INDICE





BIOGRAFÍA NINA S. de FRIEDEMANN

AGRADECIMIENTOS

ETNOGRAFÍA ICONOGRÁFICA ENTRE GRUPOS NEGROS
Palabras e imágenes
Humor, amor y objetividad
Sentidos y contornos
Aprender, repasar y olvidar
No olvidar
Partituras pictográficas
Fotos y cine

I. ARTE ÉTNICO Y ARTESANÍA
La presencia
La identidad
Las explicaciones
Las manifestaciones
Las posibilidades

II. EL TERRENO Y LA AVENTURA
El equipaje
Por agua en una voladora
En la ruta del oro y del platino

III. NEGROS Y BLANCOS
La negra de las piñas
Del embil a la vela
La cachaloa de los franceses

IV. LA VIDA Y LA MUERTE
Una ombligada de tapir
Cuando los canaletes roncan
Cagüingas, susungas y chancacas
Rocío Colorado en Las Flores

V. DIOSES Y SANTOS
De cómo William Villa aprendió a mirar al santo
Un fraile que sí sabe
Un inmenso mar de luces

VI. EL CIELO Y LA TIERRA
Yo conversé con la luna y hablé con todos los santos
En un taller de música

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

GLOSARIO
La presencia
 

 

La creatividad es una de las esencias del fenómeno humano. En la historia de innumerables países del Viejo y del Nuevo Mundo, el arte étnico ha sido parte del panorama cultural y de la creatividad de los grupos de gentes que conforman las naciones. No siempre, sin embargo, este arte, la artesanía y la cultura de quienes los originan han sido interpretados de maneras que se ajusten al tiempo, a las circunstancias y a las sociedades que los producen. Más grave aún, conforme el ensayista Edmund Carpenter menciona

"Hemos sacado al llamado hombre 'primitivo' de su refugio, lo hemos revestido con el mote del salvaje noble, le hemos enseñado a tallar el tipo de arte que nos gusta, y lo hemos contratado para que nos baile sus danzas a la hora del almuerzo".

No obstante, sólo a finales del siglo pasado la irrupción de la extraordinaria escultura africana en Europa empezó a quebrar y modificar los viejos patrones del arte occidental. Y, a estimular, los ojos ávidos de los buscadores y traficantes que encontraron también la escultura de Oceanía y el arte americano precolombino. Pero, fueron los artistas europeos de vanguardia quienes en busca de nuevas formas, hallaron luces en el arte escultórico de las máscaras rituales de tribus africanas. Después que en la inspiración de las obras de Picasso, Braque y Juan Gris participara la escultura negra, el arte africano, su valor plástico y su proyección en las concepciones del mundo estético occidental de este siglo, estas empezaron a llenar museos, salas de exhibición y muchas páginas escritas.

En el caso de los aborígenes americanos, también a finales del siglo pasado las sociedades europeas y las americanas recién formadas en repúblicas independientes; comenzaron a reconocer en esas obras de los indios -a las que llamaban antigüedades-, los perfiles de la creación artística.

En Europa, a comienzos de este siglo, el arqueólogo Conrad Preuss, director del Museo Etnológico de Berlín y a quien le maravilló la estatuaria de San Agustín, escribió su volumen titulado Arte Monumental Prehistórico. En Colombia y en torno al tema del arte de los indios, le cupo al pintor Luis Alberto Acuña, en 1936, llamar la atención estética del ámbito artístico en el país, al escribir su libro |El arte de los indios colombianos. De esta suerte, los aborígenes colombianos, los de ayer y los de hoy, iniciaron su presencia en el escenario de nuestra historia estética. Presencia que actualmente es monumental en el Museo del Oro en distintos lugares de Colombia y aún en exposiciones itinerantes por el mundo. Y, muy significativa en otros museos de cerámica precolombina como el de la Casa del Marqués de San Jorge y el del Museo Nacional en Bogotá.

Hoy en día, museos en Europa, Africa o América han acogido en sus salas de exhibición y de admiración, obras provenientes de sociedades aborígenes ya desaparecidas como las de los indios precolombinos en Colombia, o las de aquellos grupos que todavía conservan perfiles considerados aún "primitivos".

