| Las identidades étnicas, mutables construcciones
En el terreno movedizo de las identidades colectivas, en sus mutables
construcciones, es difícil encontrar categorías analíticas que permitan ligar las
construcciones circunstanciales y las de largo plazo, las identidades múltiples y la
articulación entre los sujetos locales y las influencias universales. Incluso existen
muchas dudas sobre el valor explicativo de las nociones de identidad. Probablemente, buena
parte de las dificultades conceptuales respecto a la noción de identidad étnica reside
en el enfoque que ve la etnicidad como fenómeno estable, basado en ciertos elementos de
la cultura, o bien como mera respuesta reactiva a condiciones históricas particulares.
"Luchamos,
reiteró a lo largo de su relato Palechor, para que no se extingan las tradiciones y las
costumbres porque eso es lo que quieren el Estado y los mestizos" [1] . Esta expresión podría
interpretarse como un apego a formas culturales en respuesta a la absorción. Pero a qué
costumbres y tradiciones se refiere? Desde cuándo se habla de mantenerlas y quiénes lo
hacen? Al intentar una respuesta, se pone en evidencia la condición contemporánea de las
identidades étnicas, que se mueven en confrontación y diálogo con los estados
nacionales y con una diversidad de actores sociales, nacionales e internacionales. Como lo
muestra la vida política de Palechor, a los activistas indios del presente no les basta
con conocer su comunidad local. Deben tener una imagen del país, de las corrientes
sociales que lo recorren y deben hacerse comprender en un terreno cruzado por movimientos
indios heterogéneos, en contacto mundial.
- El
enfoque reactivo dificulta entender, por ejemplo, como se tejen relatos que son producto
de nuevas situaciones y relaciones, pero los patrones que los organizan son fruto de un
proceso gradual de transformaciones que ha durado varios siglos, como lo muestra Joanne
Rappaport en relación con las narrativas de los paéz [2]
en tres épocas históricas muy diferentes (Rappaport, 1990:179-189).
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-
- A la
luz de la reacción a la asimilación, se vuelve simplista la contradicción del lema
"recuperar y preservar la cultura", muy extendido entre el movimiento indígena
de Colombia, Ecuador y otros países latinoamericanos (al respecto ver Jackson, 1995a y
documentos en: Bonfil (comp.), 1981). Este lema no es sólo una retórica, inspirada por
los activistas no indígenas de hace algunas décadas. Es un programa de acción que las
organizaciones indígenas intentan llevar acabo. Veinticinco años después de la
conformación de las nuevas organizaciones indígenas [3]
, el movimiento indio, regional en sus inicios, tiene presencia nacional y ha vivido
numerosos cambios y fragmentaciones. Pero Tierra y Cultura, la recuperación de la tierra
y la cultura, siguen vigorosos aunque con nuevos significados: "Recuperarlo todo
(...), recuperar y desarrollar también la lengua (...), la cultura toda (..), es un
eslabón más en el proceso emprendido por los guambianos a partir de 1980", dice una
de las recientes publicaciones del cabildo de Guambía [4]
(Vasco, Dagua y Aranda, 1994:3). Cuando ese Cabildo creó en 1982 un comité de
historia con participación de intelectuales no indígenas, se propuso "recuperar la
historia" (comillas en el original). Durante tres años trabajaron para "sacar a
luz la palabra propia y conseguir que los mayores volvieran a hablar" (Vasco, Dagua y
Aranda, ibid). Algunos de sus resultados, sin embargo, se difunden como opúsculos
impresos en español, ilustrados con fotos y dibujos [5]
.
