Fotos y cine
Ese sesgo fotográfico domina el enfoque sobre los ciclos
vitales. Entre sus narrativas, En la ruta del oro y del platino o
en Una ombligada de tapir no parecen hechas con papel y lápiz, sino
mediante una cámara de cine. En la última de ellas, el lente
primero se posa sobre unos polvos de oro que le echan al ombligo de
un bebé para que de adulto, siempre vuelva con oro de la mina. En
seguida, abarcando cada vez más paisaje, y moviéndose a la derecha,
muestra las calles y casas de Santa Rosa de Saija. Este paneo
termina en el cementerio con el primer plano de un hombre que se le
acerca a Friedemann. Ella contempla una gran tumba. El habla de
aquel Eterre que durante los veranos no se valía de su canoa para
atravesar los ríos; le bastaban sus poderosas piernas. Reaparece
ella, tratando de imaginarse cómo habría sido el entierro del ser
descomunal, y decide preguntar si bajo sus pies yace quien en vida
había sido capaz de derribar toros a puños. La cara del
interlocutor se va disolviendo después de que se le oye un "no"
lacónico.
La estrategia de apelar al icono reaparece en
|La Cachaloa de
los franceses que habla de una compañía anglo francesa, The New
Timbiquí Gold Mines. En el guión de este escrito, con seguridad
figuraban las teorías de la dependencia, del colonialismo interno y
de las modalidades que toman los patrones de discriminación
sociorracial en Colombia. Empero, la totalidad de la narrativa
evita los términos cargados de valor. Su expresión
sorprendentemente amable surgió después de que en Santa Bárbara de
Timbiquí, alguien le entregara una de las monedas de aluminio que
los franceses de la concesión usaban para pagarle a los mineros
negros. A medida que Friedemann le fue mostrando la cachaloa a
diferentes personas, surgieron historias que han quedado asociadas
a cada uno de los bordes semicirculares de la moneda. Se ve a una
mujer haciendo cola en el comisariato que la multinacional instaló
en Santa María, en la confluencia del río Sesé con el Timbiquí;
aparecen los ojos de los desterrados que con angustia buscaban a
sus familiares ocultándose detrás de la barrera que señalaba los
límites de lo que antes fueran sus tierras; se oyen los aullidos de
las jaurías de lebreles que los franceses importaron para perseguir
a los rebeldes; en fin, se aprecian los funcionarios de los
gobiernos departamental y nacional torturando negros como
testimonio de apoyo incondicional a los extranjeros.
No obstante el peso de la crítica implacable, Criele criele son.
Del Pacifico negro no invita a la contemplación del pasado, sino a
construir futuros propiciando innovaciones que partan de la
autenticidad y de la memoria cultural. Que de verdad existe y que
puede ser avivada de maneras tan sorprendentes como la de mostrarle
a los pobladores de Guapi la fotografía de una marimba del Alto
Volta, con sus enormes resonadores de calabazo. Y allí es donde se
sitúan los grandes retos para los investigadores de la cultura.
Tendrán que tomar nota de los hallazgos de Friedemann: ¿Cómo
puede ser que los negros de Santa Rosa de Saija hayan reconocido
como propias las melodías senegalesas que ella les llevó en
cassettes? ¿No dizque las culturas negras de Colombia eran otra
cosa porque los esclavos, desmembrados y dispersos hace trescientos
años habían tenido que empezar de cero para crear? Las raíces -esos
"principios gramaticales" de los que hablan los expertos para
referirse al acervo cultural de los africanos traídos a América-
tendrán que redefinirse, para luego explicarse, valiéndose de las
innovaciones metodológicas que la autora desarrolló durante la
investigación básica a este volumen.
Esta publicación le permitirá a muchos el privilegio de
compartir las emociones de la autora en su viaje al pasado y futuro
de los grupos negros. Sus páginas hacen posible una enorme aventura
intelectual: conocer parte de los mecanismos de aprendizaje y
comunicación que le han dado permanencia a las huellas de africanía
en Colombia. Criele criele son. Del Pacífico negro es una
invitación para que otros hagan parte del reto implicado por los
estudios afroamericanísticos en Colombia.
JAIME AROCHA RODRIGUEZ
Departamento de Antropología, Universidad Nacional de
Colombia,
Bogotá, 10 de marzo de 1989.