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- La Costa Atlántica
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- Ana María Groot
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- ÍNDICE
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| Guajira-Corredor
Cesar
Esta subregión comprende el valle del río Cesar y sus dilatadas praderas, que
se extienden entre la Sierra Nevada de Santa Marta y la Cordillera Oriental, la Sierra de
Perijá y la Guajira. En esta unidad espacial se encuentran varios conjuntos climáticos
que van desde el semiárido de la alta Guajira al seco de la media Guajira, que se
prolonga en forma de Golfo de sequía en la depresión del Cesar, desde Carraipia hasta el
sur de Valledupar; el semi-húmedo que incluye la faja del valle del Cesar entre la
región seca y las faldas húmedas de los macizos montañosos (Sierra Nevada y Serranía
de Perijá).
Investigaciones Arqueológicas
Correal (1977) puso en evidencia la presencia de grupos líticos en la Guajira,
mediante el hallazgo de estaciones líticas al aire libre en Carrizal, Camuchisain y
Serranía de Cocinas. En inmediaciones del Departamento del Cesar, en predios de la
hacienda "El Espejo", sobre la margen izquierda del río Minas, en el
corregimiento de Media Luna, localizó dos sectores de abrigos de rocas areniscas duras
del cretásico superior, muy propias para la habitación humana. En un corte de
observación en uno de ellos determinó un horizonte cerámico en los estratos iniciales,
y en los estratos más profundos, otro de elementos líticos que aparentemente se
relaciona con la época paleoindígena. Sin embargo, como él mismo lo anota,
"solamente una excavación amplia permitirá definir las características de los
posibles complejos líticos de esta área" (Correal, 1977: 47).
El mismo Correal informa sobre la existencia de petroglifos en Barrancas y en la
Inspección de Policía de San Pedro, y Gerardo Ardila detectó tres cuevas con
pictografías en el curso bajo del arroyo Tres Calabazos (Ardila, 1983: 42).
Para una etapa formativa tardía, son de especial relevancia los trabajos de G. y
A. Reichel-Dolmatoff (1951) en el valle del río Ranchería, a lo largo del cual
encontraron numerosos sitios que forman parte de una secuencia de complejos agrícolas
sedentarios, caracterizados por la presencia de cerámica pintada cuya posición
cronológica estimaron coetánea con Momil (Reichel-Dolmatoff, 1982). Los autores dividen
la ocupación del área en dos mareas culturales, que denominaron primer horizonte pintado
y segundo horizonte pintado de acuerdo con una secuencia comprobada por la
estratificación de los vestigios y corroborada por comparaciones en un sentido
horizontal. El primero y más antiguo está constituido por los períodos Loma, Homo y
Cocos y el segundo, por las fases I y II del Período Portacelli.
En síntesis, tal como lo expresan los esposos Reichel-Dolmatoff : "Los
vestigios observados en la Cuenca del río Ranchería, corresponden a las manifestaciones
de dos culturas aborígenes que sucesivamente ocuparon esta zona en tiempos pasados,
desapareciendo finalmente en una época muy anterior a la Conquista. El estrato cultural
más antiguo lo forma la cultura que hemos designado como períodos Loma y Hornos,
mientras que el estrato siguiente está formado por la cultura del Período Portacelli, la
secuencia de estas dos culturas representa un desarrollo de un complejo cerámico
policromado hacia un complejo bicromado, a través de una fase de experimentación
pictórica y plástica como lo es el Período Horno. No sabemos como se efectuó la
sucesión de estas dos olas, y si fue en forma de conquista o en forma de lenta
penetración. Lo brusco del cambio parece indicar la primera forma; la cultura Portacelli
se superpuso, ocupando casi todos los sitios anteriormente habitados por la cultura
antigua, pero tal vez no los ocupó todos al mismo tiempo, sino en épocas distintas"
(1951: 208). Con sus excavaciones en la vertiente Suroriental de la Sierra Nevada,
lograron constatar la asociación cronológica del período más antiguo del área de la
Sierra Nevada con la fase superior y más reciente del Período Portacelli.
