal u ovoidal achatado.
Las tapas tienen representaciones zoo o antropomorfas sentadas en un banquito. Comparten
muchos rasgos distintivos con las reseñadas para el río La Miel.
Región de Honda, territorio ocupado por los Panches en el momento de la
conquista, en donde se reportaron urnas en las localidades de Arrancaplumas, Pescaderías
y mesuno. Se trata en estos casos de urnas funerarias de cuerpo subglobular achatado con
cuello corto y boca ancha. Las tapas correspondientes no fueron definidas en su estilo,
por encontrarse tan sólo fragmentos de éstas. Conviene destacar sin embargo que en la
localidad de Arrancaplumas se identificó cerámica fitomorfa en asocio a otras formas y
decoraciones muy variadas, no muy frecuentes en otros sitios.
En 1969, Gilberto Cadavid C., excavó en dos extensos basureros pertenecientes a
zona de habitación cercanas al río Magdalena, en los sitios de Calzón de Oro y San
Germán, al norte del municipio de Honda en área ocupada por el grupo Panche en tiempos
de la conquista. Los basureros en cuestión, a pesar de estar distanciados tres
kilómetros entre sí, presentan un material cerámico y lítico homogéneo, tanto en su
tipología como en su frecuencia. Sobresale dentro de la cerámica la alta proporción de
fragmentos decorados, superior al 25% del total. En sí, este material es muy
característico de esta región y se extiende con rasgos muy similares hasta las regiones
de Antioquia y Santander, sobre el río Magdalena.
En 1976, Marianne Cardale, realizó investigaciones en Pubenza (Tocaima). Para
tal fin efectúa cuatro cortes en lo que parece ser el resto de una tenaza aluvial
erosionada hace mucho tiempo. Encuentra gran cantidad de cerámica de formas muy variadas,
que clasifica dentro de tres tipos diferentes. En el mismo sitio encuentra una industria
lítica en chert trabajada por percusión, así mismo ubica restos óseos de conejos,
aves, iguanas, venados, roedores pequeños y caracoles de dos especies diferentes.
Cerámica muy similar a la de Pubenza se ha ubicado en cerro Coloma (municipio de
Jerusalém), en el sur de la Sabana de Bogotá, Cerro Quininí y en Pasca.
Estilísticamente presenta alguna relación con la cerámica de Arrancaplumas (Honda)y la
del Espinal. El sitio de Pubenza está dentro de la zona ocupada por el grupo cultural
Panche, pero la autora se cuestiona si pertenecía a este grupo, debido a la antigüedad
de las fechas de C-14 obtenidas.
En 1978, Cecilia de Hernández trabajó para su tesis de grado en un asentamiento
Panche, en la localidad de Armero (Tolima). Para tal efecto excava un área de 256 metros
cuadrados, aparte de cortes efectuados en el sitio denominado La Capilla. El material
cultural consistió en numerosa cerámica y líticos en chert, material que es típico de
esta zona del Tolima.
Cecilia de Hernández y Carmen A. de Fulleda en 1982, excavan en un sitio
localizado en la confluencia del río Guaduero con el río Negro, en inmediaciones del
municipio de Guaduero (Cundinamarca). Abrieron tres pozos de sondeo en un basurero que,
según las autoras, correspondería a un taller cerámico de una cultura del período
formativo, que se fue desarrollando a lo largo de los siglos, presentando una densa
acumulación de material, que se definió como muy uniforme en toda su profundidad, y que
permitió distinguir 22 formas cerámicas diferentes.
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