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DOMINGO BIOHO: SU TRAYECTO ENTRE
HOMBRE Y HÉROE
Bioho, una región de Guinea-Bissau en África Occidental de la
que hacen parte las islas Bijago o Bissago y de donde se extrajeron
esclavos durante la trata de negros (Curtin, 1969: 113), debió de
ser el sitio de captura o la tierra nativa del líder rebelde que en
América se conoció con el nombre de Domingo. Y Domingo debió
llamarse uno de los mercaderes portugueses que como otros tenía
hasta 1595 una licencia y después. asientos o convenios concedidos
por la corona española para conseguir gentes del África como
esclavos para América. En ocasiones, los portugueses bautizaban a
los esclavos antes de que ellos fueran embarcados (Rodney, 1970:
106) y esta manera de identificarlos, que a la vez borró los
apelativos familiares africanos, ha permitido localizar algunas
veces la procedencia de los esclavos. Con todo, señalar con
precisión los orígenes de los esclavos llegados a la Nueva Granada
apoyándose en sus apelativos, sigue siendo cuestión hipotética
(Colmenares, 1978: 12).
En el caso de los palenques del litoral Caribe de Colombia, el
nombre de Bioho, procedente de Guinea, se convirtió en símbolo de
rebeldía de los negros que fieramente rechazaban la esclavitud.
Sus movimientos guerrilleros, señalados como palenques, a la vez
fueron parte del fenómeno que en la época de la colonia se dio de
manera similar en otros lugares de América.
La historia de la trata de negros africanos es conmovedora.
Inicialmente ejercida de 1510 a 1595 por los españoles, de 1595 a
16401a continuaron los portugueses. De 1.685 a 1678 los asientos se
dieron a los holandeses. Un asiento era un convenio entre la corona
española y particulares o compañías a través de las cuales se
arrendaba a estos últimos la explotación comercial de una zona de
África con carácter de monopolio, para el suministro de artículos:
frutos, hombres, avíos. De 1689 a 1693 el período de explotación
fue de ingleses y portugueses y entre 1702 y 1750 se realizó el
intercambio con compañías de Francia e Inglaterra en una
competencia de comercio de materias primas, hombres y el predominio
de los mares.
El tamaño de las naves para el transporte de esclavos era
pequeño. Rodney (1970) cita datos que indican cómo se sobrecargaban
los navíos con más individuos de los autorizados en Sevilla, a la
vez que la aduana en Cartagena negaba su complicidad en el recibo
de esclavos por encima del número autorizado en las licencias.
Quienes llegaban procedían de lugares de África cuya experiencia
cultural era variada y muchos tenían alto grado de desarrollo.
Dominaban el manejo del bronce, del oro y del hierro, así como el
arte de los tejidos y de la escultura; habían tenido la tradición
de la minería, de la ganadería vacuna y sus experiencias en
organización social, política y religiosa habían sido vividas en
ambientes complejos y muchos de ellos refinados.
Los mecanismos de consecución de africanos para la trata han
sido objeto de amplia discusión y estudio. Baste mencionar
nuevamente a Rodney (1970: 100). Entraban a la trata como
prisioneros de guerra o cuando eran considerados criminales por los
jefes africanos y los sometían a venta como forma de castigo;
algunos eran individuos que se vendían a ellos mismos o que eran
vendidos por sus familias, especialmente en tiempo de hambruna.
Otros hacían parte de los raptados por esclavistas europeos, pero
más a menudo por grupos nativos cazadores de hombres que luego
entregaban su botín a los europeos. Podían también ser individuos
que, siendo esclavos en África misma, eran vendidos por sus amos.
Pero aquí vale la pena mencionar cómo ser esclavo en África nunca
fue lo mismo que ser convertido en esclavo africano para el tráfico
europeo. Un miembro de una tribu africana, muchas veces se vendía
como esclavo a otro grupo para solucionar un problema de su
familia, y posiblemente al término de su contrato regresaba a su
tribu, o bien se tornaba esclavo como castigo por alguna fechoría.
Pero cumplía su castigo y muchas veces llegaba a ser parte de la
familia esclavista a través de su matrimonio con alguna de las
mujeres integrantes de ella. En la historia de la trata lo
dramático es la utilización que los europeos y más tarde las
alianzas entre europeos y las familias de jefes africanos hicieron
de las tradiciones africanas de esclavitud. La esclavitud adquirió
un significado distinto y se dinamizó en un tráfico
intercontinental que convirtió a los hombres en mercancía sujeta a
trueque y negociación.