La cantidad y calidad de los vestigios culturales encontrados, indican largos
períodos de ocupación y una población indígena numerosa, distribuida en aldeas
extensas. Al parecer durante las dos ocupaciones, la base de la economía fue la
agricultura; sin embargo, en los períodos Loma y Horno, es notable la ausencia de piedras
y manes de moler, así como la de manes de triturar o de amasar granos. Estos elementos
aparecen en la fase reciente del Período Portacelli y podrían señalar la introducción
o por lo menos la intensificación del cultivo del maíz en esta época
(Reichel-Dolmatoff, 1951).
Las dos culturas agrícoias-aldeanas del Ranchería tienen nexos inmediatos que
se extienden a través de la Guajira y la Serranía de Perijá hacia el Occidente de
Venezuela, y también en dirección Sur, por la Hoya del río Cesar. Hacia el Magdalena
medio, sigue observándose la influencia de estas culturas, aunque con algunas
modificaciones (Reichel-Dolmatoff, 1982).
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De acuerdo con sus investigaciones en el valle del río Cesar en donde
efectuaron excavaciones en los sitios de Villanueva, El Hático y el Porvenir, se puso en
evidencia que la secuencia Loma, Horno, Portacelli, es también válida para el Cesar, y
encontraron además manifestaciones de un nuevo complejo local que designaron como
Período Hático, que tiene una posición cronológica entre el Período Horno y el
Período Portacelli, siendo probablemente contemporáneo a este último, por lo menos en
sus primeros comienzos. Se trata de un complejo de cerámica incisa que, al parecer,
guarda estrechas relaciones tipológicas y cronológicas con las culturas del área del
bajo Magdalena (Laguna de Zapatosa) (Reichel-Dolmatoff, 1951). En el sitio
El Porvenir, además de la influencia procedente del Bajo Magdalena, se determinó que en
la última fase del complejo local hay contacto también con el período Mesa del área de
la Sierra Nevada (Reichel-Dolmatoff, 1951). |
Aunque a grandes rasgos las culturas del río Ranchería y del río Cesar, no se
diferencian de un modo notable, existen variaciones pequeñas pero significativas. Los
antiguos habitantes del río Cesar dejaron restos abundantes de piedras y manos de moler,
así como de grandes platos discoidales para tostar, que indican un sistema agrícola
basado principalmente en el cultivo del maíz. Sin duda el hábitat de la cuenca del río
Cesar ofrecía mayores posibilidades económicas, por la fertilidad de las tierras y la
relativa abundancia de aguas permanentes. Sin embargo, el tamaño de las aldeas parece
haber sido de menor extensión, que las del Ranchería (Reichel-Dolmatoff, 1951).
La cuenca del río Cesar es de gran relevancia, por el hallazgo de varios sitios
de contacto que ponen en relación cuatro áreas vecinas: Ranchería, Cesar, Sierra Nevada
y Bajo Magdalena. Estas evidencias muestran que el alto río Cesar fue una zona de
traslado, en donde se encuentran múltiples influencias en una y otra dirección. La zona
fue en época prehispánica un verdadero cruce de caminos, tal como lo sigue siendo hoy
(Reichel-Dolmatoff, 1951: 288-289).
Se destaca además, en esta zona, otro complejo cultural, dado a conocer
igualmente por G. y A. Reichel-Dolmatoff (1949-1951) y que tentativamente denominaron
Período La Paz, cuya definición se dio a partir de las excavaciones en una
cueva funeraria cerca de la población de La Paz, en la vertiente meridional del
valle del Riecito, en las estribaciones de la Sierra de Perijá. En el estrecho y profundo
zanjón de la cueva, encontraron 120 esqueletos incinerados, acompañados de 33 vasijas
enteras de cerámica. Son característicos de este período la pintura negativa y
recipientes de base circular convexa, hombro angular y curve, pared inclinada hacia el
interior, abriéndose luego hacia la boca donde forma un reborde exterior. La posición
cronológica del Período La Paz, aunque con pruebas muy débiles por comparaciones
tipológicas, parece ser anterior al Período Loma (Reichel-Dolmatoff, 1951). La
definición de este período en un contexto regional más amplio sería de gran
importancia para la arqueología de la zona.