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- Jean
Jackson, al detenerse en la movilización de los tukano de la amazonia colombiana en torno
a preservar la cultura
[6] , muestra las dificultades y
fracasos que han enfrentado en los últimos veinte años para darle contenido a esa idea
(Jackson, 1995b). Un intento ha sido preservar la medicina indígena mediante
"escuelas de shamanes", articulación conflictiva entre modelos pedagógicos
occidentales y actores y conocimientos tradicionales. Sus resultados poco satisfactorios
para los mismos tukano, no llevan a desechar, sino a reanudar la búsqueda (ibid). De que
manera se define la cultura en condiciones de alta politización y con influencias
nacionales e internacionales sobre la sociedad y la organización indígena, pregunta
Jackson (1995a). En qué forma las interacciones con otros agentes sociales (estado,
misioneros, grupos armados, traficantes, movimientos nacionales e internacionales de
derechos indígenas) influyen en la manera como se conceptúa la cultura en la región?
Qué se quiere preservar? Puede la cultura entenderse como objeto fijo perteneciente a
alguien? Son válidas las perspectivas desde la autenticidad de la cultura, inquiere en
forma similar a lo discutido por Kay Warren sobre Guatemala (Jackson, 1995a, Warren,
1991).
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- La
búsqueda de la autenticidad, de la cultura perdida incluso con ayuda de intelectuales, no
es, sin embargo, patrimonio de los movimientos étnicos como se ve en el trabajo de P.
Burke sobre las nociones de pueblo y cultura popular en Europa moderna. Burke arguye que
el nacionalismo europeo de los siglos dieciocho y diecinueve tuvo amplias consecuencias
culturales. El descubrimiento del folclor musical, del arte popular y las costumbres
campesinas por hombres de letras se dio precisamente en un período de intensa
penetración del capitalismo al campo europeo [7] . La
expansión de esas nociones tuvo que ver con cambios mayores en las formas de vida y en la
autoconciencia colectiva. Ese movimiento de autodescubrimiento nacional, continúa Burke,
está lleno de ironías. Mientras algunos hombres de clase media trataban de persuadir a
la gente del común para modernizarse, otros de permanecer fieles a la tradición. En ese proceso, surgieron en Europa Central y del
Este "identidades de resistencia" (comillas en el original), similares a las de
América Latina por esa misma época. En Europa una de las más importantes ideologías de
resistencia fue la noción de pueblo, entendida como opuesta a la clase gobernante. En el
curso de resistir lo que vieron como intentos de las clases privilegiadas de quitarles su
cultura, se hizo conciencia entre las gentes de que la llamada cultura popular era su
cultura. Pero la identidad, es algo más que resistencia. Burke concluye que es mejor usar
el término en plural, pues la identidad popular no excluye otras de nación o región y
se puede argüir que son "múltiples y fluidas o "negociables" y el mismo
individuo o grupo puede privilegiar una identidad sobre otras, de acuerdo con el
momento" (Burke, en: Lash y Friedman (comp.), 1991:297-305).
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- Por
ello es conveniente entender la identidad étnica como un "collage de significaciones
conflictivas" (Warren, cit.), con discontinuidades y diferenciación interna. Esto
permite dar cuenta de la identidad como proceso individual y colectivo, específico en sus
construcciones, pero limitado en el tiempo y relativamente precario en su articulación
interna. Si se le resta importancia a la etnicidad como oposición reactiva a la
absorción y se la enfatiza como proceso, tienen cabida las formas de negociación de los
cambios culturales, la apropiación diferencial por el grupo social y la revitalización y
la reinterpretación de determinadas tradiciones culturales (Warren, cit. y ver
discusiones en: Chapman et al. (comp.), 1989; Lash y Friedman (comp.) e Introducción,
1992; Bonfil (comp.), 1993).
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- La
delimitación cuidadosa del espacio y la defensa contra la intrusión de terceros es, como
anota Z. Mach, una característica que el hombre comparte con los animales; pero para los
humanos la tierra no sólo es el dominio exclusivo de un grupo, sino que es sujeto de la
organización cultural y se convierte en modelo simbólico del mundo y por ello las
sociedades humanas tienen relaciones tanto físicas como conceptuales entre ellas y su
territorio (Mach, cit:172).
