INDICE





BIOGRAFÍA NINA S. de FRIEDEMANN

AGRADECIMIENTOS

ETNOGRAFÍA ICONOGRÁFICA ENTRE GRUPOS NEGROS
Palabras e imágenes
Humor, amor y objetividad
Sentidos y contornos
Aprender, repasar y olvidar
No olvidar
Partituras pictográficas
Fotos y cine

I. ARTE ÉTNICO Y ARTESANÍA
La presencia
La identidad
Las explicaciones
Las manifestaciones
Las posibilidades

II. EL TERRENO Y LA AVENTURA
El equipaje
Por agua en una voladora
En la ruta del oro y del platino

III. NEGROS Y BLANCOS
La negra de las piñas
Del embil a la vela
La cachaloa de los franceses

IV. LA VIDA Y LA MUERTE
Una ombligada de tapir
Cuando los canaletes roncan
Cagüingas, susungas y chancacas
Rocío Colorado en Las Flores

V. DIOSES Y SANTOS
De cómo William Villa aprendió a mirar al santo
Un fraile que sí sabe
Un inmenso mar de luces

VI. EL CIELO Y LA TIERRA
Yo conversé con la luna y hablé con todos los santos
En un taller de música

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

GLOSARIO
Las manifestaciones
 

 

Ultimamente, numerosos pueblos del mundo se esfuerzan por aprovechar las experiencias históricas y los recursos reales y potenciales de su cultura. La meta es construir un futuro más digno y mejor que el presente. A este esfuerzo se le ha denominado etnodesarrollo, particularmente en el marco de la existencia de etnias como las indias y como las de grupos de negros en distintas áreas rurales y aún urbanas de América Latina.

Aunque en Colombia las etnias negras han carecido de facilidades para impulsar sus propios programas de etnodesarrollo y, por el contrario, durante años sufrieron rechazo por parte de los grupos dominantes, de un tiempo para acá el panorama ha cambiado. Las reflexiones de carácter nacionalista y las propuestas de afirmación de identidad cultural por parte de individuos e instituciones, han permitido el impulso de programas que enfocan actividades que, al fin y al cabo, llegan a respaldar la recuperación de la memoria histórica y cultural.

Esta publicación es parte de ese interés en el litoral Pacífico de Colombia y entre grupos negros. Que quizás algún día lleguen a tener una expresión museográfica en donde se exponga su historia cultural y artística, enmarcada en el contexto social donde ella se ha producido. Y que refleje, no solamente la época contemporánea, sino su pasado y sus raíces africanas. Una realización de esta índole complementaría el panorama de museos étnicos que, en lo que hace a los indios, cuenta con numerosos recintos en muchos lugares del país. Al respecto, puede decirse que en la historia contemporánea de Colombia, perfiles de la cultura de las sociedades aborígenes han sido colocados en la categoría de arte. En tanto que un esfuerzo similar no existe para las etnias negras Mientras que en las culturas aborígenes de Africa en su propio continente, sí ha sucedido. Enormes museos en Senegal o en Costa de Marfil lo atestiguan. Y, asimismo, en países europeos o en lugares de los Estados Unidos, el arte africano ha llegado a formar parte de las colecciones de instituciones tan importantes como el Metropolitan Museum of Art en Nueva York.

En ambos casos, en el de los aborígenes americanos y en el de los africanos, sus artífices generalmente expresaron un entorno físico, preocupaciones religiosas o esfuerzos por manejar imposibilidades consideradas sobrenaturales. Del mismo modo que los indios colombianos, descendientes de los aborígenes arqueológicos, o los negros colombianos con ancestros africanos, siguen plasmando su ambiente físico y social dibujando en tales contextos concepciones y formas de alguna manera distintas a las que sustentan el arte en las sociedades totalmente influidas por el pensamiento occidental.

Hoy, como ayer, en estas sociedades étnicas el saber cultural es compartido por muchos, pero asimismo existe la manifestación de la individualidad estética, que puede colocar un objeto cotidiano en el campo del arte.

