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Pasión historiográfica
La locura de Epifanio y
otros
ensayos
Humberto Rosselli.
Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1987, 307 págs.
El doctor Humberto
Rosselli es bien conocido en el medio médico y psiquiátrico del país. También lo es
entre muchos psicólogos que se han contado entre sus discípulos. Hasta la aparición de La
locura de Epifanio, podría decirse que su nombre había permanecido asociado a su
extensa obra de Historia de la psiquiatria en Colombia. Con este nuevo libro muy
posiblemente los editores de Tercer Mundo lograrán que el doctor Rosselli entre a un
ámbito más amplio, aunque no exactamente al que llamamos del "lector común".
En efecto, la temática de esta obra no es del campo de las "variedades"
sino precisamente de historia, medicina,
psiquatría, psicoanálisis y literatura pero el hecho de estar distribuida a
través de breves ensayos permite al lector penetraciones fraccionadas e interesantes sin
que se le exija convertirse en un serio y tenaz investigador, al estilo del mismo autor.
Son dieciséis los
ensayos que se reúnen en este volumen, y no catorce como se dice en la nota
preliminar. Ellos se agrupan por afinidades temáticas, y se ordenan secuencialmente
como sigue: los dos primeros sobre dos importantes figuras de la literatura; siguen otros
dos trabajos referidos al psicoanálisis; luego cinco relacionados con la psiquiatría,
dos ensayos en donde se combina la historia de la medicina y de la psiquiatría
("López de Mesa y la medicina" y "Contribución de la medicina a la
interpretación de la historia nacional"); continúan luego cuatro sobre historia y
medicina, para terminar con un artículo que versa sobre un fenómeno de actualidad en la
vida nacional ("psiquiatría de la violencia en Colombia").
Los estudios sobre
Epifanio y Barba Jacob ("La locura de Epifanio" y "Barba Jacob y la
historia de la marihuana") tienen grandes cualidades investigativas y estétitcas en
sus apartes biográficos, y dejan sentir una gran calidez en la aproximación que se hace
a sus vidas. Pero su composición es heterogénea y discordante. Así, cuando se entra a
definir la dolencia de Epifanio desde el punto de vista de la nosología psiquátrica, se
experimenta un gran "bajón" en el estilo. Del mimo género fueron las
reacciones en la Sociedad Antioqueña de Psiquiatría luego de lanzar su diagnóstico
sobre la hiperactividad de Barba Jacob.
Los textos sobre
psicoanálisis son originales en su propósito y se relacionan directamente con Freud. En
el primero ("Sigmund Freud en Colombia) se recogen las influencias hispánicas en la
obra freudiana, y en el segundo ("Un olvido inexplicable de Freud") se intenta
explicar por qué el creador del psicoanálisis olvidó citar a Karl Abraham. Ambos
escritos parecen tener un matiz de independencia frente a la mentalidad de las colonias
culturales.
Para abordar los cinco
artículos sobre historia de la psiquiatría sugeriría al lector comenzar por
"Evolución de la psiquiatría en Colombia", el cual da una visión panorámica
de dicha historia, por cuanto se extiende sobre todos sus períodos. En este conjunto de
escritos aparece el primer ensayo dedicado en su totalidad a elaborar una descripción
biográfica (sin interpretación psicológica) de un personaje; se trata de "El
profesor Maximiliano Rueda Galvis, primer psiquiatra colombiano". "Ideologías
psiquiátricas en Colombia" trata de caracterizar la práctica psiquiátrica de cada
época por una concepción particular. Se dice allí, además, que la doctrina que le
sirve de fundamento es una ideología (cf. pág. 72).
Más que a la historia de
la medicina (y parcialmente de la psiquiatría), los siguientes seis trabajos se refieren
a la presencia que ellas han tenido en nuestra historia nacional. De nuevo se incluye uno
de carácter global, el cual también recomendaría leer de primero; se llama
"Contribución de la medicina a la interpretación de la historia nacional". La
modalidad de estos estudios vuelve a ser variada; si predomina la exposición biográfica
en "López de Mesa y la medicina" y "Mutis médico", ella no deja de
utilizarse en las demás exposiciones de tipo historiográfico, sobre todo porque se da
gran peso a los personajes que intervienen en los acontecimientos. Además, el enfoque
varía radicalmente en "Aspectos médicos de la campaña libertadora de 1819",
en donde se trata del influjo de las enfermedades y de las agresiones climáticas en el
desarrollo de nuestra historia.
No hace, pues, el doctor
Rosselli una historia que trate sobre los conceptos o el cuerpo dóctrinal y técnico ni
de la medicina ni de la psiquiatría. En la obra sólo se encuentran algunos pasajes
cortos en donde se describe la concepción clínica y la práctica terapéutica a
propósito de los tratamientos efectuados a Antonio Nariño y a Simón Bolívar, o los
tratamientos psiquiátricos que empleaba Maximiliano Rueda.
El inventario anterior
nos pone de manifiesto una gran diversidad: diversidad de los asuntos, en primer lugar, y
luego diversidad de modalidades para hacer historia. Así es como encontramos la
descripción biográfica, o bien interpretaciones psicobiográficas muy completas (caso de
Epifanio y de Barba Jacob), o parciales (del olvido de Freud); o una consideración sobre
los factores biológicos en la historia.
