Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 24-25, Volumen XXVII, 1990

No todo lo que ronca es poesía


Sueños
Elkin Restrepo
Poesía, año 1, núm. 1, Editorial El Propio
Bolsillo, Medellín, febrero de 1990

¿Qué valor tienen los sueños? El Antiguo Testamento es un hervidero de tremendas imágenes por las que hablaba Yavé o algún secretario suyo. Las pesadillas eran más que premoniciones en aquel entonces.

En un libro de 1938, Los sueños y los sortilegios, Marguerite Yourcenar rememora algunas de sus anécdotas oníricas. Tal registro quería responder —como lo explicó mucho más tarde la narradora en las entrevistas con Matthieu Galey— a una pregunta muy simple: "¿Porqué el sueño se construye de una determinada manera?". En esto consiste la diferencia entre relatar el sueño e intentar describir qué ocurre en él. Y cita, como ejemplo, la famosa noche del 7 al 8 de junio de 1525, en que Alberto Durero tuvo un sueño especial que lo indujo a "reproducirlo" (por eso fue famosa esa noche). Tal vez arañaría de ese modo lo que suelen prometer esas imágenes: cascadas y remolinos 1.

Después de leer las 44 piezas de la actividad nocturna de Elkin Restrepo, debo concluir que cualquier lenguaje, hasta cl de lo escurridizo, puede ser codificado. (Los egipcios no dejaron pasar la oportunidad, como tampoco las ciencias ocultas). El caso es que la recopilación de Restrepo (de un lapso de quince años, como advierte en el preámbulo) parece tirar por tierra el fragmento 89 de Heráclito, que así razona:

Para los despiertos hay Mundo 
común y uno; los dormidos se 
vuelven cada uno al suyo
2 .

Sin embargo, ni siquiera en los sueños logramos ser originales. Aunquede repente el filósofo de las aguas del río se refería al sueño como materia extraverbal y no al lenguaje que da cuerpo a lo soñado. El relato de dichas experiencias variará según la voz que las cuente, ¿verdad? Y cambia incluso el interés que puedan despertar —en el sentido figurado de excitación de los sentidos— según la calidad del sujeto, fuera de la gracia con que sea expresado. ¿Quién no pagarla por conocer los sueños del papa Juan Pablo II? ¿Qué analista no acogería con curiosidad profesional los sueños de Ted Bundy, cl psicópata que se palomeó a más de treinta jovencitas en los Estados Unidos (sólo el número de los crímenes que confesó y, en fin, de aquellos que le probaron) y acabó sus días en una silla eléctrica de Florida en 1989? Hablando de analistas, recordemos que Jung puso por escrito, en 1961, sus obsesiones 3 .

Volvamos, pues, a Medellín. Personalmente pienso que la poesía comparte con los sueños —entre otras cosas— una aspiración "a la gratuidad". Sin embargo, no es la única solicitud de una obra poética. Para Elkin Restrepo, como para cualquier poeta, una obra nunca seda "gratis", sino que cuesta: romperse la crisma de tanto atrevimiento con el lenguaje, mucha transpiración y puro goce. Por eso no voy a "interpretar" estos 44 oráculos. Lo que sí puedo señalar es que, siendo los sueños de un poeta, ¿por qué no procuró el interesado anhelar esa suerte de retórica que se impone al trasladarlos al papel? Ese lenguaje es el "suyo" (salvo mejor parecer), como aventuras de su poética han de ser las que en los "últimos quince años" lo acompañan. Todo era cuestión de prestarles algo más que oído. Y un poco más de modulación.

Elkin Restrepo eligió el camino menos doloroso, pero literariamente sentenciado a perdurar como las verduras de las eras. Definitivamente el poeta no quiso integrar ese lenguaje (que no es el de los sueños sino aquel que pretende, nombrándolos, inventarlos) a una obra. ¿Por qué, entonces, dio a conocer estos 44 gajos en una revista de poesía? ¿Por qué aduce que ese registro "nada tiene que ver con la literatura"? ¿Por qué al mismo tiempo indica que los fragmentos podrían tener un "posible interés"?

De la "obra inmensa de Dios" —palabras son de Elkin Restrepo— no he de opinar, por más que el autor divise una luminosidad "detrás de este juego ilusorio". Pero si por tal se refiere a la poesía, diríale que cuando digo digo, digo Diego; y por cierto me adelanto a defenderla con un cuando digo Diego, digo digo. Es la única manera. ¿Y quién la diría metafórica? Arriésguense, pues, todos los sueños.

EDGAR O’HARA

 

1 Marguerite Yourcenar, Con los ojos abiertos, entrevistas con Matthieu Galey (traducción de Elena Berni), Buenos Aires, Emecé, 1982. Cf. el cap. "El sueño y las drogas", págs. 94-101. (regresar1)

2 Los presocríticos (traducción y notas de Juan David García Bacca), México, Fondo de Cultura Económica, Colección Popular, 1979, pág. 246. (regresar2)

3 Carl Gustav Jung, Recuerdos. sueflos, pensamientos (traducción de M. Rosas Borrás), Seix Barral, 1971. (regresar3)