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Bogotá
de museos
Mimos de Bogotá
Edición promovida por la
Alcaldía Mayor de
Bogotá
Presentación: Andrés Pastrana Arango
Textos: Enrique Pulecio Mariño
Villegas Editores. Bogotá, 1989, 239 págs.
Un museo es un lugar
donde están reunidos una serie de objetos que dejan clara huella de lo que en su momento
corresponde a la cultura que los produjo. Son algo así como termómetros, medidores del
organismo artístico, histórico, social, antropológico. Inclusive del organismo
ambiental si nos referimos por ejemplo aun museo de historia natural; la reuni6n y
clasificación de especies nativas o extranjeras, vegetales o animales, dan la idea
precisa del espacio que nos rodea; y a su vez la reunión de objetos artísticos,
documentos históricos, piezas antropológicas son muestra clara del pasado y el presente
que nos envuelve.
450 años de historia en
la humanidad son algo así como la tierra al sistema solar. La búsqueda un poco
frenética de negar el híbrido que somos nos lleva a volver hecho histórico cualquier
anécdota circunstancial, a confundir el arte con el sistema comercial, etc.
La primera impresión al
finalizar el libro "Museos de Bogotá" es que estamos saturados, hay una
sobredosis de museos, está disperso lo que bien podría estar en un solo lugar. Por
ejemplo: ¿no cabrían en el Museo hay Nacional: el Museo de Arte
Colonial, el Museo del Siglo XIX, el Museo
Mercedes Sierra de Pérez El Chicó, el Museo Militar, el Museo de Arte Religioso
que además está casi totalmente contenido ya en el de arte colonial el Museo
Ricardo Gómez Campuzano, el Museo de Desarrollo Urbano, el Museo de Trajes Regionales de
Colombia, el Museo Policía Nacional de Colombia, el Museo Francisco de Paula Santander,
etc. En el Museo del Oro: el de Antropología, el Arqueológico Casa del Marqués de San
Jorge?
¿Qué es el Museo de
Arte Moderno en un lugar al que no ha llegado la modernidad? Bucaramanga busca un museo de
arte moderno en lugar de crear fondos para conservar los textiles Guane que son de verdad
más cercanos al argumento con que se propone un museo; la búsqueda de identidad. Porque
aunque si bien las corrientes artísticas hoy son más individuales y temáticamente más
amplias no hay en ello un reflejo directo, tan directo, del lugar que habitamos. Desde la
colonia a hoy visto desde dentro, somos producto de una marcada influencia externa.
Bastarían las galerías
comerciales para ver el arte plástico colombiano.
No sin resaltar uno que
otro valuarte tropical en la sabana, lo que ha existido artísticamente, que hoy conservan
los museos de Bogotá es que a ojos vista poco importante a nivel universal.
¿Qué es el minimalismo
nacional? ¿Creó acaso una corriente? ¿Produjo algo nuevo? y no sólo esto; ¿Visto al
lado de el minimalismo norteamericano sobresale como obra algo? ¿Como artista alguien?
¿Quién es Andrés de Santamaría en el impresionismo universal? ¿O los fenómenos de
precio de arte colombiano en el exterior, nos llevarán a estar al lado de Leonardo, de
Miguel Angel? ¿Serán los niños del año tres mil entusiastas seguidores del arte
contemporáneo nuestro?, o somos víctimas de un mercado propuesto bajo la teoría de
nuestra búsqueda de identidad. Por eso cada prócer deja a su paso un centenar de casas
museo a lo largo y ancho del país. Una casa en la que una digna dama recibiera al
Libertador una noche cualquiera en su tránsito por cualquier lugar es hoy museo en
cualquier guía y dentro quedan en la mayoría de los casos la cama en que durmió el
Libertador y el polvo que le procuraron los años.
Es factible que al
paso que se fundan museos, en base al criterio de que cada músico, cada pintor, cada
antropólogo o escritor, en general cada personaje que muera o que triunfe sea convertido
en museo y podamos así encontrar a través de ellos si son nuestros contemporáneos o a
través de sus museos si nos tocaron muertos nuestra "verdadera identidad"; el
libro que hoy reseño será en unos pocos años obsoleto, y su reemplazo será por tomos
que saldrán en el 2050 semanalmente para actualizar al público y darle una guía
permanente de la museografía bogotana. En caso de que en el 2050 estén todavía
interesados en la identidad o en el pasado.
Se contradice el concepto
con que se publica el libro al continuar con este derroche. Se están dispersando en lugar
de juntarse los objetos que forman un museo. Es como si las salas quedaran separadas por
cuadras y no por pasillos, lo que además en una ciudad con el clima y la temperatura de
Bogotá no es muy viable.