Recientemente, dentro del marco del estudio de impacto ambiental del proyecto
carbonífero de El Cerrejón, se han aportado nuevos datos para el conocimiento
arqueológico de la zona. A. Botiva (1980-1982) llevó a cabo una evaluación de los
sitios que iban a ser afectados por la minería y excavó un conchero post-hispánico en
Punta Media Luna y un montículo Guajiro actual en bahía Portete.
Posteriormente, G. Ardila excavó algunos de los yacimientos existentes en la
Zona Central y en la Zona Norte del Proyecto de El Cerrejón. En la zona Norte estudió el
sitio El Palmar, y en la zona Central los sitios Suán, Patilla y Paredón (1983 1984).
Como resultado de estos estudios se amplió la información sobre las culturas
agrícolas-aldeanas de la zona y se obtuvieron fechas absolutas que situaron
cronológicamente algunas de las fases de los complejos cerámicos del Ranchería,
anteriormente descritos por Reichel-Dolmatoff.
Con estas nuevas evidencias se sabe que en el valle medio del río Ranchería,
los entierros sin ajuar funerario cubiertos con piedras, están situados temporalmente
entre el siglo V a.C. y el siglo I a.C. Por la asociación de un entierro de éstos, una
fecha de radiocarbono y cerámica del período Loma en el corte Patilla III, se presume
que "la ocupación por la gente de Loma del valle del Ranchería se había iniciado
desde el siglo V a.C. y habría durado hasta cerca de la iniciación de la era cristiana,
tiempo durante el cual la experimentación plástica de diseños cristaliza en el dominio
de estas técnicas durante el Período Horno. Parece que la densidad de la población es
relativamente baja comparada con la del período siguiente" (Ardila, 1984:66).
A partir del siglo I d.C. y hasta el siglo VII d.C., aproximadamente, el Período
Horno florece y declina, el valle medio del río Ranchería alcanza la mayor densidad de
población que halla tenido en el pasado, y se extiende su influjo mucho más allá de
estos límites. (Ardila, 1984).
Al finalizar el siglo VII o en los comienzos del siglo IX d.C., se incia el
Período Portacelli, cuyas gentes eran culturalmente diferentes a las del Primer Horizonte
Pintado. Hacia el final del siglo X d.C., se vislumbran en la Fase II de Portacelli,
contactos con áreas diversas como la Sierra Nevada, la Costa y el valle del Magdalena.
Como lo anota Ardila, esta "influencia cultural de múltiples regiones pesa sobre la
gente del Ranchería, que aparentemente se encuentra atravesando una etapa de
inestabilidad cultural que hace que adopte y se desprenda rápidamente de elementos
culturales variados", lo cual conllevó a la disolución de la cultura hacia
principios del siglo XIV d.C. (1984:73).
Recientemente, el mismo investigador adelantó una prospección arqueológica del
área comprendida entre el curso bajo del río Jerez y el curso bajo del río Ranchería,
y desde la costa hasta el pié de monte de la Sierra nevada de Santa Marta, con el fin de
determinar el tipo de yacimientos en el área. La zona la considera relevante, dada su
ubicación entre áreas arqueológicas diferentes (Cuenca de Maracaibo, Valle del río
Ranchería, Vertiente Norte y Este de la Sierra Nevada y tierras bajas del Caribe), lo
cual la convierte en un punto de contacto de varias corrientes culturales en épocas
diferentes.
En el sitio de San Ramón, en el curso bajo del río Ranchería cerca de su
desembocadura, realizó la excavación de un basurero. Del análisis inicial de la
cerámica obtenida en esta excavación y en las colecciones de superficie, llama la
atención la ausencia de materiales pertenecientes a la secuencia Loma Horno y la
presencia en todos los casos de tipos cerámicos asignados a la fase II del Período
Portacelli (Ardilla, 1985).
