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Es preciso recordar que en los mitos de la formación del mundo y "de la restauración de los seres humanos" el Dios Quetzalcóatl al hacer su penitencia para que aparecieran los hombres, sangrándose su miembro sobre el polvo de los huesos de los muertos "mereció" su existencia y por esto se llamaron los hombres macehuales, que quiere decir "los merecidos por la penitencia".

Estas relaciones que implican posteriormente un comportamiento del ser humano frente a sus dioses, comportamiento de sacrificio pues el propio Dios se había sacrificado por ellos, tuvo también conexión con los caracoles que aparecen como único instrumento en esos mitos primordiales.

"Y luego fue Quetzalcóatl al Mictlan, se acercó a Mictlantecuhtli y a Mictlancíuatl y en seguida les dijo: "Vengo en busca de los huesos preciosos que tu guardas, vengo a tomarlos". 

Y le dijo Mictlantecuhtli: 

-"Qué harás con ellos, Quetzalcóatl?" Y una vez más dijo (Quetzalcóatl):

 -'Los dioses se preocupan porque alguien viva en la tierra". 

Y respondió Mictlantecuhtli:

 -"Esta bien, has sonar mi caracol y da vueltas cuatro veces alrededor de mi círculo precioso".

Pero su caracol no tiene agujeros; llama entonces (Quetzalcóatl) a los gusanos; éstos le hicieron los agujeros y luego entran allí los abejones y las abejas y lo hace sonar. 

Al oírlo Mictlantecuhtli, dice de nuevo:

 -"Esta bien, toma los huesos".

Esta narración tomada del libro Los Antiguos Mexicanos de Miguel León-Portilla, (Pág. 20) nos hace ver cómo el caracol es el que hace autorizar con su sonido la entrega de los huesos que el dios Quetzalcóatl posteriormente . . . "los molió y los puso después en un barreño precioso. Quetzalcóatl sobre él se sangró su miembro. Y en seguida hicieron penitencia los dioses que se han nombrado:

Apantecuhtli, Huictlolinqui, Tepanquizqui, Tlallamánac Tzontémoc y el sexto de ellos Quetzalcóatl. Y dijeron: 

-"Han nacido, oh dioses, los MACEHUALES (los merecidos por la penitencia). 

Porque, por nosotros hicieron penitencia (los dioses)".

(León-Portilla cita a los "Anales de Cuantitlán, varios folios de 1558)

Hay que agregar que ya en su mitología aparecía un dios de los Caracoles. Leamos la relación que hace Miguel León-Portilla en su libro 'Los Antiguos Mexicanos".

"Los textos indígenas del mundo náhuatl del siglo XVI (aztecas, texcocanos, tlaxcaltecas, etc.) dan su propia versión acerca de la fundación de Teotihuacán. Relacionando a la ciudad de los dioses con el mito de las edades o soles, afirmaban que en ella había tenido lugar en tiempos remotos la creación del quinto Sol, y de la Luna, que alumbran a la humanidad en la edad presente:

Cuando aún era de noche, cuando aún no había día, cuando aún no había luz, se reunieron, se convocaron los dioses allá en Teotihuacán. Dijeron, hablaron entre sí: ¡Venid acá, oh dioses! ¿Quién tomará sobre sí, quién se hará cargo de que haya días, de que haya luz?"

Dos fueron los dioses que se ofrecieron. El primero fue el arrogante Tecuciztécatl, "Señor de los caracoles"; el segundo fue el modesto Nanahuatzin, cuyo nombre significa "el purulento o bubosillo". ambos se prepararon haciendo penitencia, para acometer la empresa de arrojarse a una hoguera y salir le ella transformados en el Sol"

Más tarde el "señor de los caracoles" Tecucizécatl se arrojó a la hoguera pero habiéndolo hecho en forma tardía, su destino iba a ser convertirse únicamente en la luna.

Es pues el caracol el instrumento sagrado de los dioses, de la Luna y de ahí que precisamente en Teotihuacán aparezcan en formas tan hermosas y como verdaderas obras de arte.

Teotihuacán. Las tres fotografías representan los más importantes. En la primera aparece el jaguar, hermosamente dibujado, con su melena al viento, sus garras desgreñadas, con sus colmillos afilados por entre los cuales se siente el jadear que sopla el caracol divino. Es un caracol con las vírgulas del sonido, las plumas de la vistosidad real, los adornos de lo sobrenatural.


Caracol con adornos marinos. 22 cms. Teotihuacán. Museo Nal. de Antropología. México.

Como si se opusiera al caracol del jaguar, aparece en la segunda fotografía otro estilo de caracol que resume simplicidad, síntesis de dibujo. Es como un caracol moderno, escultura, clásico por su sobriedad.

Y para contrastar, la anterior fotografía nos muestra otro estilo de caracol. Ahora es la exuberancia, el barroquismo con el juego y contraste de las formas o, si se prefiere, el barroquismo moderno que implica la abundancia pero no exactamente el juego de formas sino el excesivo e intencional arrume de objetos. Es un "Collage" vertical, lleno de toda clase de símbolos marinos; estrellas, conchas, algas, etc. En este caso el caracol se asemeja más a un corazón latiente, caracol inflado.

En estos tres anteriores ejemplos encontramos tres estilos que resumirían el pensar estético del occidente: lo gótico o medieval, lo renacentista o clásico y lo rococó. Es prodigiosa la imaginación de los artistas precolombinos en torno al caracol que realmente debió constituir la esencia de los mágico y de lo religioso.


Cultura Totonaca. Cerámica. Mujer tocando caracol. Altura 28 cms. Colección Staven Hagen México.

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