En el litoral Pacífico, por ejemplo, la batea de madera, un objeto cotidiano que expresa un entorno físico de bosque de madera y agua, es una canoita que como tal hace parte del menaje de negros y de indios. Se la encuentra en la cocina, en los lavaderos de ropa, al borde de los ríos, o en los trabajos mineros para cargar piedra. No obstante, la realización estética de algunos talladores logró una batea tallada artísticamente. Se trata de la batea de moro, una canoa dedicada a la crianza de niños, cuya forma es capaz de modelar simbólica mente el cuerpo del infante, para que éste crezca de acuerdo con un pensamiento estético de belleza, ajustado a los requerimientos de esa sociedad. Así, la batea de moro permite que las nalgas de los niños no sean pronunciadas. El nombre de la misma batea hace alusión al estado religioso del infante cuando éste es colocado en ella. Es un moro, es decir un ser que, como en los tiempos del dominio musulmán o moro en España, está aún alejado del bautismo católico.

Pues bien. Las narrativas de este libro pretenden reconstruir momentos culturales donde una obra artística o un objeto cotidiano artesanal tenga un protagonismo en la vida de gentes del litoral Pacífico. El material de las obras y los objetos son espejos del ámbito geográfico y de las condiciones históricas, sociales y culturales en que han vivido sus gentes desde su llegada del Africa. Teniendo en cuenta las características de bosque tropical húmedo y aurífero y el desempeño adaptativo social y económico de sus gentes, el uso de elementos provenientes directamente del hábitat, es dominante. Esto quiere decir, además, el empleo de maderas, hojas de arbustos, lianas vegetales y metales-oro, plata y platino- sin la mediación compleja de procesos industriales para preservación, coloración o transformación del material. Además, se percibe la escasa combinación de unos materiales con otros. A no ser en la arquitectura de la vivienda misma donde se conjuga la sabiduría sobre las calidades, cualidades y estética de las maderas del bosque. O la elaboración de algunos instrumentos musicales, como las marimbas y los tambores, cuya combinación de maderas y pieles de animales está en relación con la potencia del sonido, el sitio donde van a ser percutidos y quiénes serán los músicos y los dueños.

 

 

Guasá. Sonajero con semillas de achira. Con su música las mujeres acompañan sus cantos y el habla de los tambores. Estrellas y serpientes son símbolos de su talla. Colección Dominga Hurtado. Rio Saija, Cauca. Foto: N. S. de Friedemann.

 

 

Tumbadora. Tambor con cuerpo de calabazo y membrana de tigrillo. Alto 25 cms., diámetro 15 cms. Guapi, Cauca. Es parte del complejo del tambor cuyos toques y silencios son tema de estudio en Africa. Colección privada, Bogotá. Foto: N.S. de Friedemann 1988 .

 

 

Marimba con resonadores de calabazo. Alto Volta, hoy Burkina Faso. Músico Dagari. Foto: Nina S. de Friedmann 1984

 

 

Marimba de chonta. Resonadores de guadua. Río Guapi, Cauca. Propiedad de José Torres, maestro de artistas y artesanos. Foto: Nina S. de Friedmann 1988

 

 

Kora. Arpa africana pulsada por un griot (especialista en tradición oral) Malinke. En las Antillas a los intérpretes de kora se les llama trovadores. Foto: Balandier-Maquet. Dictionary of Black African Civilization. Leon Amiel, Nueva York 1974.

 

Asimismo, en algunas ruralidades, son escasos los elementos de la sociedad industrial que participan en la elaboración de una obra con perfiles tradicionales. Claro que una pieza total a veces aparece reemplazada por otra proveniente de la sociedad no tradicional, o externa a la comunidad. Los peines tallados en maderas de mangle, fueron reemplazados por peines hechos en material plástico. En el área urbana de Guapi, aunque todavía quedan cagüingas que son palas de madera para rebullir el cocimiento de la caña de azúcar, estos artefactos están siendo reemplazados por cucharas grandes de metal procedentes de fábricas situadas en centros urbanos mayores. En Coteje, en el Cauca, y en Los Brazos, un caserío del río Güelmambí en Nariño, sigue existiendo el calabazo, utilizado como recipiente para cargar agua del río o de la quebrada hasta la casa, pero también se observa la olla de aluminio que en otros lugares ya reemplazó al calabazo en estos menesteres. Y aunque la máscara hecha de calabazo todavía sale con timidez en celebraciones en algunos poblados, en otros ya ha desaparecido.

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