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| Sierra
Nevada de Santa Marta
Es notorio el contraste que ofrece la Sierra Nevada de Santa Marta en la
configuración superficial de las llanuras del Caribe, ya que es la montaña de litoral
más elevada del mundo. Sus cumbres se alzan bruscamente por todos lados y sus picos
Simón Bolivar y Cristobal Colón presentan una altura de 5.775 mts. y 5.770 mts. sobre el
nivel del mar, respectivamente. Desde su base a nivel del mar, hasta sus cumbres de nieves
perpetuas se encuentra gran diversidad de climas, abundancia de agua y una flora y fauna
muy variada.
Investigaciones Arqueológicas
La mayoría de los estudios arqueológicos se han concentrado en las vertientes
Norte y Occidental, por ser la zona en la cual se ha encontrado profusión de vestigios
culturales pertenecientes a la cultura Tairona, de aldeas extensas con arquitectura
lítica.
Alden J. Mason, en 1922 y 1923, efectuó una exploración de la zona costera y el
pie de monte entre Santa Marta y el Cabo de San Juan de Guia, de la zona de la Cuchilla de
San Lorenzo, del alto río Frío y de algunos sitios aislados, tales como el alto río Don
Diego, el río Macotama y la región de Dibulla; encontró ruinas de antiguas poblaciones
Taironas; definió los rasgos característicos de las mismas y realizó excavaciones en
algunas de ellas. De Pueblito, Gairaca y Nahuange precede la mayor parte de su material
cultural. Destaca la importancia de Gairaca, Nahuange, Guachaquita y Palmarito, ya que a
pesar de que algunas de estas bahías no poseen agua dulce en el verano, abundan las
evidencias de ocupación y los restos de arquitectura, algunos de ellos adecuados para
suplir la falta de agua tales como aljibes, canales y acequias. (Mason, 1931).
Del estudio de estos vestigios y de los elementos de cultura material asociados,
llegó a la consideración de que existen algunas diferenciaciones de acuerdo con la
situación geográfica, pero los rasgos generales son muy similares, conformando un mismo
contexto cultural (Mason, 1939).
Entre los años 1946 y 1950 G. y A. Reichel-Dolmatoff, llevaron a cabo
excavaciones arqueológicas en Pueblito y exploraron las hoyas de los ríos Manzanares,
Córdoba y Sevilla, lo cual les permitió elaborar una hipótesis de trabajo, en la cual
señalaron tres fases de desarrollo que tentativamente denominaron Tairona II, Tairona I y
Subtairona. La Fase Tairona II, comprende culturas protohistóricas a históricas cuya
posición cronológica más tardía fue dada por la presencia de objetos indígenas,
encontrados en asociación con objetos introducidos por los españoles. La Fase Tairona I,
se asocia a manifestaciones culturales que se distinguen tipológicamente de la Fase II
pero que aparentemente la anteceden. No es descrita, sólo se le menciona y se advierte
que ambas fases están estrechamente relacionadas. Como Subtairona, se designa una fase
muy extendida en las faldas meridionales y orientales de la Sierra, que parece representar
formas ancestrales de Tairona I y II y se caracteriza por la formación incipiente de
poblados y comienzos de agricultura sistemática. Esta fase tiene un carácter provisional
ya que su posición cronológica es problemática; bien puede tratarse de un desarrollo
temprano o bien de un desarrollo contemporáneo a Tairona I y II y limitado a dicha zona
(Reichel-Dolmatoff, 1954). Se trata del complejo de "La Mesa", sobre el cual se
tratará más adelante.
