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Sierra Nevada de Santa Marta.

GERARDO REICHEL-DOLMATOFF Y LA HISTORIA DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN COLOMBIA

 

GERARDO ARDILA PROFESOR UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

Gerardo Reichel—Dolmatoff ha sido el mas brillante y prestigioso antropólogo de Colombia. Su obra, su vida y su pensamiento constituyen un modelo de los ideales clásicos de la antropología. Gerardo Reichel—Dolmatoff concebía la antropología como la disciplina que permite conocer a los seres humanos desde la esencia de sus actos (etnología) y sus significados (lingüística), vistos en largas series de tiempo (arqueología). Como antropólogo, Reichel— Dolmatoff entendía a los humanos como el producto de biología y cultura en una misma unidad. Como seres biológicos somos idénticos puesto que poseemos los mismos órganos, los cuales funcionan de la misma forma para todos. Como seres culturales somos diversos, puesto que hemos debido desarrollar visiones diferentes del mundo en que vivimos, las cuales nos aseguran la supervivencia y nos garantizan el porvenir. Su explicación acerca de “los fosfenos” (esas imágenes que podemos observar cuando recibimos un estímulo eléctrico o un golpe — “vemos estrellitas”—, las cuales son inducidas por los chamanes indígenas mediante el consumo de sustancias psicotrópicas cuidadosamente seleccionadas y preparadas) ilustra muy bien este punto. La gama de “fosfenos” que podemos observar es limitada por nuestras condiciones biológicas (sólo podemos ver unas cuantas imágenes), pero su combinación (la inmensa variabilidad de las representaciones simbólicas) es ilimitada gracias a la cultura.
Gerardo Reichel—Dolmatoff nació en Salzburgo, Austria, en 1914. Su infancia y juventud las pasó estudiando en Austria, Alemania y Francia, logrando una sólida formación humanística, en la que siempre reconoció la influencia de los benedictinos. En 1937 se vinculó al Museo del Hombre, en París, donde formó parte del “comité de acogida” a los españoles exiliados. Allí le correspondió acompañar a un “viejito de boina y mal genio”, de quien terminó siendo amigo. Era Pío Baroja, el más impetuoso escritor español de la Generación del 98, de cuya importancia Reichel—Dolmatoff vino a saber apenas cuando se encontraba en Colombia. En octubre de 1939 llegó a este país como invitado del presidente Eduardo Santos, siendo ministro de educación Jorge Eliécer Gaitán. En Bogotá, por ese entonces, apenas se estaban estrenando los taxis con motor a gasolina y la ciudad no era mucho más que una pequeña aldea. Reichel-Dolmatoff se convirtió en ilustrador de algunas revistas, de informes científicos preparados por las compañías petroleras y de algunos libros de poemas. Su profundo conocimiento del arte europeo, su admiración de entonces por André Bretón, y sus tendencias artísticas, lo pusieron en contacto con un grupo de intelectuales que se reunía en la Galería de Arte, abierta en 1940 por Juan Friede e Ignacio Gómez Jaramillo, donde exponían varios artistas, entre ellos Ramón Barba, Gonzalo Ariza, Luís B. Ramos, Sergio Trujillo Magnenat y Carlos Rojas. Allí, Reichel—Dolmatoff expuso algunas de sus plumillas, entre otras La Vieja, e inició una buena amistad con César Uribe Piedrahita. Pero tal vez lo más importante de su vínculo ocasional con la galería fue su contacto con Friede y con el ambiente creado en el arte bogotano de entonces por el grupo de Los Bachués, quienes hacía unos años habían publicado manifiestos muy sugerentes:

|Somos un puñado de corazones mozos prestos a la lucha por el pretérito... Queremos hacer pedazos el velo tedioso de todos los días para dejar una verdad desnuda de todo extraño ropaje como una diosa magnifica de nuestra leyenda.
EL TIEMPO, LECTURAS DOMINICALES, 15 DE JUNIO DE 1930, P.8.

|Nuestro nacionalismo será un americanismo fuerte, en cuanto América tenga de India. No un nacionalismo a base de mitología, sino de observación psicológica y de comprensión terrígena. Naturalmente, hay que hacer al indio como factor síntesis de un movimiento tropical. El retorno al indio es un retorno reflejo a la tierra. No pretendemos hacer estética indigenista ni revolucionar con exotismo.
EL TIEMPO, 17 DE AGOSTO DE 1930, P.10.

