INDICE





BIOGRAFÍA NINA S. de FRIEDEMANN

AGRADECIMIENTOS

ETNOGRAFÍA ICONOGRÁFICA ENTRE GRUPOS NEGROS
Palabras e imágenes
Humor, amor y objetividad
Sentidos y contornos
Aprender, repasar y olvidar
No olvidar
Partituras pictográficas
Fotos y cine

I. ARTE ÉTNICO Y ARTESANÍA
La presencia
La identidad
Las explicaciones
Las manifestaciones
Las posibilidades

II. EL TERRENO Y LA AVENTURA
El equipaje
Por agua en una voladora
En la ruta del oro y del platino

III. NEGROS Y BLANCOS
La negra de las piñas
Del embil a la vela
La cachaloa de los franceses

IV. LA VIDA Y LA MUERTE
Una ombligada de tapir
Cuando los canaletes roncan
Cagüingas, susungas y chancacas
Rocío Colorado en Las Flores

V. DIOSES Y SANTOS
De cómo William Villa aprendió a mirar al santo
Un fraile que sí sabe
Un inmenso mar de luces

VI. EL CIELO Y LA TIERRA
Yo conversé con la luna y hablé con todos los santos
En un taller de música

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

GLOSARIO
Sentidos y contornos
 

 

Para entender mejor la propuesta de este nuevo experimento narrativo, vale la pena considerar otra reflexión de Bateson (1972: 131-135): por debajo de las palabras que usamos para designar objetos, conceptos o fenómenos yacen los sentidos. Estos últimos se dan por hechos, debido a que el avance del aprendizaje los hunde en el subconsciente. Las comunicaciones serían difíciles si tales significados fueran infinitos. De ahí que la gramática los limite. Si escribo lápiz =, después del igual podría poner escritura, educación, madera, carbón. Empero, con mayor frecuencia lo que figura es escritura.

Pese a los contornos creados por el lenguaje verbal, por fortuna, las variaciones son inevitables. Algunas de ellas sur gen porque los significados interactúan entre sí; otras, en reflejo de los cambios en el ámbito físico y sociohistórico. En el primer caso, tienen una manifestación inicial en las metáforas e ironías de las cadenas pictóricas que la gente construye soñando despierta o dormida. Así, la ecuación |lápiz = entierro podría haber resultado de la cadena |lápiz / punta / herida / arma / violencia / muerto / entierro o de otra totalmente ininteligible. Las segundas nacen de la adaptación cultural. El diccionario enseña que |sapo es batracio anuro insectívoro de cuerpo rechoncho. Empero, durante los años de La Violencia el lenguaje clandestino que las víctimas inventaron para defenderse lo convirtió en delator.

La antropología se ha concentrado en el último tipo de innovaciones y ha documentado, entre otras, taxonomías que ponen dentro de las mismas clases plantas y animales que nosotros insistimos en mirar separadamente; mapas del cielo sin osas ni guerreros, pero llenos de tigres y anacondas; categorías que hablan de colores inexistentes en occidente, y nomenclaturas que deletrean lazos de parentesco que nosotros no distinguimos.

Muchos etnógrafos han hecho de su ejercicio una cruzada en defensa de esa heterogeneidad. Paradójicamente, tratan de aprehender la polifonía mediante unas categorías y un idioma restrictivos. Por ello, muchos de los libros que escriben pueden resultar agravando problemas enfrentados por otros trabajadores de la cultura. Al término de varios años de labor, el antropólogo puede hallarse ante una descripción monótona que reemplaza la estereofonía captada en el terreno.

La noche que pudo soñar con bisontes, como lo hacían los indios, el etnógrafo de Borges supo que había descubierto el secreto del grupo con el cual llevaba meses conviviendo. Escribir sobre ese hallazgo parece haber sido un reto de tal calibre, que optó por la reclusión muda y perpetua como bibliotecario de la Universidad de Yale.

|Criele criele son. Del Pacífico negro no esteriliza las ricas sartas iconográficas que imaginan los portadores de las culturas del litoral Pacífico. |La negra de las piñas es un cuento sin ficción que comienza evocando el impacto que sufrió un niño al ver de improviso ante sí a unos negros corpulentos. Para Camilo Arroyo Arboleda, la experiencia de ese día quedó engarzada con el olor húmedo del barro aferrado a las piernas desnudas de los visitantes. El aroma de mojado, a su vez era selva, y selva, madera, madera que convivía con los frutales, frutales entre los cuales era apreciada la piña, piña que a su casa llevaba una negra. Esta secuencia, válida como memoria cultural, se convierte en denuncia de las aberraciones que todavía rigen los contactos entre blancos y negros, cuando Friedemann pregunta por el nombre de la mujer. Arroyo dijo no saberlo, después de que, entrando y saliendo de casa de él en Popayán, ella se había convertido en la madre de los hijos de su propio abuelo viudo, otro Arboleda, por supuesto. Las demás narrativas del capítulo Negros y blancos, completan el panorama aterrador que dibuja la terquedad con la cual persiste la discriminación sociorracial.

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