Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 29, Volumen XXIX, 1992

Las liturgias del comercio


El reino errante.
Poemas de la migración y el mundo árabe
Jorge García Usta
Litografía Jonan, Cartagena, 1991, 44 págs.

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Entre los escritores colombianos de los últimos decenios, Jorge García Usta (1960) figura como uno de los más prolíficos, polifacéticos y consistentes. Ganador de varios concursos de poesía, cuento, ensayo y periodismo, la mayor parte de su obra permanece inédita; sólo sus poemarios han visto la luz de la edición: Noticias desde otra orilla (1985), Libro de las crónicas (1989) y su último libro: El reino errante. Poemas de la migración y el mundo árabe (1991).

Noticias desde otra orilla, f iel a su título, adoptaba desde su primer poema una estética de la marginalidad que no era sólo la de la poesía sino también y, sobre todo, la de la historia y la sociedad: "La historia es ésta [...] /cantamos los que no tenemos voz" (pág. 9). El hablante de estos poemas, un ser "como muchos, /plural, endeudado y viviente" (pág. 12), bueno, limpio, forma parte de esa gente que, según el epígrafe, "se encuentra debajo del balcón, busca y se identifica con todo lo que ve". Este hablante asume la vocería de los excluidos, los olvidados por la historia, los que, patéticamente o no, la padecen, así por momentos parezcan "hi mnos en movimiento" (pág. 30). Toda la poesía de García Usta —no sólo la de este libro— podría definirse como un noticiario de la marginalidad: de ahí que muchos de sus poemas se llamen Noticia, Informe, Cédula, Fotografía, o consistan en notas - necrológicas. Libro primerizo, Noticias... revelaba una especie de impaciencia por poner de manifiesto toda la información cultural del poeta, desde los autores influyentes en su poética, ya clásicos (Sófocles, Esquilo y Heródoto), ya contemporáneos, (Walt Whitman, Edgar Lee Masters, Aurelio Arturo, Jacques Prevert, Constantino Cavafis, Paul Verlaine), hasta los intérpretes populares de la música folclórica y de protesta (Soledad Bravo, Violeta Parra), pasando por los fotógrafos (Henri Cartier-Bresson).

Poeta progresista, comunicante, testigo de su tiempo, García Usta rinde culto a los emblemas y fetiches que uniformaron a la poesía de los años 60 y 70 en lengua española, desde Walt Whitman, "barba de angelical americano/viejo de costumbres libres" (pág. 32), hasta "la buena Violeta Parra" (pág. 36), pasando por Bolívar en la derrota, "ahora, en una cama envainada" (pág. 21), y por "la clara universal forma de gozar / el Che su tabaco primordial" (pág. 13), sin olvidar las azadas y los azadones, las camisas, los pañuelos, las risas y los besos, las palomas, las lavanderas, las cucharas y las hidroeléctricas, los boxeadores y las estrellas de la pantalla mayor. Al final del libro el hablante se aparta de la tónica impersonal, de minucioso registro del mundo exterior, para tratar el tema del erotismo y del amor.

Libro de las crónicas amplia, precisa, con trazo más seguro, la poética del libro anterior. Nuevamente el título y el epígrafe nos dan las claves para la lectura de unos textos fundados en la narratividad: "Compadre, cuente lo de todas las criaturas" (pág. 7).

Poesía narrativa, anecdótica, exteriorista, localizada temporal y geográficamente, ahora y aquí, con cosas concretas y nombres propios, el hablante lírico es un cantor de la gesta cotidiana, un cronista de la existencia contemporánea, del presente a escala mundial, aunque con predominio de los motivos locales y nacionales, la tierra y sus agentes, boxeadores, maestros de escuela, pescadores, pintores primitivistas, poetas populares, tamboreros, acordeoneros, etc.

No obstante, el libro no es estrictamente la crónica de unas criaturas y su circunstancia, el registro del mundo exterior: en la mayoría de las ocasiones, más que el desarrollo de una anécdota, encontramos la reflexión lírica-elegía, oda, canción nacida del afecto, del deseo de confraternizar y profundizar en el sentido de una vida, de unos actos; más que del soliloquio de un individuo, se trata del coloquio optimista, afirmativo, con los héroes de nuestro tiempo: poetas, cantores, guerreros indígenas, actrices de cine, futbolistas brasileños, músicos de mala muerte. Nuevo realismo poético: en estos textos predomina la función referencial, transmitida a través de un decir duro, directo, denotativo, sin solemnidades ni angustias, sin mayores interferencias retóricas, sólo con metáforas comunales, transparentes, lexicalizadas.

La mención de nuevos poetas y cantores populares confirma la poética anterior de García Usta: Homero, François Villon, Antonio Machado, César Vallejo, Miguel Hernández y Alejo Durán, Celia Cruz y Joan Manuel Serrat, a los que habría que añadir la figura recurrente de un poeta de la acción, el Moro de Tréveris, "los malabares de la poesía / entre macizas cantidades de desdicha" (pág. 37) quien, en la agonía de sus tiempos, "ve himnos / de mañana será el de los callados" (pág. 26).