El libro recorre uno a
uno los museos de Bogotá, no todos, omite algunos como el Museo Casa de Poesía Silva, el
Museo Antonio Nariño, el Francisco José de Caldas. Las fotografías en general bien
reproducidas, excepto algunas en las que el color no corresponde muy precisamente al del
original sobre todo en cl arte de la colonia. Son una muestra del espacio arquitectónico
y las obras
más destacadas que
contiene: planos generales de las salas, primeros planos de las obras y el texto es
referencia muy precisa en la mayoría de los casos del porqué existe como museo, quién
lo fundó, qué contiene y en el caso de los de arte colonial, del oro, de antropología,
de la Casa del Marqués de San Jorge, del Nacional textos explicativos referentes a
tópicos contenidos en los mismos, localización de culturas indígenas, períodos,
sistemas de clasificación, etc. Da el libro la idea de un audiovisual y para quien conoce
los museos referencia exacta del recorrido sin ser una guía. Hay al final un plano de la
ciudad en el que están localizados los treinta y cuatro museos que menciona el libro,
quince de los cuales se hallan en un perímetro de 20 cuadras en el Centro de Bogotá.
Villegas editores
hace un sobrio diseño en el que resalta cada foto como foto, el texto respira
amablemente, el tipo de letra se deja leer; son localidades fácilmente los créditos de
los fotógrafos; hay referencia de dónde quedan los museos. Es un libro que como
documento del crecimiento loco de estos pueblos vale la pena conservar, ya que como se
planteó antes los museos son una muestra precisa del crecimiento de nuestras ciudades.
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En la página
87Museo Iglesia de Santa Clara, aparece "situada en 1947 mil
novecientos cuarenta y Siete la fecha de la inauguración oficial del conjunto
conceptual de Santa Clara..."; que "... en 7 de enero (sic) de 1629 se tomó
posesión (sic) del convento..." luego firmada en septiembre 5 de 1635 aparece carta
de la abadesa fundadora Damiana de San Francisco en que demanda "cuatro pares de
casas de algunos vecinos particulares (sic) y que son finalmente negociadas hacia 1637 e
incorporadas al conjunto conceptual. "...puesto que ya habíamos
expuesto atrás las dudas
razonables que tenemos sobre la fecha de inauguración del conjunto
conceptual
, usualmente situada a principios del año de 1629. Aún si nos estableciéramos
en 1630 o principios
de
1631 tampoco podríamos fijar un año especifico
del arranque de la obra...".
Muerta la
fundadora en 1639, firmada el 12 de febrero de 1863 por María Cabrillean de las Mercedes
Presidente, la carta en que describe al arzobispo Hernán la manera en que fueron
desalojadas entre los días 6 y 7 de febrero de ese mismo año; y repasando que el
edificio fue demolido en el año de 1912 y se instaló en la nueva construcción, diseño
del arquitecto Arturo Jaramillo, la Imprenta Nacional, que ya antes funcionaba en el
"vetusto caserón actual"; queda más que claro el error cometido con respecto a
la fecha de "inauguración oficial del conjunto conceptual de Santa Clara...
En cartas del presidente
de la Academia Colombiana de Historia señala éste además dos errores en los que se nota
comprometido directamente; se refieren ambos a su omisión por parte de Enrique Pulecio
Manilo, como gestor y fundador del Museo de Arte Colonial en el que funcionaron las
oficinas del ministerio que el presidía durante el gobierno del doctor Santos y que fue
abierto el 6 de agosto de 1942; y su gestión con el entonces presidente: "Tocó a
Alberto Lleras Camargo ocupar la Presidencia en el último año correspondiente a Alfonso
López. Alberto me llamó al mismo ministerio. Acepte. ¿Cómo no aceptar?
pero le dije: Me dejas sacar los presos del Panóptico y convertir la cárcel en Museo
Nacional".
Relata el resto de la
carta cómo se deshicieron las celdas para dar paso a las salas; cómo incitó a Luis
Duque para que trasladara ahí lo que fue la base del Museo de Antropología y que estaba
en una oficina de la Biblioteca Nacional. Cómo quitó Laureano Gómez del vestíbulo el
busto que de nuevo está ahí del General Santander y la piedra que hoy se halla enterrada
en la huerta en la que estaban los nombres del doctor Lleras Camargo, Presidente y el de
Germán Arciniegas, Ministro de Educación, durante
cuyo mandato se abre el Museo, el 6 de agosto de
1946.
Dice Arciniegas: "La
omisión de este hecho la tomó como una invitación para que borre dos años de mi hoja
de vida. No sé si sea justo pedirle esto a quien va para los noventa. Pero no está bien
que semejante propuesta se formalice en una obra editorial de la Alcaldía a su digno
cargo".
Cierra la segunda de sus
cartas con una invitación a Enrique Pulecio Manilo y al señor Alcalde Mayor, para que a
través de Jorge Rojas o Carlos Martin, colaboradores suyos, adquieran mayor información.
"Para mí es fastidioso por lo incómodo que me siento trajinando estos recuerdos en
primera persona
Salvo estos pequeños
errores y que en proporción a los datos del libro son mínimos "Museos
de Bogotá" es un libro rico en información escrita y gráfica y esto lo convierte
en una buena síntesis de la museografía bogotana.
ENRIQUE
GÓMEZ
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