En todo este escenario del tráfico hay un personaje
intermediario que desempeñó papel importante. Es el lançado de la
Costa de Guinea y el
pombeiro de Angola. Ambos europeos,
comerciantes asentados en África, hicieron factible para los barcos
de Europa la consecución de esclavos y otras mercancías para
exportación como oro, marfil, cera de abejas, madera roja, índigo,
algodón, resinas. Eran los intermediarios que establecían arreglos
con los jefes de tribus y con las pandillas de raptores de
esclavos, y a la vez suministraban a los africanos las mercancías
que les interesaban. Generalmente se trataba de cuentas de vidrio,
de preferencia amarillas y verdes, fabricadas en Venecia, así como
otras cuentas traídas desde la India, telas, cuchillos, barras de
hierro europeas, armas de fuego, espadas, pólvora y bebidas
alcohólicas.
Bioho debió de ser un prisionero que, arrastrado en mal momento
por una de esas pandillas nativas, fue vendido a los portugueses.
Grande, color azulado, de porte imponente, como cualquiera de los
bijagos, reputados como guerreros atrevidos, magníficos nadadores,
excelentes navegantes y aptos para encabezar rebeliones
esclavistas. Solamente la voracidad comercial de los
lançados de Guinea que se escurrían por entre los
estuarios y bahías en busca de esclavos, cueros, colorantes o telas
de rafia, pudo estimular la captura de bijagos.
Los bijagos alistaban sus
almadias, que eran grandes
canoas de ceiba construidas por ellos mismos, que remaban ágilmente
entre veinticuatro hombres deslizándose por los esteros hacia
tierra firme, saltando de noche sobre beafadas, papels, balantas y
nalus. Antes de lanzarse al asalto se untaban el cuerpo con rojo
ocre, carbón y arcilla blanca, se ponían plumas en el pelo y se
colgaban de sus tetillas colas de caballo de las que pendían
campanillas. Rodeaban el poblado, le prendían fuego a la paja de
los bohíos, y si sus gentes no se rendían, les segaban la vida. De
vuelta en sus canoas, acomodaban el ganado y los prisioneros -a
quienes, durante el tiempo de la trata, entregaron como esclavos a
los portugueses del fuerte, en la costa- antes de regresar a sus
islas y a sus mujeres. Estas entretanto cultivaban la tierra,
criaban los hijos, pescaban, construían las casas y siempre
mostraron más preferencia por los hombres más aguerridos (Rodney,
1970: 103).
El pillaje esclavista con destino a los europeos se generalizó
entre muchos grupos cuando estos fueron instigados por los
mercaderes europeos mediante el acicate comercial y el poder que
unas tribus empezaron a tener sobre otras y sus territorios con el
respaldo de las armas de fuego. Los conflictos intertribales, las
venganzas personales, las diferencias entre clases gobernantes y
gentes de menor rango estimularon la agresividad que inflamó la
contienda. Beafadas, papels y bijagos, por ejemplo, atacaron a los
nalus; los balantas soportaron el pillaje de beafadas y papels,
mientras los yolas sufrieron a los mandingas. Walter Rodney (1970:
113) afirma que entre 1562 y 1640 las grandes tribus cazadoras de
esclavos en la costa de Guinea hacia el norte fueron los manes,
mandingas, casangas, cocolis y en menor escala los susus y los
fulas. Pero el terror penetró al interior de África, a lo largo de
Senegambia, hasta Angola. En 1483 los bantúes empezaron a tener
contacto con los europeos. Lo iniciaron tres carabelas portuguesas
(Birmingham, 1966: 42) descritas por guerreros del rey Nzinga a
Nkuwu, rey del Congo, país de la pantera, como tres enormes
ballenas aproximándose a la boca del río Congo. Después de esta
incursión las relaciones entre el reino del Congo y el de Portugal
desembocaron en el comercio de africanos que fueron enviados a
Lisboa y a San Tomé, islas éstas en donde trabajaron como esclavos
en plantaciones de azúcar. El intercambio ofreció al reino del
Congo telas y artículos de metal.