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En el año 1961, H. Bischof excavó una planta de habitación y su terraza
correspondiente en el sitio arqueológico de Pueblito. Dado que aún no era claro el
desarrollo de la cultura Tairona ni su cronología interna, él de acuerdo con los
resultados de la excavación propone una nueva hipótesis de trabajo, con dos períodos
cronológicos de desarrollo de la cultura; el más antiguo, denominado
"Nahuange" se remonta a los siglos VI y VII de nuestra era y el más reciente
"Pueblito Tardío" es contemporáneo de la conquista. (Bischof, 1968). El
Período Nahuange, está definido por los hallazgos de Mason en una tumba del sitio 1 de
Nahuange (1931: 32-36) y los de Bischof en el relleno de una terraza en Pueblito (1968:
266-267). La cerámica de dichos sitios es diferente a la que comúnmente se conoce como
Tairona. |
Es una cerámica monocroma gris y con incisiones y cerámica pintada rojo sobre
crema, esta última relacionada con la decoración típica del Período El Horno del río
Ranchería. Bischof determinó la posición cronológica del Período Nahuange, por medio
de la cerámica monocroma, la cual pudo relacionar con material procedente de la
excavación de un corte estratigráfico en el conchal "Mina de Oro" en la
Ciénaga Grande de Santa Marta, fechado entre 500 y 750 años después de Cristo. A su vez
la fecha la relaciona con el material asociado al entierro de Nahuange (sitio 1):
cerámica de tipo Horno rojo sobre crema (atribuida hasta ese momento a tiempo antes de
Jesucristo); objetos ornamentales y ceremoniales de piedra fina, metalurgia desarrollada
de oro y tumbaga y arquitectura lítica. Los elementos mencionados constitutivos de este
Período, exceptuando la cerámica, se encuentran hasta la época que antecede al contacto
español, lo que indicaría una persistencia de la cultura Tairona por más de 1.000
años. El complejo Pueblito Tardío se caracteriza por la cerámica típica Tairona tal
como esta representada en la mayor parte de las colecciones y esta definida su posición
cronológica por los numerosos objetos de hierro de origen español encontrados en
asociación con materiales de los aborígenes (Bischof, 1968:264-267).
Entre 1973 y 1974, Jack Wynn, efectuó un reconocimiento de la zona costera en el
área de la desembocadura del río Buritaca y en las estribaciones bajas de la Sierra
entre los ríos Buritaca y Don Diego, hasta la cota de los 250 metros sobre el nivel del
mar. En la costa llevó a cabo excavaciones en un cementerio y en el pie de monte, cerca a
construcciones líticas en el valle de la quebrada El Estadio, afluente del río Don
Diego. En ambos sitios encontró estratificación cultural y de acuerdo con ella y a la
seriación de los materiales culturales, presenta dos fases de ocupación, la más antigua
de ellas denominada Buritaca con un contenido cultural similar al del Período Nahuange de
Bischof. La fase reciente, Tairona Tardía está representada por los materiales típicos
Tairona. Hay un período intermedio, al cual le asigna un espacio temporal de 200 a 300
años no bien definido, pero que parece relacionarse con la fase tardía (Wynn, 1975).
Entre 1974 y 1975, Carson N. Murdy, hizo el reconocimiento de la
franja costera entre Santa Marta al Occidente y el Cabo de San Juan de Guía al Oriente.
En su estudio describe la ecología del área y los sitios arqueológicos, algunos de los
cuales ya habían sido descritos por Mason, y ofrece una interpretación del uso de esta
zona por los taironas. |
Afirma que poseían un sistema económico basado principalmente en la
recolección de los recursos del mar y el intercambio. La densidad de la población fue
baja y en algunas bahías posiblemente La ocupación no fue permanente sino estacional. No
obstante, la presencia de aljibes y de piedras de moler en áreas sin habitación
permanente, sugiere que la zona tuvo un uso intensivo en determinadas épocas del año.
Los habitantes de la costa intercambiaban sal, pescado y productos del mar por productos
agrícolas, telas de algodón y otros elementos de la gente de la Sierra a través de
mecanismos de redistribución que influía en las relaciones económicas, políticas y
sociales entre estas dos zonas (Murdy, 1975: 139- 140).
Entre los años 1973 y 1976 los arqueólogos G. Cadavid y L.F. Herrera de Turbay,
investigadores del Instituto Colombiano de Antropología, exploraron las vertientes Norte
y Occidental de la Sierra con el fin de localizar las antiguas poblaciones Tairona que
citan los cronistas.
