INDICE





BIOGRAFÍA NINA S. de FRIEDEMANN

AGRADECIMIENTOS

ETNOGRAFÍA ICONOGRÁFICA ENTRE GRUPOS NEGROS
Palabras e imágenes
Humor, amor y objetividad
Sentidos y contornos
Aprender, repasar y olvidar
No olvidar
Partituras pictográficas
Fotos y cine

I. ARTE ÉTNICO Y ARTESANÍA
La presencia
La identidad
Las explicaciones
Las manifestaciones
Las posibilidades

II. EL TERRENO Y LA AVENTURA
El equipaje
Por agua en una voladora
En la ruta del oro y del platino

III. NEGROS Y BLANCOS
La negra de las piñas
Del embil a la vela
La cachaloa de los franceses

IV. LA VIDA Y LA MUERTE
Una ombligada de tapir
Cuando los canaletes roncan
Cagüingas, susungas y chancacas
Rocío Colorado en Las Flores

V. DIOSES Y SANTOS
De cómo William Villa aprendió a mirar al santo
Un fraile que sí sabe
Un inmenso mar de luces

VI. EL CIELO Y LA TIERRA
Yo conversé con la luna y hablé con todos los santos
En un taller de música

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

GLOSARIO
Rocío Colorado en Las Flores
 

 

 

 

Goyita Alegría Colorado vivía en 1987 con sus hijos y su cuarto marido en el barrio Las Flores en Guapi. Apenas tenía treinta y dos años y ya había levantado su casa de madera con su propio esfuerzo. Poco a poco había conseguido el palomulato para las columnas, después jiguarastrojo y anime para los pisos y paredes. En fin, aun la poca ayuda que le dieron los papás de sus hijos le sirvió de mucho. Goyita era además un miembro activo del grupo de artesanas que trabajaba en cestería y que tenían una cooperativa respaldada por un préstamo de la Corporación del Valle del Cauca (CVC). Grupo que también manejaba un local en el edificio del aeropuerto de Guapi donde se vendían productos de artesanía: la cestería de las mujeres, las chancacas y los mates de sidra, las cocadas de coco, las marimbas, tambores y guasás.

Argenis Castellanos, una caleña vivaz, promotora de la CVC, pensó que a mí me gustaría conocer a Goyita. El barrio Las Flores que se construyó encima de lo que era el antiguo cementerio, empieza a unas cuatro cuadras de distancia de donde termina la iglesia del poblado sobre la plaza principal. Está compuesto por casas más bien pequeñas hechas de distintas maderas a lo largo de un camino irregular en su trazo y lleno de montículos de barro apisonado por el transitar de sus habitantes. El esfuerzo de jardines diminutos entre casa y casa y las flores de las enredaderas le daban razón al nombre del lugar. Esencias de la ruralidad de los caseríos a la orilla de los ríos podían percibirse en la rutina de las gentes de Las Flores que frente a su casa compartían la vida: los niños jugando y variados oficios caseros realizándose al borde del camino. A la vista en las salas abiertas de par en par estaban los bolsos, las cestas, las pajillas y las trenzas con las que trabajan mujeres y niños.

Donde Goyita, al entrar vimos su máquina de coser y una profusión de objetos de cestería terminados y a medio acabar. Sentada en el piso, en un rincón y tejiendo pajillas estaba Rocío, su hijita de cuatro años. Mayra Alejandra de un año pegada al seno de Goyita y Luis Alberto de dos, llorando agarrado de la pierna de su hermanita Francia de once años.

-Aquí se comienza a tejer desde chiquito nos aclaró Goyita para responder al asombro que nos causaba ver a Rocío trabajando.

Fátima, la hija mayor, una quinceañera alegre cruzó la sala en ese momento. Traía una enorme batea y un rallo de madera sobre su cabeza. Regresaba de lavar ropa en la muralla, el sitio que además es el embarcadero de canoas y lanchas. Allá se reúnen a lavar y a bañarse a diario y a mañana y tarde mujeres y niños. Y también jóvenes y adultos. Aunque Guapi es un municipio con 25.000 habitantes, el acueducto es tan reducido como la luz que llega pocas horas en el día y a pocas casas.

Fátima, fuera de ir a la escuela y a cumplir con tareas caseras, ya podía considerarse como una artesana. No en vano, Goyita había compuesto una canción donde la mencionaba:

Fátima tejé los bolsos
y yo tejo carterita
pa cuando lleguen turistas
no se vaya la platica.