Poesía de puertas para afuera —la tienda, la esquina, el vecindario, la plaza— inmensión vital en el presente sin fechas de la cotidianidad —lo de siempre— oral, hecha con las palabras prietas, económicas del hombre de la calle o de la sabana, la poesía de García Usta es de indudable estirpe whitmaniana; "una historia de la hierba" (pág. 30), nada esotérica ni nada a símbolos recónditos: aquí el sol, el viento, el orín, el árbol, el amarillo, el pájaro, el tambor, son más bien emblemas. Hay a lo largo del libro una exaltación del hombre primario, brusco, heroico, incesante en su coraje, de una sola voz y un solo pañuelo, firme, viril, tierno, desamarrado, reconciliado con los elementos de la naturaleza, y una exaltación del cuerpo, —"la cintúra [...] el más grande Dios" (pág. 56)— y de la mujer —"una mujer desnuda destruye toda sombra"— y de la amistad —"una amistad de patio grande / supera mil iglesias" (pág. 52)—. Un menosprecio de la poesía verbal: "En verdad digo / todo partió del grito y de la nada / y no de los tratantes de lírica" (pág. 93); los poetas en verdad grandes son "los hacedores de botones [...] los economistas del día diario" (pág. 65).

La poesía de García Usta, que se propone una épica del delirio, "las voces del delirio contra todas las tristezas mundiales" (pág. 94), contra la rutina y la desdicha, es también una indagación, a través de los signos de los mejores hombres, en los rasgos de la raza, en el otro rostro del mundo; "arte de orígenes, más allá de todo hombre" (pág. 30).

El reino errante es la crónica lírica de la emigración sirio-libanesa a la costa Atlántica de Colombia. No tanto el relato de la fecunda errancia de los herederos de Sindbad, los múltiples acontecimientos que van desde la víspera de la salida silenciosa, casi clandestina, a fines del siglo XIX, con lo único que se poseía —la maleta, el cuerpo, el honor, el orgullo, la fuerza interior de una raza dueña de un pasado milenario—, huyendo de las ascuas de la guerra y en busca de "otro mundo, / al fondo de ese mar opulento" (pág. 5), pasando por la ardua adaptación a una nueva geografía de ríos salvajes, cielos ansiosos y tierras anchas donde se derrama el verde y una cultura de "indios desnudos en las prieturas del mundo" (pág. 9), hasta el asentamiento definitivo, la entrega y la posesión de la segunda y la tercera patrias: la tierra y la mujer.

El libro recoge las voces de 32 hablantes pertenecientes a diversas generaciones de inmigrantes entre 1887 y 1974, quienes nos comunican sus placeres y sus pesares, sus dolores, delirios y deleites, en fin, las distintas emociones y sentimientos, la soledad, los deseos, las dudas, las nostalgias, surgidos del encuentro y la mezcla de "la disciplina del desierto" con "las filosofías del cáñamo" (pág. 9).

Un mismo tono hermana los testimonios de los diversos hablantes: el optimismo, la esperanza, la dicha del deber cumplido, el sabor del éxito. Una misma actitud rige la totalidad de los textos: el afán, las ganas de compartir una experiencia; de ahí el constante llamado a un oyente lírico explicito; de ahí también los títulos de los poemas —consejos, nociones, acto de fe, visión, declaración de amor, receta de cocina, semblanza, noticia, explicación, saber, carta, página, cábala, etc.—, los cuales confirman una de las tendencias primordiales de la poesía de García Usta: la voluntad de comunicación.

Poesía testimonial, suerte de nuevo periodismo poético en la tradición de reconstrucción histórica que tiene antecedentes lejanos en la Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters y, en lengua española, en los modelos de Ernesto Cardenal, Roque Dalton y Antonio Cisneros. Collage sobre ciertas cosas que sí se deben nombrar, galería de voces, la obra de García Usta es, simultáneamente, historia e invención, trabajo investigativo y ficción: a partir de un referente real, verificable, y a través de un minucioso trabajo con la materialidad del lenguaje hasta sacarle esplendor, sensualidad, luz, el poeta emprende el vuelo en busca de la cantidad hechizada.

Aunque no es nueva la presencia árabe en la literatura costeña ni en su narrativa (Respirando el verano de Héctor Rojas Herazo, Cien años de soledad y Crónica de una muerte anunciada de García Márquez) ni en su lírica (Elegía, en Canto del extranjero de Giovanni Quessep, o Un fuego ebrio en las montañas del Líbano, en Retratos de Gómez Jattin), exagerando un poco, podría afirmarse que tal presencia no había ido más allá de la imagen típica de unos seres serios y silenciosos con argollas y alpargatas que a veces masticaban una lengua misteriosa y vivían del cambalache de baratijas y chucherías por guacamayas legitimas y que, poco a poco, a punta de almacenes, fueron haciendo su calle, su mundo. A presentamos por primera vez esa visión de lo árabe desde adentro, a profundizar en el drama de sus vidas, viene este libro de García Usta. Así, sin dejar de recrearnos su ámbito de mostradores y contabilidades, de percales y popelinas, de almendras y yardas, El reino errante nos revela una particular visión del mundo, del tiempo, de la belleza, del trabajo, de "las liturgias del comercio" y las cuentas del corazón y los números del amor y la palabra del amigo. El reino errante, coherente con la poética del autor, muestra la madurez de un poeta que ha logrado concentrar, afinar, intensificar su visión, gracias a un mayor dominio sobre el lenguaje y la técnica poética. Sin abandonar su concepción de la poesía fundada en la confianza en el poder comunicativo del lenguaje, preocupada por la indagación en el entorno geográfico y cultural y en la vida de los seres marginados por la historia, García Usta, tras el hallazgo de un tema (el aporte poco valorado de la inmigración árabe a la conformación y desarrollo de los pueblos del nuevo mundo) y un ámbito (las riberas del Sinú y la histórica ciudad de Cartagena de Indias), ha logrado presentamos de un modo no sólo placentero y profundo, sino también verosímil, su visión gozosa y esperanzada del hombre en sus relaciones con el paisaje y con los otros hombres.

ARIEL CASTILLO MIER