Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 28, Volumen XXVIII, 1991
 

Antología que no lo es


Poetas en Antioquia 1966-1326
Luis Iván Bedoya M. (selección, presentación y notas)
Biblioteca Pública Piloto de Medellín, Publicaciones Especiales, Medellín, 1991, 202 págs.

Son pocas (apenas cuatro) y deficientes las antologías que se han realizado de la poesía antioqueña, más tres selecciones de textos que reúnen prosa y verso.

A la poesía la ha perjudicado su definición como género, puesto que por ese método ella misma se ha segregado de la literatura, y a los poetas no se les considera entre nosotros como escritores, sino como loquitos, en el más benévolo de los casos. Las selecciones que reunían prosa y verso se hicieron así en una época en que la poesía era escasa, y además no existía el prejuicio que existe hoy contra la poesía, porque entonces no éramos cultos, y ahora, según dicen, hemos empezado a serlo.

El subgénero reseña no provee espacio para entrar en comprobaciones, propias del ensayo y el estudio, por lo cual la reseña se constituye en predilección de quienes acostumbran afirmar sin sustentar. Sin duda sigue faltando una antología crítica, ya que las anteriores se limitan a una breve presentación destinada a disimular los verdaderos móviles del compilador: hacer resaltar su propia obra, congraciarse con sus contemporáneos, o tratar de ocultar a personas tan imposibles de ocultar como León de Greiff.

Una verdadera y útil antología de la poesía antioqueña debiera representar suficientemente cada época y cada poeta, e incluir el estudio analítico del conjunto, así como de las obras y tendencias. La que comentamos no pasa de ser otra selección muy precaria, inmediatista y caprichosa. La poesía antioqueña, así se mire rigurosamente, no es tan pobre y opaca como para reducirla en un tomito, ni está hoy en decadencia, como la muestra el lamentable criterio del compilador.

No resulta serio presentar como el mejor poema de Epifanio algo que no es más que una simple curiosidad clínica de la época en que ya habían conseguido enajenarlo. Tampoco lo es, con respecto a quienes apenas han publicado su primer cuaderno, escoger con ligereza, al arbitrio de las amistades y sin ninguna imparcialidad. Menos aún, claro está, resulta serio desconocer a la mayor parte de los poetas muertos, que son el verdadero sustento de la poesía antioqueña, para exhibir a quienes apenas comienzan y no se sabe si proseguirán. ¿Por qué Judith Nieto en lugar de Blanca Isaza de Jaramillo Meza; o por qué Jorge Marín en lugar de Francisco Ignacio Mejía, o Manuel Uribe Velásquez, o Ricardo Campuzano? Así está toda la “antología”, como si antología viniera de antojo. Eso no tiene explicación que valga. No es cuestión de nombres. Es cuestión de criterio.

Ese criterio, exigible a quien da a la publicidad una antología, no está debidamente expuesto y no se sabe por qué la selección se sitúa en los ciento cuarenta años que van de 1826 a 1966, como si José María Salazar (por ejemplo) no hubiera nacido en Rionegro. Empezar con Gutiérrez González no es en sí un desacierto, pero los lectores del libro se preguntarán por qué. Elegir de Epifanio Un canto salvaje puede ser rareza y “originalidad”, pero no es la actitud del crítico que conforma la antología de una región y selecciona lo más representativo de sus poetas.

Existe en Medellín la consigna de no hablar acerca de lo que no pueda ser elogiado, porque todo juicio a una obra se toma como ataque a su autor. Tal criterio es eminentemente provinciano y más propio de niños mimados que de artistas conscientes y serios. Si hay una literatura, como decimos que la hay, tendrá que haber una crítica independiente e ilustrada. Sin la crítica que discute y evalúa nunca podremos llegar a justipreciar nuestro valor, ni conseguiremos orientarnos en la complejidad del trabajo intelectual. Seguiremos enredados en lo que Amílcar Osorio llamaba despectivamente la culturita y la literatura de Medellín.

A más del prólogo exiguo que no explica nada, y de que su intención no responde a la necesidad de la obra, el volumen anotado tiene otros efectos que una reseña no debe pasar por alto: Se echa de menos unafe de erratas para corregir las muchas faltas que por descuido dementan el trabajo editorial. Las erratas son casi inevitables en los libros, a causa de la rapidez de los procesos modernos combinada con la ineptitud de los operarios, pero hay cierto límite que este volumen sobrepasa ampliamente. Citamos algunas, a manera de ejemplo:

PAG.     DICE:                                           DEBE DECIR:

186      (1895, Sonsán, 1939)             (1895, Sopetrán, 1939)
178      Porque la ira                          Porque la lira
177       el sol se avanza                    el sol avanza
             rayos de cenit                            rayos del Cenit
             sobre el nido                        sobre su nido

PAG.                   DICE:                               DEBE DECIR:

176      entonces el alma                     entonce el alma
162      —y delicados—                       —y dedicados—
161      sírvame un rayo!                     sirveme un rayo!
152      manufactureros de                  manufactores de
            fugaces versos
131      que cuando se muriera             que cuando muriera
84         en casa de una de
            mis ías                                   ... de mis tías
42         Fernando Macías                     Luis Fernando Macfas
            Eha. monaguillo                       Ea, monaguillo

Se cuenta que don Benigno A. Gutiérrez murió de infarto fulminante al encontrar errores tipográficos en su última edición.

El índice de primeros versos no tiene utilidad en este caso, puesto que, con escasas excepciones, no se trata de poemas memorables. Cuando se reduce un autor a uno o dos poemas, se impone la mayor exigencia. Tal parece que esta antología hubiera sido hecha para desacreditar a los contemporáneos, que palidecen ante León y Barba, ante Gregorio y Epifanio. Y sin embargo entre ellos hay buenos poetas, aunque por esta vez no se les hizo justicia. Ofrecen un solo poema de quien ha publicado diez o más libros no es componer una antología sino abrir una alcancía con centavos. Mayor pobreza, imposible.

La trascripción del verso largo o versículo sin separar sílabas lo desfigura, lo deforma, lo despedaza, lo parte en semiversos. Infortunada o afortunadamente, una reseña tiene su límite, y en consecuencia deberemos archivar diez páginas de notas acerca de la obra en mención. Libro insignificante, anodino y apresurado, temeroso de los poemas largos que hicieron honor a los grandes poetas. En la actualidad literaria de hoy, donde lo pequeño es la norma, los nuevos poetas se fatigan con ocho escuálidos versitos.

JAIME JARAMILLO ESCOBAR