Aprender, repasar y olvidar
Dada la impresión que me causó esa parte, le pregunté a
Friedemann cómo la había hecho.
-Eso daría para otro libro- me contestó.
En el libro ya citado Bateson (1972: 38-58) permite captar el
sentido de esta respuesta. La pequeña protagonista de su Metálogo
sobre el instinto, dice (pág. 44):
-Para sacar una canción en guitarra, primero, me aprendo las
posiciones de las manos y de los dedos. Luego, practico, hasta
adquirir el hábito de reproducir el ritmo-.
No es posible aprender sin repasar, y hay que repasar hasta que
uno logra dejar de pensar en las órdenes que el cerebro le imparte
a los miembros (ibíd.: 159-176). Tan sólo cuando el subconsciente
asume todo el trabajo de "carpintería", puede la conciencia
realizar la planeación y ejecución de una obra. El desarrollo de
habilidades, el perfeccionamiento de destrezas o el logro del
virtuosismo, entonces, se fundamentan en la traducción de un
conjunto de descripciones gramaticales al lenguaje de los
iconos.
Adquirir un hábito equivale a "sumergir" instrucciones
conscientes en el lago del subconsciente pictográfico (ibíd.).
Dentro de nuestra cultura tal proceso tiene un costo: perder acceso
a porciones importantes de información. Ello porque tal cultura no
sólo no brinda una pedagogía pública que construya un puente de
doble vía entre el corazón y la razón, sino porque castiga las
"razones del corazón" al catalogarlas como inferiores (ibíd.:
139).
Al respecto, el 7 de marzo de 1989, en un programa de la
televisión colombiana, Abraham Gutman, un investigador de la
inteligencia artificial, le explicaba al entrevistador José
Fernández Gómez su oficio de enseñarle a un computador cómo
trabajaba la gente. Decía que le preguntaba al ordenador
electrónico qué haría para resolver los problemas típicos que
enfrentaban distintas clases de profesionales. Explicó que al
responder, la máquina tendía a equivocarse porque la información
que originalmente él le había suministrado estaba incompleta o
errada. Los humanos resultaban culpables de las equivocaciones
porque, al responder las entrevistas de Gutman, siempre olvidaban
pasos esenciales dentro de sus quehaceres. El ingeniero sentenció:
la gente no sabe cómo sabe las cosas.
Dentro de la antropología colombiana, Rogerio Velásquez inició
una exploración de nuevos lenguajes, cuyo último exponente es
Criele criele son. Del Pacífico negro. Sin embargo, en estos 30
años de buscar el acercamiento entre gramáticas e iconografía, poco
se ha escrito sobre la manera de lograrlo. Quienes han incursionado
en ese campo, han aprendido mejor cómo aprender más, pero quizás ya
comiencen a no saber cómo llegaron a saber los métodos y técnicas
de la innovación.