Hablaba con entusiasmo de su trabajo y explicaba los pormenores de la cestería. Describiendo los distintos tipos de trenza entretejía detalles de su propia vida desde los tres años cuando fue a dar al orfanato no porque no tuviera mamá, sino por la pobreza.

-A los quince años cuando salí en embarazo de la primera hija aprendí a hacer sombrero con tetera y estera con totora. Uno bajaba a vender al Charco y acá en Guapi lo vendía en el mismo pueblo.

Claro que últimamente una actividad artesanal como la del barrio Las Flores era promovida por Artesanías de Colombia a través de quien permanece en Guapi, la antropóloga Sofia Ariza, estudiando la técnica de la cestería y bregando por establecer una producción permanente de nuevos productos basados en el tejido tradicional de pajillas de la vena del chocolatillo y del amargo. La tradición de la cual había arrancado el diseño de nuevos objetos era la del sombrero. Que sigue existiendo, pero que también ha cambiado. Porque actualmente se los tejen con unas enormes alas que se semienrollan a lado y lado por encima de las orejas. Así, hombres y mujeres parecen lucir en vez de sombreros, pedazos de nubes coloreados con tintes alegres.

Hasta hace un cuarto de siglo las viejas acostumbraban a hacer los sombreros con hojas de castaño o pajillas de palmas que tejían y luego cosían con bejucos o con la misma palma. Ahora pegan las trenzas de pajillas en máquinas de coser, y a causa de que las palmas presentan signos de agotamiento, en la región las artesanas tienen que esperar a que los indios que viven en sitios retirados adentro en el monte, traigan las pajillas. Con razón Goyita incluyó en su canción un par de versos, así:

Compra la paja Goya
porque se va a terminá
andá a decile a tu mama
que guarde la plata lista
que va a llegá unas pajas
pero que va a ser poquita.

Y uno más en donde cuenta su preocupación de

Cuando se mueran los cholos
un poco vamo a sentir
porque no hay como nosotros vivir.

Efectivamente, Goyita hace parte de una generación que ha sobrevivido con el trabajo de la cestería.

-Ay Señor Dios con qué voy a comer mis hijos y a estudiarlos -dijo sonriendo, al preguntarle si ella hacía toda esa variedad de objetos para sostener la familia.

- ¿Y su marido?

-Cuando el marido no coge nada de la pesca, pues yo tengo que ayudar. Antes, con lo que ahorraba compraba las vigas y las tablas para la casa... Seguía hablando de su trabajo. Repetía que los rollos de pajitas venían del Saija pero ahora tenían que esperar a los indios del Guajuí. Que cada rollo tiene 12 pajitas de una braza cada una.

¿Y los nombres del tejido?

Bastantes. El que consiste en pasar las pajas una por encima y otra por debajo se llama esterilla. Y se vuelve esteriliado cuando el tejido se hace con tiras ya tejidas en trenza de tres pajas o palos. Las trenzas a su vez tienen diversos nombres de acuerdo con la técnica. La de tres palos es la más fácil. Es la de los niños, la que estaba haciendo Rocío. Pero hay trenza pico que es de cuatro palos, calada o enrejada con seis palos, trenza lisa de 7, 9 y 11 palos y trenza crespa o bordera Con razón Sofia Ariza había escrito un informe de más de 100 páginas sobre toda la intrincada técnica de esta artesanía. No obstante, Rocío con sus cuatro años, en su traje amarillo, tejiendo las tres pajillas, es la imagen que tengo presente en el litoral Pacífico.

Tres meses después cuando regresé a Guapi, antes de irme a Coteje, un poblado minero en la confluencia del río del mismo nombre sobre el Timbiquí, me encaminé al barrio Las Flores para saludar a Goyita y a sus hijos. Las vecinas me dijeron que estaba viviendo con unos parientes de Antonio Camacho, su marido.

Cuando finalmente la encontré, me miró y empezó a sollozar.

-Estoy haciendo mi casa otra vez. Se cantió con tanta gente que subió cuando murió Rocio el 27 de febrero.

- ¿Se le cayó la casa?

-Sí. Y Rocío se me ahogó donde las muchachas van a lavar y a "bañar". Se fue solita y no nos dimos cuenta. La encontramos en el fondo de la muralla.

 

Referencias

 

Ariza 1987, Perea 1986.

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