En 1942, gracias a un reconocimiento de méritos especiales, a la recomendación de Paúl Rivet y a la intervención del presidente Santos, Gerardo Reichel—Dolmatoff recibió la nacionalidad colombiana, antes de cumplir tres años de su residencia en el país. Al año siguiente, contrajo matrimonio con la antropóloga Alicia Dussan e inició con ella su impresionante carrera como antropólogo. También fue uno de los primeros miembros del Comité de la Francia Libre en Colombia, donde el profesor Paúl Rivet jugaba un papel predominante; éste recomendó al General Charles De Gaulle el nombre de Reichel—Dolmatoff y así fue nombrado como secretario de la Delegación de la Francia Libre para Colombia, Venezuela y Panamá.
Gerardo Reichel-Dolmatoff hizo todo lo que puede hacerse en una vida dedicada a entender y a hacer conocer un país al que sus propios ciudadanos se niegan a conocer. Lo recorrió por todas partes describiendo la vida de la gente común, sus significados y sus sentidos; descubriendo la historia milenaria de sus pobladores, sin dejarse enredar en las visiones sesgadas y amañadas de cronistas, gobernantes y misioneros; publicando sus hallazgos con disciplina y calidad científica y humana sin iguales en la historia del país; editando textos perdidos de gran valor para una evaluación más justa de la historia; fundando una escuela que todavía subsiste sobre la base de su trabajo. Consideraba que su más importante tarea era la de “rescatar la dignidad del indio colombiano” enseñando a Colombia y al mundo que existe una filosofía profunda, coherente y de gran valor para el futuro de la humanidad, en las ideas y conceptos que tienen los indios de Colombia sobre su vida y sobre su mundo. Su visión de la arqueología se enmarcó también dentro de su idea holistica de la antropología. Para él, las culturas de América tienen una historia tan antigua y tan rica como las del Viejo Mundo. Los indígenas actuales son los herederos de tradiciones milenarias que se adaptan al paso de los tiempos para lograr subsistir ante los nuevos retos de la historia. Creyó que era necesario demostrar esa larga historia y esa complejidad y, para lograrlo, dedicó mucho de su esfuerzo a desarrollar métodos y técnicas de investigación que le permitieran responder a sus preguntas.


