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Tres
bolas, dos strikes
El cuarto bate
Roberto Montes Mathieu
Plaza y Janés, Bogotá, 1985, 138 págs.
Montes Mathieu toma,
con este su primer libro, el lugar que le corresponde dentro de la nueva nárrativa
colombiana. Estos catorce cuentos son muy representativos de la tendencia actual: el
propósito incesante de radiografiar la realidad nacional con la mirada puesta en el
ámbito particular de cada narrador, en este caso específico la costa, su gente, sus
maneras de pensar y de actuar, la influencia del entorno físico en el delineamiento del
ser interior.
El libro está dividido en dos secciones: una la integran aquellos cuentos escritos entre
1972 y 1978; la otra, los creados en 1979 y 1980. Si se tuviese que escoger entre las dos
partes, los primeros son más atractivos, seducen más al lector, tienen más maquillaje.
Entre los relatos más logrados, está el que da nombre al libro, El cuarto bate. En
él encanta la fluidez del relato en primera persona, la recreación perfecta del medio
donde se mueve el personaje, y la caída finál, el cierre de la narración, la ironía
amarga de la derrota presentada con la suficiente dosis de humor para hacerla más dura,
más duradera.
Es también muy destacable el cuento La noche memorable. En él hay un acercamiento
directo a la infancia, a los sueños del cine, las primeras manifestaciones de la
sexualidad. Y, por encima de todo ello, el retrato de la identificación de los
espectadores con los personajes de las cintas cinematográficas, el artificio
sobreponiéndose a lo real.
[...] y yo le dije que
no me gustó la película no me lleves más al cine porque
no quiero verte llorar y me abrazó fuerte y me besó y sentí sus lágrimas
calientes en mi cara y le dije mamá mamá y se me empañaron los ojos y
lloramos juntos porque comprendí que ella iba a seguir llorando aunque no
volviéramos a cine (pág. 20).
Los personajes de Montes
Mathieu se adhieren a las particularidades de su región, rechazan lo extraño nacional,
la gente andina, la música del interior. Quienes no pertenecen a su medio son mirados con
desprecio, con soma. En varios de sus cuentos, los malos de la película no son costeños,
como si el subconsciente colectivo se manifestase también en el mundo ficticio.
El narrador demuestra madurez en el manejo del idioma; una prosa ágil, viva, sin baches
que entorpezcan el estilo o disminuyan la claridad. Pero, simultáneamente, en algunos
cuentos, la técnica narrativa se resiente ante desarrollos demasiado obvios, historias
sin atractivo, anodinas: La guaca, A veces la vida me hace sentir como un muerto, Y
verás lo que nunca has visto. Narraciones que se resienten por falta de elaboración
artística, pues cuando el relato deviene crónica se pierde el horizonte estético.
El libro El cuarto bate muestra un narrador maduro de quien puede esperarle, con
mucha seguridad, que aportará obras sustantivas a la literatura nacional. Estas
narraciones son revelación de sus posibilidades y hacen aguardar con confianza y
expectativa sus próximas obras.
CLIMACO PÉREZ
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