En la prospección reseñaron 211 sitios arqueológicos o aldeas con obras de
infraestructura en piedra y definidas características urbanas, en cuya disposición
espacial se observaron pautas de poblamiento que guardan una relación directa con los
rasgos de los diferentes pisos ecológicos-geográficos en que se hallan. Las ligeras
diferencias que revisten algunos conjuntos de poblaciones en materia constructiva,
corresponden aparentemente a su adaptación a las condiciones del terreno. Sin embargo,
hay que considerar posibles determinantes de las mismas, como son, la antigüedad, por un
lado y, por otro, la función que desempeñaron en la sociedad Tairona. Los remanentes
cerámicos hallados en los varios núcleos urbanos explorados en los distintos niveles
altitudinales son tipológicamente muy similares, aunque se notan variaciones, tanto en la
frecuencia de aparición de algunos tipos Y formas de cerámica como de ciertos objetos
líticos. Esto podría estar indicando desarrollos locales, que hasta el momento no se han
definido (Cadavid y Herrera de Turbay, 1985).
A partir del año 1976, el Instituto Colombiano de Antropología continuó la
investigación arqueológica de la Sierra, dirigiendo su atención hacia una de las zonas
más densamente pobladas, correspondiente al valle alto y medio del río Buritaca, con el
estudio del asentamiento Buritaca 200. Entre 1979 y 1982, el proyecto de investigación
estuvo a cargo de la Fundación Cultura Tairona y en los años subsiguientes, nuevamente a
cargo del Instituto Colombiano de Antropología.
Los estudios efectuados por el Instituto Colombiano de Antropología entre
1976-1979, se centraron en labores de excavación, consolidación y restauración de
Buritaca 200. Paralelamente se exploró la zona adyacente al sitio, registrándose otros
varios yacimientos en la vecindad.
Por el trabajo conjunto realizado en este sitio, se tiene hoy una visión
completa del plano urbano de una población Tairona, se ha reunido un significativo cuerpo
de material cultural asociado a diferentes tipos de estructuras y basureros, y, se han
obtenido varias fechas absolutas de radiocarbono que refieren la ocupación del poblado, a
una época que va del siglo XI después de Cristo hasta la conquista española en el siglo
XVI (Groot, 1985; Cadavid, 1986; Oyuela, 1986).
Entre 1979-1982, los investigadores de la Fundación cultura Tairona, tuvieron
como base inicial de sus trabajos a Buritaca 200 y realizaron una prospección de las
zonas aledañas, con la cual, delimitaron un área de reserva cultural y natural,
localizaron 25 poblaciones y rastrearon algunos de los caminos que las comunican entre
sí. También, abrieron nuevos frentes de trabajo en los sitios de Frontera, Tigres y Alto
de Mira. En Buritaca 200 realizaron estudios sobre la utilización del recurso agua en
términos de la distribución espacial de estructuras y vías de acceso; clasificaron las
estructuras y analizaron su distribución espacial, elaboraron cálculos demográficos,
estudiaron cómo manejar el bosque dentro del perímetro del asentamiento y excavaron
algunas estructuras. En los sitios de Frontera, Tigres y Alto de Mira excavaron y
restauraron algunos caminos y sectores, excavaron zonas muy alteradas por guaquería, e
iniciaron estudios botánicos con la participación, por temporadas, de estudiantes
(Informes varios citados en: Soto, 1982).
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Las excavaciones en Alto de Mira, realizadas por G. Ardila (1986) señalan su
ocupación entre los siglos XIV y XV; y en Frontera, por las excavaciones de P. Cardoso
(1986), se conocen fechas de ocupación entre los siglos XII y XVI. Cardoso hace alusión
a otra fecha, correspondiente al año 660 después de Cristo, asociada con arquitectura
lítica, y material cerámico y lítico clásico Tairona, que por el momento se ha tomado
con cautela, mientras se dispone de mayores elementos de comparación que puedan
corroborarla. |
En el año, 1980, L. F. Herrera de Turbay realizó un estudio comparativo de las
prácticas agrícolas prehispánicas y modernas de los habitantes de la Sierra, con el fin
de precisar la incidencia de cada una de ellas en la transformación ecológica del medio.