A través del conocimiento del trabajo de Reichel—Dolmatoff es posible asomarse, a la vez, a la realidad de Colombia —un país que se caracteriza por su enorme diversidad natural, étnica y cultural—, así corno a la historia de las ciencias sociales en Colombia y a la historia de la antropología mundial. Gerardo Reichel—Dolmatoff estuvo al tanto de los más importantes desarrollos de las teorías, los métodos y las técnicas de investigación en todos los campos de la antropología. Muchas veces, él y su esposa llegaron a adelantarse a planteamientos teóricos y metodológicos y a estrategias de investigación que se desarrollaron en otras partes del mundo muchos años después de que ellos los habían desarrollado y aplicado en Colombia. En cuanto al valor de su obra en el contexto del desarrollo de las ciencias sociales en Colombia, son muchos los ejemplos sobre la calidad científica y la importancia social y política de su trabajo. Su monografía acerca de los Kogi llamó la atención sobre la extraordinaria complejidad y coherencia de la filosofía kogi y de sus preceptos éticos y morales, en contra de la visión “nacional” que concebía a los indios como pobres ignorantes, incapaces y poco evolucionados; su estudio sobre los procesos de “campesinización” en la Sierra Nevada de Santa Marta (The People of Aritama) sigue constituyendo un ejemplo no superado de acercamiento a la realidad de las culturas campesinas de América del Sur. Su trabajo sobre las culturas amazónicas, en particular sus estudios entre los Desana, lo llevaron a ser considerado como el fundador de una escuela muy fuerte en antropología, la etnociencia, la cual parte de considerar el conocimiento indígena del mundo como conocimiento válido (al mismo nivel de la ciencia occidental), fundamental para el diseño de nuestro futuro y básico para el entendimiento de la esencia y la realidad de los seres humanos en general. En arqueología sus propuestas metodológicas también se adelantaron a su tiempo. El estudio arqueológico de los valles de los ríos Ranchería y Cesar aportó por primera vez en América del Sur una secuencia estratigráfica clara y coherente, mientras que su investigación en el antiguo departamento del Magdalena constituyó un proyecto de investigación regional que, en aquel tiempo, sólo se iniciaba por parte de grandes equipos internacionales de investigación en México, para estudiar el mundo maya, y en Perú, para estudiar el valle de Virú. Gerardo Reichel- Dolmatoff también fue el creador de la primera cátedra de antropología médica en Latinoamérica, la cual instituyó en la Universidad de Cartagena en 1957.
Para él, la preocupación por los significados fue el punto de convergencia, la posibilidad de contacto con los indígenas. Consideraba con convicción que la única opción para entender una cultura indígena consistía en establecer una conversación con un chamán sobre problemas que atañen por igual a toda la humanidad. Reichel—Dolmatoff comprendió mejor que nadie, y antes que muchos, que para los indígenas todo el cosmos es parte de un mundo coherente. Explicó de mil maneras que los sistemas de pensamiento indígena, con su simbolismo multireferencial, representan el modelo para un sinnúmero de fenómenos y conceptos. Su perspectiva de la libertad, base de su personalidad, y su interés por conversar con los sabios indígenas sobre problemas de la humanidad, llevaron a Reichel—Dolmatoff a descubrir que era desde un plano de igualdad, desde colocarse al mismo nivel de pensador y filósofo con los chamanes indígenas, como se podía desarrollar cualquier relación intelectual con ellos.
Gerardo Reichel-Dolmatoff ha sido la mayor influencia de la antropología colombiana, pero su obra ha sido un aporte muy estimulante mas allá del círculo de los científicos sociales. Muchas personas que llegaron hasta el retiro de su casa por muy variadas razones, no pudieron volver a desprenderse de su carisma y de su discurso claro, sencillo y lleno de sabiduría. El relato más desgarrador del impacto de su verbo es narrado por el obispo de Chiapas, Samuel Ruiz, cura de siempre en la iglesia de San Cristóbal de Las Casas.


En abril de 1968, el obispo Gerardo Valencia  Cano organizó el primer encuentro misionero continental en Melgar. Este encuentro ocurrió un poco antes de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano —más conocida como Conferencia de Medellín—, la cual reunió más de 500 personas durante diez días desde el 26 de agosto de 1968 y ha sido considerada como un auténtico Concilio de América Latina. El profesor Reichel—Dolmatoff, invitado por monseñor Valencia para presentar una conferencia, preparó un documento magistral al que tituló El Misionero ante las Culturas Indígenas. El documento impresionó a varios obispos, de tal suerte que la Santa Sede hizo una publicación en latín. Pero el discurso de Reichel—Dolmatoff fue mucho más importante de lo que él mismo imaginó. En 1994, Carlos Fazio publicó en México un libro que contiene una larga entrevista con Samuel Ruiz, obispo de Chiapas, uno de los más destacados prelados de América Latina y uno de los más recios defensores de los movimientos indígenas de Chiapas. Ha sido culpado de ser el inspirador de la rebelión, por lo que ha sufrido atentados fallidos contra su vida, así como persecuciones por la jerarquía de la iglesia y por e] gobierno Mexicano. Samuel Ruiz reemplazó a monseñor Gerardo Valencia Cano en la Presidencia del CELAM (Conferencia Episcopal Latinoamericana), y Pablo VI lo invitó como ponente a la reunión de Medellín en 1968, después de su actuación en Melgar. Al término de la Conferencia de Medellín, se convirtió en el “experto” de la evangelización en el subcontinente latinoamericano. En el libro de Fazio, Samuel Ruiz se refiere al encuentro de Melgar en los siguientes términos:

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