Los esclavos fueron drenados de pueblos vecinos como los tekes y
los mpumbus en el noroeste y en el país de los mbundus. Más tarde
la ambición de las minas de plata de Angola que aguijoneó los
sueños del comercio portugués (Birmingham, 1966: 29) se tradujo en
la trata de esclavos y en la primera mitad del siglo XVII ya se
había extendido hasta el río Kwango (Ibídem: 78). No es exagerada
la afirmación de los historiadores de Africa occidental para este
periodo que sostienen cómo al final de la trata no se puede hablar
en Africa de "sociedades tradicionales", ya que
la vida social, económica y política de dicha región africana se
había reorganizado con el objetivo de producir un flujo continuo de
esclavos para llenar los navíos que se fondeaban uno tras otro a lo
largo de la costa. Así, muchos individuos de gran cantidad de
grupos cayeron en manos de los mercaderes europeos y fueron a parar
a las naves que los transportaron a América.
La travesía, las enfermedades y los sufrimientos de los esclavos
en los navíos, en su desembarque y luego en el mercado donde se
cateaban, se adquirían o se rechazaban son cuestiones bien
conocidas.
En el Caribe, Cartagena de Indias, fundada en 1533, fue el
puerto de comercio humano de negros más activo en los siglos XVI y
primera mitad del XVII (Palacios, 1973: 51). El mismo año de su
fundación, Pedro de Heredia solicitaba al emperador Carlos V
licencia para traer esclavos que trabajaran en la empresa del
saqueo del oro de las tumbas indígenas sinúes, que a él mismo lo
tenían alucinado. Un puercoespín de oro que pesaba cinco arrobas y
media u ocho alcatraces de oro que pesaron 40.000 ducados,
encontrados en incursiones en Cipagua y Cornapagua (Jaramillo,
1979) inflamaron no solamente su codicia sino la de vecinos,
estantes y habitantes (Arrázola, 1979: 13). Fue así como, siete
años más tarde, el número de esclavos llegados a Cartagena era
apreciable así como las constantes fugas, a juzgar por la Cédula
Real de 1540 que propuso medidas para atraer a los "negros
huidos y alzados por los montes".
Bioho aparece en las galeras de Cartagena de Indias en 1599,
cuando, según el historiador Arrázola, se fuga (1970: 35),
iniciando así una nueva etapa de su travesía que lo llevaría de
hombre hasta héroe. Bioho, como cualquier bijago de Guinea-Bissau,
debía compartir la creencia de que, muerto, su espíritu regresaría
a su isla nativa. Arrancado de su tierra y de sus gentes y en
situación de esclavo en galeras, tenía una sola alternativa:
fugarse y vivir libremente o lograr que su espíritu retornara con
los suyos al archipiélago africano. La misma alternativa se
plantearon muchos bijagos que se suicidaron en las naves
esclavistas. Los que llegaron al nuevo destino fueron vendidos por
los mercaderes con gran dificultad, pues se sabía de su agresividad
y su tendencia a escapar. Aquellos que trabajaron como esclavos lo
hicieron bajo incesante azote. Así, la reputación de los bijagos,
que entre los mismos africanos era conocida como de caníbales
fieros y entre los comerciantes era temible, no los hizo muy
apetecibles para los mercados del Caribe, donde nunca
fueron promesa alguna (Rodney, 1970: 110).
Es importante anotar que pese a que en 1540 la Cédula Real, en
relación con negros huidos y alzados por los montes en la región de
Cartagena, da cuenta del fenómeno de rebeldía, ésta no registra aún
acciones de enfrentamiento guerrero con los españoles. Son apenas
negros en trance de huida. No obstante, en 1575 y conforme lo
señala el mismo Arrázola, los asentamientos que luego fueran
palenques o fuertes de defensa y ataque ya estaban en proceso
activo de formación. Pero sólo en 1603, el movimiento cimarrón en
la gobernación de Cartagena aparece identificado en documentos como
palenque y el nombre de Bioho surge como líder de la Matuna, el
grupo contra el cual se abalanzan el gobernador De Suazo y sus
huestes militares.
En la Matuna, Bioho y sus gentes se defendieron detrás de un
fuerte de madera y auxiliados por la ciénaga que tenía más de 40
leguas. Arremetieron con arcabuces, espadas, arcos y lanzas.