Obtuvo muestras para análisis de polen en tres sitios arqueológicos -Buritaca 200, La
Estrella y Las Animas- en la vertiente Norte entre los 350 y los 1.200 metros sobre el
nivel del mar. En la Estrella estableció dos fechas de carbono 14; una de ellas para un
entierro de pozo en el siglo XVI y la otra para una terraza de cultivo, sin asociación de
elementos culturales, en el siglo VIII después de Cristo. En las Animas obtuvo dos fechas
en la excavación de un corte en lo que parecía ser una antigua plataforma de vivienda,
una se refiere al siglo V después de Cristo, asociada a dos fragmentos de cerámica y la
otra al siglo XIV antes de Cristo. Esta última datación se toma con precaución, ya que
no está asociada con elementos culturales (Herrera de Turbay, 1985).
Su estudio concluye con la apreciación de que la agricultura prehispánica en la
Sierra no produjo una degradación del medio ambiente, por lo menos en los microambientes
seleccionados como muestra para el análisis.
En las ensenadas de Nahuange y Cinto, fue realizada una investigación por A.
Oyuela, como opción para la tesis de grado. En estas localidades, referenciadas por otros
autores con anterioridad, se presentaban indicios culturales de una ocupación temprana
del área, lo cual motivó su interés. Efectuó cinco excavaciones estratigráficas con
base en las cuales definió para la franja costera tres períodos: Tairona temprano
costero, Tairona medio costero y Tairona tardío costero. (Oyuela, 1985).
Para el período temprano, obtuvo una fecha de C14 de 430 ± 60 después de
Cristo, que siendo la primera para el literal confirma la hipótesis de un período
temprano, previamente planteado por H. Bischof (1968) y J. Wynn (1975). El período medio
corresponde a una etapa que probablemente se desarrolló entre el siglo IX después de
Cristo y la conquista española en el siglo XVI. Por último, el período tardío se
relaciona con la etapa de Conquista, fundación de capillas y encomiendas (Oyuela, 1985:
18-19).
Recientemente, dentro del marco del Proyecto de preservación y consolidación
del sitio de Pueblito, se han hecho nuevos aportes a la cronología Tairona al referenciar
G. Cadavid, en el corredor adyacente al basamento de una vivienda un entierro secundario
en una vasija semiglobular de cerámica roja, fechado en 1350 ± 90 años d.C. (Cadavid,
1988, comunicación personal).
De la vertiente Suroriental de la Sierra se cuenta con la investigación de los
esposos Reichel-Dolmatoff (1959) en el yacimiento arqueológico de La Mesa, situado a 20
kilómetros al Noreste de la ciudad de Valledupar, en las orillas del río Azúcar Buena.
El complejo arqueológico se caracteriza por la presencia de terrazas de cultivo
delimitadas por muros de piedra, sitios de habitación demarcados por hileras de piedra y
lugares de enterramiento constituidos por acumulaciones de piedras redondas, formando
leves montículos ovalados. Los entierros fueron realizados en urnas (Reichel-Dolmatoff,
1959).
Al comparar este complejo con lo que se ha denominado cultura Tairona, G. y A.
Reichel-Dolmatoff encuentran relación con la alineación de piedras, algunas semejanzas
de formas en las vasijas, las cuentas de collar de cuarcita y las pequeñas ranas de
cobre, y destacan preferencialmente, posibles relaciones con el conjunto estilístico de
las urnas, con sus representaciones antropomorfas y su decoración aplicada (1959: 198).
Elementos culturales relacionados con este complejo tienen una amplia
distribución en la vertiente Meridional y Oriental de la sierra, y han sido divulgados
con anterioridad por varias personas en los lugares que a continuación se citan de
acuerdo con la información sintetizada por Reichel-Dolmatoff: Riohacha (Joseph | | |