Esta cita nos entrega datos preciosos. En primer lugar, la comparación que hace de las flautas que suenan de dos en dos en suave consonancia. Esta apreciación es muy importante pues bien parece que quisiera comparar los sonidos como si salieran en terceras o sextas o intervalos agradables. No hace ningún comentario negativo. Algo que sería muy controvertible es la dimensión de las flautas "de más de dos varas de largo", lo que coincide con las "flautas" que aún se utilizan por los indígenas de ciertas regiones del Amazonas, tema tratado en otro lugar. El P. Gumilla finaliza este capítulo así: "Entónces entran los muchachos, y tomando las flautas, sonajas y quanto hay, meten mas bulla que los adultos, remedando las danzas y los enredos, que han visto executar".
Ya en el capítulo XI vuelve a aparecer la relación de las flautas: "cada sirviente va acompañado de dos flauteros, con las flautas largas, que dixe equivalen á dos violines. Los que tienen algún juicio, bailan al son de otras flautas del mismo tenor".
Lo anterior confirma que el "conjunto instrumental", se componía de dos flautas que sonaban a dúo, que eran acompañadas de sonajas, de timbaletes y que era base para sus bailes. Lo lamentable de esta descripción es la falta de detalles técnicos, por ejemplo, si esas "flautas" eran realmente flautas o más bien instrumentos de caña doble al estilo de los oboes o de caña simple al estilo de los clarinetes, o si tenían cápsulas insertas dentro de los tubos largos,
En la preciosa lámina de la página 161 de la edición facsimilar se pintan varios instrumentos. En primer lugar me refiero a la especie de pandereta que quizá corresponde a lo que el llama timbalete. Son especies de panderos o panderetas que muy bien podrían catalogarse como instrumentos españoles o de origen no indígena. Sin embargo el P. Gumilla no nos dice nada sobre dicho instrumento que por proporción, forma total, inclusive la proporción de las láminas metálicas, el aro y lo que podría ser el cuero o badana para percutir, no deja duda de que fuera la pandereta. Además, quienes tocan y bailan están desnudos de la cintura para arriba, mujeres y hombres, danzan en coro al estilo griego... con guirnaldas, cogidos de la mano, con brazaletes que si corresponden a las sonajas y a sus lados los otros músicos. Sí dicha lámina pintara un ambiente de lo que en Europa se llamó "fetes galantes" algo que precisamente para esa misma época inventaba o creaba Antoine Watteau, ninguno lo pondría en discusión. la lamina llevaba como título: Baile de los Indios Mapuyes.
Las sorpresas en las narraciones del P. Gumílla no acaban. Veamos ahora algo relacionado con el canto:
"Después de todo lo dicho, se sigue baylar hasta media noche, sin flautas, ni sonajas, ni cosa alguna desas; porque formado el primer círculo de hombres, cogidas las manos unos con otros, se sigue á las espaldas el segundo círculo, formado de solas mujeres, asidas sus manos unas con otras: después se sigue el tercer círculo de la chusma menuda, que coge en medio á los otros dos. Hecho esto, entona el Maestro un tono (y fue cosa para mí muy rara, ver que ninguno de los muchos tonos que varían, sale de los términos del más ajustado compás, así en el juego de las voces, como en los golpes de los pies contra el suelo) responden todos al éco del Director; y como en la rueda primera de hombres hay tenóres y baxos escogidos, en la rueda de las mujeres, contra-altos con abundancia, yen la de los chicos hay tiples á montones, resulta una música digna de oírse, especialmente á distancia proporcionada; prosiguen mudando tonos, hasta que rendidos, se van á dormir. Estas danzas se llaman en su lengua CAMO: y visto el genio de la gente, cantora de suyo, entablamos la doctrina cantada, al tono que usamos en España en las Procesiones de Doctrina; con tanta felicidad, que al dar solo un grito, diciendo: CAMO, al punto teníamos la gente pronta á cantar la San Doctrina por la mañana, y antes de su baile á la tarde; tanto como esto importa acomodarse al genio de la Nación".
