Ficha bibliográfica
Titulo:
Juan Gregorio Palechor: Tierra, identidad y recreación étnica
Edición original: Bogotá, [s. n.], 1991.
Autor:
Jimeno Myriam
 
 

JUAN GREGORIO PALECHOR:
TIERRA, IDENTIDAD Y RECREACION ETNICA

Myriam Jimeno
Profesora Asociada
Departamento de Antropología
Centro de Estudios Sociales
Universidad Nacional de Colombia

Introducción   

"Los yanaconas, nosotros, nos reivindicamos como indígenas porque a pesar de perder la lengua, todavía tenemos el cobijo indígena: nos gobierna el cabildo y estamos en resguardo, bajo la ley de 1889. A pesar de haber perdido costumbres pensamos que si no nos organizamos nos extinguen. Pero queremos sobrevivir, estamos honrosos de sentirnos indígenas todavía. Somos de propia raza, nos consideramos de sangre totalmente indígena" [1] . Estas palabras del desaparecido dirigente indígena del sur de Colombia, Juan Gregorio Palechor" [2] , permiten introducir el argumento central de este artículo. La identidad étnica, en forma similar a otras identidades colectivas, es ante todo un proceso dinámico de reajuste, selección y reinterpretación de los atributos de pertenencia y diferenciación frente a otros. No reside principalmente en factores objetivos como la lengua o ciertas costumbres, e incluso sirven para fortalecerla elementos provenientes de distintas tradiciones culturales y de momentos históricos muy variados. Compartir la "sangre indígena" es un valor que en forma similar a como lo anota Roberto Motta para la idea de nacionalidad y regionalidad en Brasil, puede definirse de manera subjetiva, en términos de la misma comunidad que participa de un sentimiento de solidaridad histórica (Motta, 1995). Este sentimiento es cambiante según las condiciones sociales que enfrenta el grupo social.

Existe una polémica larga entre quienes resaltan factores objetivos para definir la etnicidad (por ejemplo, compartir patrones normativos o el tipo de interacciones dentro y fuera del grupo) y quienes dan relieve a los factores subjetivos, a la autoconciencia (ver Cohen, 1974, Barth, 1976 y para una discusión Chapman et al. (comp.), 1989 y Mach, 1993, entre otros). En este artículo se resalta la autopercepcion del grupo y su carácter dinámico y relacional, que permite plantear la etnicidad como "el resultado de la interacción entre grupos y no como el producto de una tendencia al aislamiento" (Mach, cit,:214-215), ni de un nativismo que anhela revivir el pasado.

En el proceso de reinvención dinámica de identidad colectiva, ciertos elementos de la cultura son tomados como emblemas y como símbolos para oponer resistencia, reafirmar peculiaridades, unificar y movilizar al grupo. Estos se convierten en símbolos de acciones políticas de reafirmación y como tales trascienden el sentido de las reivindaciones específicas. Los reclamos sobre un territorio sustentado en la pretensión de ocupaciones ancestrales, son uno de los elementos más comunes en los movimientos de minorias étnicas en muy variadas circunstancias históricas (ver Mach, 1993). Obtener el reconocimiento de límites espaciales y de dominios propios por parte de la mayoría gobernante, es un medio para resolver problemas de protección y supervivencia de las minorías y para fortalecer sus prácticas culturales (Waldman, en: Jimeno (comp.), 1993). Pero, ante todo, el reconocimiento territorial sirve de sustento a un elemento fundamental para que el grupo étnico como tal exista: la creación de fronteras simbólicas que pueden o no coincidir con los límites físicos que separan un grupo de otro y que apuntan a maximizar la peculiaridad, las diferencias culturales (Mach, 1993:211-216).

La vida de Palechor, cuyo relato se usa aquí para ilustrar un proceso, sirve de metáfora para el tema de las transformaciones de la identidad étnica y el juego entre identidad individual e identidad colectiva.

[1] El resguardo es un territorio asignado como propiedad conjunta de un determinado grupo indígena. Fue establecido inicialmente por leyes coloniales. Leyes posteriores retomaron esta figura de asignación territorial e incluso en las dos décadas pasadas se la adoptó como la forma general de titular las tierras indígenas.  

La ley 89 de 1889 declaró a los resguardos indígenas como terrenos que no se pueden vender, embargar por deudas, ni expropiar. Esta ley también asignó funciones a los consejos indígenas de origen colonial llamados cabildos de indios, en la administración del resguardo y para la representación frente a la sociedad colombiana. Esa ley se convirtió con el tiempo en un reconocimiento de derechos especiales particulares de las poblaciónes indígenas.  

[2] Juan Gregorio Palechor (1923-1992) nació en la comunidad india de Guachicono, ubicada en la cordillera andina, en el suroccidente colombiano, Departamento del Cauca. Los habitantes de esa región se denominan a sí mismos, en los últimos años, como yanaconas. Esta denominación no corresponde de manera estricta a un grupo étnico prehispánico y más bien a la conformación de una identidad postconquista sobre la base de poblaciones de origen quechua, algunos utilizados como cargueros por los españoles, otros incluso anteriores a la conquista. Otros fueron remanentes de los grupos prehispánicos de la región y de desplazados forzosos de regiones cercanas para trabajar en las minas de oro durante los siglos XVI y XVII (Ver Friede, 1944; Romoli, 1962;  Faust, 1990a; Zambrano, 1993 a y b). La mayor parte de la población del Macizo recibió títulos sobre tierras comunitarias como resguardos.  

 

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