Las manifestaciones
Ultimamente, numerosos pueblos del mundo se esfuerzan por
aprovechar las experiencias históricas y los recursos reales y
potenciales de su cultura. La meta es construir un futuro más digno
y mejor que el presente. A este esfuerzo se le ha denominado
etnodesarrollo, particularmente en el marco de la existencia de
etnias como las indias y como las de grupos de negros en distintas
áreas rurales y aún urbanas de América Latina.
Aunque en Colombia las etnias negras han carecido de facilidades
para impulsar sus propios programas de etnodesarrollo y, por el
contrario, durante años sufrieron rechazo por parte de los grupos
dominantes, de un tiempo para acá el panorama ha cambiado. Las
reflexiones de carácter nacionalista y las propuestas de afirmación
de identidad cultural por parte de individuos e instituciones, han
permitido el impulso de programas que enfocan actividades que, al
fin y al cabo, llegan a respaldar la recuperación de la memoria
histórica y cultural.
Esta publicación es parte de ese interés en el litoral Pacífico
de Colombia y entre grupos negros. Que quizás algún día lleguen a
tener una expresión museográfica en donde se exponga su historia
cultural y artística, enmarcada en el contexto social donde ella se
ha producido. Y que refleje, no solamente la época contemporánea,
sino su pasado y sus raíces africanas. Una realización de esta
índole complementaría el panorama de museos étnicos que, en lo que
hace a los indios, cuenta con numerosos recintos en muchos lugares
del país. Al respecto, puede decirse que en la historia
contemporánea de Colombia, perfiles de la cultura de las sociedades
aborígenes han sido colocados en la categoría de arte. En tanto que
un esfuerzo similar no existe para las etnias negras Mientras que
en las culturas aborígenes de Africa en su propio continente, sí ha
sucedido. Enormes museos en Senegal o en Costa de Marfil lo
atestiguan. Y, asimismo, en países europeos o en lugares de los
Estados Unidos, el arte africano ha llegado a formar parte de las
colecciones de instituciones tan importantes como el Metropolitan
Museum of Art en Nueva York.
En ambos casos, en el de los aborígenes americanos y en el de
los africanos, sus artífices generalmente expresaron un entorno
físico, preocupaciones religiosas o esfuerzos por manejar
imposibilidades consideradas sobrenaturales. Del mismo modo que los
indios colombianos, descendientes de los aborígenes arqueológicos,
o los negros colombianos con ancestros africanos, siguen plasmando
su ambiente físico y social dibujando en tales contextos
concepciones y formas de alguna manera distintas a las que
sustentan el arte en las sociedades totalmente influidas por el
pensamiento occidental.
Hoy, como ayer, en estas sociedades étnicas el saber cultural es
compartido por muchos, pero asimismo existe la manifestación de la
individualidad estética, que puede colocar un objeto cotidiano en
el campo del arte.
En el litoral Pacífico, por ejemplo, la batea de madera, un
objeto cotidiano que expresa un entorno físico de bosque de madera
y agua, es una canoita que como tal hace parte del menaje de negros
y de indios. Se la encuentra en la cocina, en los lavaderos de
ropa, al borde de los ríos, o en los trabajos mineros para cargar
piedra. No obstante, la realización estética de algunos talladores
logró una batea tallada artísticamente. Se trata de la batea de
moro, una canoa dedicada a la crianza de niños, cuya forma es capaz
de modelar simbólica mente el cuerpo del infante, para que éste
crezca de acuerdo con un pensamiento estético de belleza, ajustado
a los requerimientos de esa sociedad. Así, la batea de moro permite
que las nalgas de los niños no sean pronunciadas. El nombre de la
misma batea hace alusión al estado religioso del infante cuando
éste es colocado en ella. Es un moro, es decir un ser que, como en
los tiempos del dominio musulmán o moro en España, está aún alejado
del bautismo católico.
Pues bien. Las narrativas de este libro pretenden reconstruir
momentos culturales donde una obra artística o un objeto cotidiano
artesanal tenga un protagonismo en la vida de gentes del litoral
Pacífico. El material de las obras y los objetos son espejos del
ámbito geográfico y de las condiciones históricas, sociales y
culturales en que han vivido sus gentes desde su llegada del
Africa. Teniendo en cuenta las características de bosque tropical
húmedo y aurífero y el desempeño adaptativo social y económico de
sus gentes, el uso de elementos provenientes directamente del
hábitat, es dominante. Esto quiere decir, además, el empleo de
maderas, hojas de arbustos, lianas vegetales y metales-oro, plata y
platino- sin la mediación compleja de procesos industriales para
preservación, coloración o transformación del material. Además, se
percibe la escasa combinación de unos materiales con otros. A no
ser en la arquitectura de la vivienda misma donde se conjuga la
sabiduría sobre las calidades, cualidades y estética de las maderas
del bosque. O la elaboración de algunos instrumentos musicales,
como las marimbas y los tambores, cuya combinación de maderas y
pieles de animales está en relación con la potencia del sonido, el
sitio donde van a ser percutidos y quiénes serán los músicos y los
dueños.
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Guasá. Sonajero con semillas de achira. Con su música las
mujeres acompañan sus cantos y el habla de los tambores. Estrellas
y serpientes son símbolos de su talla. Colección Dominga Hurtado.
Rio Saija, Cauca. Foto: N. S. de Friedemann.
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Tumbadora. Tambor con cuerpo de calabazo y membrana de
tigrillo. Alto 25 cms., diámetro 15 cms. Guapi, Cauca. Es parte del
complejo del tambor cuyos toques y silencios son tema de estudio en
Africa. Colección privada, Bogotá. Foto: N.S. de Friedemann 1988
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Marimba con resonadores de calabazo. Alto Volta, hoy Burkina
Faso. Músico Dagari. Foto: Nina S. de Friedmann 1984
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Marimba de chonta. Resonadores de guadua. Río Guapi, Cauca.
Propiedad de José Torres, maestro de artistas y artesanos. Foto:
Nina S. de Friedmann 1988
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Kora. Arpa africana pulsada por un griot (especialista en
tradición oral) Malinke. En las Antillas a los intérpretes de kora
se les llama trovadores. Foto: Balandier-Maquet. Dictionary of
Black African Civilization. Leon Amiel, Nueva York 1974.
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Asimismo, en algunas ruralidades, son escasos los elementos de
la sociedad industrial que participan en la elaboración de una obra
con perfiles tradicionales. Claro que una pieza total a veces
aparece reemplazada por otra proveniente de la sociedad no
tradicional, o externa a la comunidad. Los peines tallados en
maderas de mangle, fueron reemplazados por peines hechos en
material plástico. En el área urbana de Guapi, aunque todavía
quedan cagüingas que son palas de madera para rebullir el
cocimiento de la caña de azúcar, estos artefactos están siendo
reemplazados por cucharas grandes de metal procedentes de fábricas
situadas en centros urbanos mayores. En Coteje, en el Cauca, y en
Los Brazos, un caserío del río Güelmambí en Nariño, sigue
existiendo el calabazo, utilizado como recipiente para cargar agua
del río o de la quebrada hasta la casa, pero también se observa la
olla de aluminio que en otros lugares ya reemplazó al calabazo en
estos menesteres. Y aunque la máscara hecha de calabazo todavía
sale con timidez en celebraciones en algunos poblados, en otros ya
ha desaparecido.