Las posibilidades
En el campo del arte y las artesanías de grupos negros en el
litoral Pacífico, cualquier aproximación a la tradición o a la
innovación debería apoyarse en la memoria cultural. Y tal memoria,
debería tener una descripción escrita, visual o museográfica.
Desafortunadamente hasta la fecha existen solamente fragmentos
casuales en dibujos de la Comisión Corográfica o de aquellos
viajeros europeos que de regreso en su continente dibujaron sus
apuntes de terreno. En Bogotá, en el Museo de Artes y Tradiciones
Populares, aparecen objetos artesanales que de alguna manera
expresan perfiles culturales de los grupos negros. Sin embargo, las
piezas están inmersas en una colección amplia de memorias
regionales populares y aborígenes que hacen invisible la situación
particular de la etnia negra en Colombia.
De tal suerte, la memoria cultural de los grupos negros en el
campo del arte y de la artesanía, aún se encuentra en los Pueblos,
en los caseríos y en el recuerdo de sus gentes y, por ello el
propósito de este libro es destacar algunas de las obras que
Contienen significados históricos y simbolismos de variada índole.
Porque la riqueza cultural de los grupos es inmensa y registrarla
requeriría cientos de páginas.
En el caso de los tambores, aquí la referencia tiene que ver con
los encontrados en el área del Cauca durante la investigación. Sin
embargo, es natural reconocer que cada uno de ellos debió sufrir un
proceso de transformación o de ajuste desde el momento cuando el
primer tambor fue elaborado y también de acuerdo con el sitio donde
fue hecho, si se tiene en cuenta la diversidad de materiales, en
las distintas regiones. Hoy en día, por ejemplo, las cuerdas que
tensionan los tambores han dejado de ser de cuero de animales, para
utilizar pita de algodón importada de fábricas. Así, la información
contemporánea recogida hoy puede constituir la memoria cultural de
un futuro, pero no es toda la memoria del pasado, aunque contenga
elementos de la antigua tradición.
Empero, la recuperación de la memoria cultural solo puede
lograrse si hay voluntad de parte de los dueños de esa memoria y
también de la sociedad donde ella esté inmersa. En la historia de
los instrumentos musicales de grupos negros en Colombia por
ejemplo, no aparece el uso del calabazo como resonante de la
marimba. Sin embargo, el calabazo con piel de venado o de tatabra
sí existe como tambor en el río Guapi. Y en Africa los calabazos
enormes han sido usados como resonantes de marimba. A este
propósito vale mencionar la admiración que expresaron intérpretes
de la marimba de chonta en Guapi cuando les mostramos una
fotografía de marimba con calabazos, procedente del Alto Volta a la
vez que dejamos oír su toque grabado en un casette. Siendo este
instrumento de tradición antigua en el continente africano y
teniendo en cuenta que la trata de esclavos obligó a sus gentes a
dejar atrás tambores, marimbas, arpas, mbilas o koras, un estímulo
visual y auditivo como el mencionado seguramente enriquecería la
memoria histórica de sus intérpretes. Y también las posibilidades
creativas de artistas y artesanos actualmente entregados a la
fabricación y a la ejecución de instrumentos que preservan esencias
de Africa.
Desde luego que la memoria cultural de un pueblo en términos de
nación, región o etnia, constituye la médula vital de su ser
colectivo. Recuperarla lleva implícito el hecho de haber perdido
parte de ella o de haberla mantenido invisible. Que es el caso de
la memoria de Africa en América. En el infierno del transplante de
trabajadores africanos al mundo nuevo americano se arrasaron muchas
riquezas construidas a lo largo de siglos. Y lo que llegó
experimentó innumerables cambios, adaptaciones e innovaciones. No
obstante, la increíble hazaña del negro nuevo en este continente se
refleja no solo en su presencia física sino en los modos como ha
interpretado las situaciones. En escenarios de creatividad ha usado
lo que pudo preservar y aquello de lo que podía echar mano. Poesía
y teatro, artesanía y música, formas sociales y maneras de hablar y
encarar un día tras otro son testimonios de su vitalidad.
Testimonios éstos que a su vez le dieron el impulso necesario a
este volumen.
Es preciso reconocer, desde luego, que aun cuando las
condiciones sociales, culturales y políticas siguen siendo adversas
a las etnias negras en Colombia, sus posibilidades aún residen en
esa premisa incontestable que es la misma de la del resto de la
diáspora africana en América: sobrevivir para poder vivir.
Referencias
Acuña 1936, Arias 1988, Arocha 1986, Carpenter 1973, Corradine
1970, Primer Congreso de la cultura negra de las Américas 1988,
Davidson 1966, Fonseca Martínez 1987, Friedemann 1974a, 1986a,
1987, 1987a, 1987b, 1988, 1988a, 1988b, 1988c, Friedemann y Arocha
1982, 1986, Grisolles y Grisolles 1986, Kizerbo 1978, Martán
Góngora 1980, Mosquera 1986, Preuss 1974, Price 1986, Price y Price
1980, TéIlez 1975, Wassen 1940, West 1957, Whitten 1974, Whitten y
Friedemann 1974.