La cita anterior es de mucha importancia pues es quizá la única que revela que los indígenas cantaran polifonía o a varias voces simultáneas. Nos habla de tiples, contraltos, tenores y bajos y se refiere a esta música de la manera más elogiosa. Gente cantora de suyo, nos dice y agrega "y fue para mí cosa muy rara, que ninguno de los muchos tonos que varían sale de los términos del más ajustado compás, así en el juego de las voces como en los golpes de los piés contra el suelo" . Ademas tenian director y nombre para la forma musical: Camo. Es importante cuando el P. Gumilla dice: "y visto el genio de la gente, cantora de suyo, entablamos la doctrina cantada, al tono que usamos en España" es decir que la manera de cantar de aquellos indígenas era diferente al tono español. Considero que esta relación es excepcional pues se trata de colonizar, lo cual para los misioneros era encontrar, buscar y hacer cambiar la doctrina. Por consiguiente encontramos claramente en el relato que se trata de música polifónica, cantada, que los misioneros adaptan para cantar al modo español. Son muy pocas las narraciones de aquella época que nos detallen estos estados musicales y con la excepción de las flautas triples y cuádruples de los Mayas no hay rastros de que los precolombinos tocaran o cantaran polifonías. Raro ejemplo el que relata el Padre Gumilla. Pero algo también excepcional y que tiene sus dibujos es el relato de los instrumentos:
"Luego resonó repentinamente una inaudita multitud de instrumentos fúnebres, que jamás habíamos visto ni oído; inventiva diabólica, muy propia para melancolizar los ánimos: todos, según sus clases, sonaban de dos en dos. U primera clase de ellos era una cañones de barro de una vara de largo, tres barrigas huecas en medio, la boca para impeler el aire angosta, y la parte inferior de buen ancho: el sonido que forman es demasiado oscuro, profundo y uno como baxón infernal; la segunda clase de instrumentos, también de barro, es de la misma hechura; pero con dos barrigas, y mayores los huecos de las concavidades intermedias: su éco mucho mas baxo y nocturno, y á la verdad horroroso; la tercera clase resulta de unos cañutos largos, cuyas extremidades meten en una tinaja vacía de especial hechura: y ya no hallo voces con que explicar la horrorosa lobreguéz y funesto murmullo, que del soplo de las flautas resulta, y sale de aquellas tinajas. ¿Y quién dirá la melancólica vehetría que salía de todo este conjunto de funestas voces? lo peor era que sonaban juntos, e incesantemente muchos en la casa del túmulo, y otros tantos en la casa del duelo. Al mismo tiempo salieron varias danzas, emplumados los danzantes á todo costo, como diximos de los GUAYQUIRIES; cada tropa de danzantes llevaba su tren de las flautas fúnebres referidas: unos danzantes pasaban con mucha gravedad y reposo, con bastones muy pintados en las manos, siguiendo el compás de la música, no solo con los piés sino también con los golpes que daban los bastones en el suelo. Otra danza pasaba con ligereza y aceleradamente, haciendo todos á un tiempo y al compás de la música cortesías con todo el cuerpo, y á un lado, ya al otro: cada uno de los de esta danza tocaba con una mano un pífano, acompañando con él los golpes de los piés y de los bastones". Más adelante continúa: "Estos músicos pasaban en tono de danzantes; porque con la cabeza, piés y con todo el cuerpo iban haciendo extraordinarias cortesías y ceremonias; este conjunto de cosas formó un espectáculo digno de verse en cualquiera Corte de la Europa: esto, es fuera de las libreas, que hombres y mujeres se habían ya puesto, á toda costa de muchos colores, unturas y plumas".
Relata después el gran estruendo nocturno que los pone en alerta y que resulta ser otra danza espectacular.
"De noventa Indios se componía el círculo de aquella danza: treinta tocaban pífanos; treinta tocaban trompetas diabólicas, causa única de aquel estruendo; y otros treinta ayudaban á cargar las tales trompetas, las cuales tenían un palo largo atado á cada lado, que de la boca de la trompeta para afuera salían y recaían sobre los hombres de un Indio, teniéndola el que soplaba con ambas manos aplicada á la boca; de modo, que la trompeta á mi ver, de mayor á menor, tenia dos varas de largo: su boca como la de un clarín; u el remate era una boca, que apenas se podría tapar con un buen plato. La materia de la trompeta era de una cáscara que llaman
MAJAGUA, que se deja gobernar corno papel; y cuando está fresca, es pegajosa como cola; con lo cual fabrican á todo su gusto dichas trompetas, y mayores, si les da gana. Véase su figura, y la de los otros instrumentos, al principio de este capítulo, en fin, ellas son tales, que son menester dos hombres para poder visar de ellas: los treinta pífanos, desde cerca realzan y dicen bien con las trompetas; pero desde lejos no se oye sino la tempestad fe de sus voces".
Es tan completa la relación que hace el ilustre narrador que no habría necesidad de agregar nada más aparte de sus dibujos que complementan tan extraordinarios hechos musicales. Sin embargo, reiteremos que las trompetas largas de dos varas y más, hechas de fibra aún se utilizan en distintas regiones selváticas y que técnicamente se trata de clarinetes. El mismo P. Gumilla nos aclara este punto en la siguiente relación:
"Convidaban para el anochecer á toda la parentela y a los amigos: los varones todos iban con sus baxones de singular hechura, pero de voces muy consonantes y parecidas á las de los baxones, tenores y contra-altos: la hechura es muy fácil; porque rotos por adentro todos los nudos de una caña de dos varas de largo, ménos el último, en éste forman una lengüeta sutil de una astilla del mismo cañuto, sin arrancarla de su lugar, y tan adelgazada la astilla, que da fácil salida al aire, cuando soplan por la parte superior; y de tal lengüeta proviene el sonido; pero el tono de él depende de lo mayor 6 menor del calabazo, que encajan en el último cañuto por dos agujeros que le hacen por medio, que calafatean y tapan con cera; solo donde estaba el pezón del calabazo, dejan un respiradero, para que salga el aire impelido ...".
Quedan las anteriores citas como esencia sobre las tradiciones de los indígenas que demuestran el estado musical de aquellas tribus y de sus antepasados.