Pero hablar de arte étnico, uno de los temas de este libro, requiere una explicación frente al concepto de arte con el cual mayor número de personas están más familiarizadas. Como arte, el étnico tiene los elementos básicos de cualquier otro: un creador, que trabaja con diversos medios, sean cortezas, fibras vegetales, papeles, maderas, metales, barnices, textiles, para expresar estéticamente un símbolo, un sentimiento, una emoción en el campo de la plástica. Y en la expresión literaria sus materiales pueden ser la experiencia de su vida, la de su comunidad o la tradición oral. Así, el arte étnico aparece en cualquier lugar del planeta en épocas antiguas o en tiempos presentes donde quiera que han existido o existan seres humanos.

Arte étnico es la cerámica precolombina de los tumacos, a las obras arqueológicas de oro clásico de los quimbayas. Y en estos tiempos presentes, una batea de modo exquisitamente tallada en chachajillo por los mineros negros del río Güelmambí en Nariño, o un adorno corporal en filigrana, realizado por un orfebre de Quibdó en el departamento del Chocó. Del mismo modo, el arte danzario o el escénico. En éstos, la creación colectiva juega con elementos coreográficos, lingüísticos, de parafernalia, musicales, para conmemorar o celebrar una deidad, un santo, un mito o un milagro. Muestras de arte escénico son la fiesta de san Francisco en Quibdó, o las balsadas de la Virgen de Atocha en Barbacoas. También los arrullos, los cantos funerarios, los cánticos para adorar al Niño Dios, las coplas de pasión que se entonan el jueves y viernes santos y los romances religiosos. Todas estas formas de arte verbal junto con los cuentos, las leyendas o las adivinanzas son parte de la actuación a través de la cual el negro narra y recrea su historia y sus visiones cósmicas, manteniendo vibrante la tradición oral.

Lo que es singular en el arte étnico es, precisamente, el proceso de producción social que es distinto al de producción individual en otras sociedades no indígenas, o no negras, como es el caso de las etnias en Colombia. Basta examinar el intrincado tejido de relaciones sociales y económicas y las normas de cortesía que aparecen en el litoral Pacífico, aún en la talla de una banqueta de madera para bogar. En la documentación del protagonismo de la banqueta que un hombre obsequia a una mujer como promesa de matrimonio, se delinea la responsabilidad que esta última tendrá en los mercados de los puertos. Allí, las vendedoras que llegan en canoa son las mareñas y en cualquier muelle se reconoce la banqueta de mareña por el calado de su espaldar y el tono azul de su pintura.

Empero, este arte también es susceptible de ser analizado en la interioridad y en la exteriorización de sus símbolos, de sus cánones estéticos, del tiempo y del espacio donde aparezca. Además, tiene la particularidad de interpretar no solo la sociedad donde surge, sino la influencia de su contacto con otros grupos e ideologías.

Los balcones en filigrana de madera que aparecen en diversas narrativas a lo largo de este libro ofrecen ricas posibilidades. En algunos momentos a principios de este siglo y en regiones de ríos como el Timbiquí y el Guapi la opulencia y el prestigio derivados de la explotación del oro, fueron plasmados en el enorme balcón. En otros momentos y en lugares aislados en el paisaje social y geográfico del mismo litoral donde la escasez ha sido la norma que ha regido la vida, la creatividad ha dado paso al goce estético ya la afirmación de la tradición. Y allí también aparece el calado en un balcón inserto en la pared frontal de la casa. Así, en ambas circunstancias el fenómeno relevante es el arte de la filigrana en madera, cuyas esencias estéticas no están aisladas de la filigrana en oro realizada en joyería o de aquella en hojalata cuya muestra más espectacular aún existe en la torre de la iglesia de Tadó en Chocó.

La artesanía, por su parte, como concepto de trabajo, tiene la cualidad de ser compartida en oficio y conocimiento dentro arte étnico y artesanía de la comunidad y en marcos definidos por una tradición. Y, por supuesto, también está sujeta a los procesos de cambio originados por los diversos contactos culturales de los grupos. Asimismo, ella puede ser menos repetitiva y más creativa que imitadora, siendo esta cualidad una de las propiedades de su adaptabilidad. Y, además, el germen del que eventualmente surja el vuelo insólito que la lleve a convertirse en arte étnico, y a transformar en artistas a algunos de sus artesanos.

La marimba, por ejemplo, es un instrumento que muchos fabrican y no pocos interpretan a lo largo del litoral. No obstante en el taller de música de José Torres en una orilla del río Guapi, la fabricación de una marimba es apenas parte de un ejercicio de sabiduría y de un ritual mágico de interpretación rítmica y poética. Que convierten a Torres en un artista.

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