La falta de una actitud
polémica convierten en gran medida estos estudios en cuadros cronológicos salpicados de
anécdotas. La actitud asumida por el doctor Rosselli es más
bien la de una neutralidad descriptiva, confundida
muchas veces con la objetividad. Neutralidad que se complementa tanto con el llamado a la
discreción que hace a sus colegas, con la satisfacción expresada por la introducción de
elementos científicos en la psiquiatría, como con la posición comprensiva y nada
moralista frente a los excesos de Barba Jacob o los desvaríos de Epifanio.
Perola elaboración de
estas cronologías no va en detrimento del estilo
claro y ameno; la anécdota emotiva 1 (v.gr. la
amputación del brazo del
coronel Jaime Rook) se mezcla con la información exacta acerca de las
direcciones de los consultorios que tuvo López de Mesa.
De resto, y en cuanto a
posibles juicios de valor, parece traslucirse la idea de un inevitable progreso dentro de
la medicina y de la psiquiatría. Quizás esa imagen teleológica es la que lo lleva
afirmar, un tanto por fuera de su estilo "imparcial", que López de Mesa fue una
frustración para la psiquiatría. Así mismo, frente a la "crisis de
desarrollo" que puede significar el influjo de ciertas corrientes sobre ella, que
quieren desintegrarla y llevarla a la neurología o a la psicología y la sociología, el
doctor Rosselli se limita a expresar un acto de fe en sus capacidades de superación (cf.
pág. 180). No se habla, pues, de las condiciones históricas que hacen ser de determinada
manera, sino de lo que la psiquiatría o el infortunado López de Mesa deberían ser.
Si se habla de una
psiquiatría o de una medicina precolombina o coloniales también porque todo se lo está
mirando desde el presente, sin acercarse a la comprensión de la lógica propia de esas
practicas que se asemejan a las actuales, o sin tratar de comprender el estatus
específico que tenían las enfermedades. Sólo si se asume una concepción estrictamente
biológica de la enfermedad podría decirse que ellas eran padecidas por nuestros
antepasados.
Y en este punto parece
posible decir que la imparcialidad de nuestro erudito doctor, alberga en su interior un
particular interés. Este, a juzgar por la importancia que tiene para el doctor Rosselli
el estudio de los per
sonajes, parece ser la
búsqueda de una respuesta sobre el papel social del médico. Al menos en la
reconstitución de este antiguo papel se ocupa repetidamente nuestro autor. Siempre trata
de médicos que han influido en los destinos del país o de una región o que han
participado en acontecimientos capitales. Se aplica pues, a considerar la función del
médico en otra serie de prácticas sociales políticas o culturales.
Que el
papel del médico en el campo social o en el de las disciplinas humanas no es hoy el mismo
de antes, esto no se considera en ninguna parte. Cada vez más presenciamos el
perfilamiento de un médico que se convierte en funcionario técnico, absorbido por los
sistemas burocráticos de salud, y cada vez menos tenemos médicos como Fernández-Madrid,
Celestino Mutis, López de Mesa o Maximiliano Rueda. En otras palabras, la transformación
que ha sufrido la práctica de la medicina ha llevado a que el médico establezca
relaciones diferentes con otros dominios (las instituciones, las relaciones sociales, los
procesos económicos o los sabéres). En la actualidad, sus relaciones preferidas son con
lo político mucho más que con lo cultural.
Si, entonces, por un
instante le aplicamos al doctor Rosselli el mismo método psicobiográfico que utiliza,
podríamos decir que él sufre de "nostalgia humanista", entendida ésta como el
anhelo de revivir la figura de aquellos médicos que cultivaban de forma integrada la
"medicina científica" y los "saberes humanísticos".
Desafortunadamente las
mismas páginas del doctor Rosselli son una amplia ilustración de la imposibilidad de
esta integración. Cop lo cual no se quiere decir que al doctor Rosselli le falte
sensibilidad para seleccionar los momentos claves y poéticos de las vidas de sus
personajes, o la capacidad de profundizar en sus condicionamientos psicodinámicos, sino
más bien que muy a pesar suyo en sus trabajos se yuxtaponen la literatura, la
biografía, la medicina, la psiquiatría y la historia. No parece que la posibilidad de
integrar estas disciplinas en forma fructífera sea asunto de tener una voluntad o un
proyecto definido. Por el contrario, la
configuración actual de la medicina, tanto en su "interior" como en los
vínculos con su "exterior", parecen indicar que el destino actual del médico
sea mantenerse en esa división interna de sí mismo, el de llevar una múltiple
personalidad.
No es irreverente decir
que en todos estos escritos se pasea el espíritu de un coleccionista, si tenemos en
cuenta que ese afán está animado por la búsqueda de un objeto desconocido. Tanto por su
motivo oculto como por sus resultados se distinguen los coleccionistas y las colecciones.
Desde e joven preadolescente que reúne llaveros o cajetillas de cigarrillos, pasando por
el comprador de valiosos objetos antiguos o de obras de arte, hasta el recopilador de
datos históricos. Las diversas colecciones de datos que representan los estudios que se
nos ofrecen en esta obra se mueven dentro de toda la gama de este espectro de calidades;
tienen altibajos como todas las obras humanas, pero del balance global, además de una
nota positiva, se desprende la comprobación de una constante: la de una intensa y
continua pasión historiográfica del doctor Rosselli que hace posible su consecución.
De todas formas, también
pueden leerse los trabajos de tipo histórico como si fueran novelas en las cuales
indagamos o soñamos con la realización de
anhelos nostálgicos; y, en efecto, el doctor Rosselli nos brinda una gran ayuda para ello
con sus excelentes representaciones de los ambientes.
MAURICIO FERNANDEZ ARCILA
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