Contraatacaron robándose el ganado e incendiando las estancias
vecinas, raptaron esclavos que trabajaban en ellas y sembraron tal
ambiente de miedo que en 1633 los vecinos de Cartagena resolvieron
enviarle una comunicación al rey de España quejándose de la
situación (Arrázola, 1970: 64). Mantener tal beligerancia durante
un largo periodo frente al aparato del sistema colonial debió
implicar una organización social y guerrera sólida. Bioho pudo
haberse inspirado en la jerarquía de tribus africanas para comandar
sus acciones guerrilleras, que aparecen articuladas aun en los
magros registros históricos. Pero Bioho no fue un rey africano. Los
historiadores de África Occidental sobre el tema de la esclavitud y
trata de esclavos en los siglos dieciséis, diecisiete y aun
dieciocho, sostienen la imposibilidad de que un noble africano
fuera vendido para el comercio europeo. ¡Y mucho menos un rey!
Cuando por desgracia un pariente del rey o un noble de una tribu
era secuestrado, este tenía la seguridad de ser devuelto a su gente
mediante el pago de un rescate. Y el rescate consistía en entregar
dos hombres o más a cambio del noble. O, como sucedió en más de una
ocasión, los rescates se pagaban con cinco bueyes por cabeza de
noble. Aún en 1792, después de muchos años de estar en el remolino
del comercio de esclavos, el rey de Bissau le escribió al rey de
Portugal pidiéndole la devolución de su súbdito Ijala, quien por
equivocación había sido transportado como esclavo a Maranhao. Y no
solamente eso, sino que el rey negro le avisó al de Portugal que su
empleado causante del hecho sería devuelto à Portugal (Rodney,
1970: 258).
Bioho, a quien sus gentes en los palenques llamaron rey, y que
así mismo aunque socarronamente fue citado en documentos
históricos, obtuvo ese reconocimiento en la provincia de Cartagena,
por su valor y sus dotes de gobernante y guerrero. Pero Bioho tiene
que recorrer un trayecto más largo entre hombre y héroe, que el que
hubiera debido recorrer si originalmente hubiera sido un rey
africano.
Cuatro años después de la fuga de Bioho de las galeras de
Cartagena, las cédulas reales y las misivas de la gobernación
empiezan a citar a Bioho y a los palenques de rebeldes negros que
florecían, eran arrasados o surgían de nuevo. Entre 1603 y 1799 se
da cuenta de los palenques de Matuna, Tabacal, Sierra María,
Matubere, Bongue, Duanga o Arenal, que eran apenas unos de los
nombres de las agrupaciones. Arrázola transcribe además documentos
en los que se registran numerosos Biohos en distintos tiempos, ya
fueran descendientes del Bioho, o Biho o Bioo que llegó a Cartagena
antes de 1600, o de los Biohos que éste engendró, o del sentimiento
de libertad engendrado por Bioho sobre los negros en su trance de
venta como esclavos, o sobre los negros ya esclavizados.
Lo cierto es que Cartagena de Indias vivió en zozobra permanente
durante dos tumultuosos siglos. Las guerrillas negras se movían
detrás de estacadas de madera en ciénagas clavadas en la medula de
otras ciénagas cubiertas de montes. La soldadesca española sufría
fracasos en sus esfuerzos por debelar la rebeldía de los negros. En
medio de este fragor se hablaba y también se registraban en
documentos que luego se volverían históricos de los ahorcamientos
consecutivos durante ciento noventa años de Domingo Bioho, Domingo
Biho, Dominguillo Bioho o Domingo Bioo entre 1600 y 1790. Y en la
tradición oral que luego se volvió leyenda aparece también un
Benkos Bioho que ostenta el nombre Benko; este término corresponde
a un lugar al oriente del río Senegal que, así como aquellos
llamados bajunou y bambuk con alrededor de trescientos poblados
fueron avasallados por los masáis (Ajayi & Crowder, 1972:
460). ¿Acaso unas gentes de la región Benko llegadas como esclavos
engrosaron luego los palenques de Cartagena? Lo cierto es que el
nombre Benko se instaló en la tradición oral de la región y la
leyenda de Arcos lo recogió, junto con el de Bioho, como apelativo
africano propio de un rey.
Según los informes de los gobernadores de Cartagena de Indias al
rey de España, Bioho muere una y otra vez. Pero en el clima de
guerra que la región vivía, tales informes son solamente plegarias
ansiosas del exterminio de los palenques virulentos que. surgieron
en la colonia del territorio que más tarde sería Colombia, y Bioho
es un hombre que se torna héroe en su viaje hacia la historia de la
cultura negra en América.
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