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- La
emergencia de movimientos y nuevas organizaciones indígenas en Colombia, desde 1970, ha
traído la de nuevas identidades étnicas en cuya construcción el reclamo territorial ha
sido central. A lo largo del proceso de movilizaciones, fortalecimiento organizativo y
construcción de argumentaciones, nociones y discursos de autoafirmación, los reclamos
territoriales se convirtieron en símbolo de la identidad y de la lucha indígena
nacional, por encima de la diversidad de grupos y situaciones (ver Gros, 1991 y 1994;
Jimeno, 1993). Los reclamos territoriales obraron como vehículos de conexión entre la
particularidad de reivindicaciones locales y la política nacional de reivindicación
étnica. Mediante esa política, los reclamos indígenas rebasaron las autoridades
regionales para interpelar a las autoridades nacionales, la legislación estatal y la
arena internacional (los movimientos indios del mundo, las organizaciones no
gubernamentales, los foros y organismos internacionales). Los movimientos indígenas
colombianos se fortalecieron en la medida en que ampliaron sus interlocutores y su propio
discurso reivindicativo. Lo llevaron incluso hasta las reformas constitucionales de 1991,
es decir, lo convirtieron en un tema de debate sobre la sociedad colombiana y el lugar en
ella de las minorías culturales [8] (ver
respecto a minorías étnicas y constituyente, Jimeno, 1990-91; Gros, 1993; Triana, en
Sanchez (comp.), 1992; ONIC, 1990; Autoridades Indígenas, 1990; Coordinadora Nacional de
las Comunidades Negras, 1990).
[1] Denominación
local para designar a los no indígenas, que subraya la mezcla racial de estos.
- [2] Grupo de habla
chibcha que habita en el Cauca, en una región próxima a la de Guachicono (Macizo
Colombiano). Es el grupo indígena más numeroso del país. Se estima su población total
en cien mil habitantes (Ver Bernal, 1956; Rappaport, 1990; Henman, 1981; Jimeno y Triana,
1985).
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- [3] Los siete puntos
programáticos con los cuales se fundó el CRIC en 1971, destacan la defensa de la tierra
y de "nuestra" historia, lengua y costumbres. Ver documentos como las Cartillas
del CRIC entre 1973 y 1979 y el periódico "Unidad Indígena" y también
Cinep-CRIC, "CRIC. 10 años de Lucha", Revista Controversia, N.91-92,
Bogota, 1981.
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- [4] . Guambía
colinda con el territorio de los páez, en el Cauca. Cuenta con unos 9.000 habitantes y
tiene diferencias lingüísticas y de otros elementos culturales con sus vecinos páez.
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- [5] Una
cartilla trata sobre la importancia mítica y cotidiana de conservar las tierras frías
altas (páramos) (Vasco, Dagua y Aranda, cit.) y otra sobre las evidencias arqueológicas
de la ocupación milenaria del territorio guambiano (cartilla "Manasrik wan wetotraik
kon", Trochez, Camayo y Urdaneta, 1992).
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- [6] Pertenecen
al Consejo Regional Indígena del Vaupés CRIVA.
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- [7] Para
Burke (cit.), existen vínculos claros entre la publicación de famosas colecciones de
canciones populares y la mobilización y constitución de las identidades nacionales, por
ejemplo, en Prusia, Serbia, Finlandia, o aún sobre las canciones populares relacionadas
con movimientos "regionalistas" (comillas en el original) como en Bretaña o
Cataluña.
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- [8] Ademas
de los indígenas, participaron, con menor presencia, las comunidades negras nativas de la
isla de San Andres, llamados los "raizales", y los movimientos incipientes de
negritudes. Si bien la participación de organizaciones de comunidades negras en la
discusión previa a la constituyente fue limitada, obtuvieron en la nueva constitución un
artículo específico (art.55 transitorio). En torno a su reglamentación se avivo un
proceso de afirmación étnica negra, con la creación de organizaciones regionales y el
planteamiento de una afrocolombianidad. La expedición de la Ley de Comunidades Negras
(Ley 70 de 1993), lo ha alimentado aun más (ver al respecto, Ulloa (ed.), 1993; Instituto
Colombiano de Antropología y otros (comp.), 1994; Gros, 1994).
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