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Los
muiscas al alcance
El último cacique de la Sabana
Luz Arrieta de Noguera
Ediciones Aurora, Bogotá, 1985,106 págs.
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Escrito como novela para
niños y adolescentes, sin pretensiones de carácter científico, el último cacique de
la sabana, de María de la Luz Arrieta de Noguera, recrea la historia de la nación
muisca del altiplano cundiboyacense, desde poco antes de la llegada de los españoles
hasta el comienzo de la colonia y la consolidación del sistema de encomiendas. Basado en
las crónicas de la conquista, especialmente en El camero de Juan Rodríguez
Freyle, agrega intencionalmente una buena dosis de drama al curso de los acontecimientos,
la cual incluye la creación de personajes que no se mencionan en los documentos
históricos.
Básicamente, en el texto se entrelazan una descripción de los últimos días del cacique
de Bogotá, las luchas entre éste y el de Guatavita por el predominio político en el
territorio muisca, la invasión española y los amores de dos conquistadores, don Diego de
Rivadeneira y Lázaro Fonte, con dos mujeres muiscas. Además del texto, el libro contiene
dibujos realizados por Hernando Vergara y una corta bibliografía, en la cual se
relacionan las obras de carácter científico de los cuales la autora tomó datos.
El objetivo de El último cacique de la Sabana es presentar a la juventud colombiana
una novela fácil de leer, sobre un tema que generalmente sólo se trata en los informes
técnicos de arqueólogos, antropólogos e historiadores. En este punto, por cierto,
constituye un buen ejemplo de la labor positiva que pueden, y deben, realizar los
escritores profesionales con el fin de dar a conocer a un amplio público lector la
historia precolombina.
En el manejo de algunos términos y conceptos, aún discutidos entre los especialistas, el
trabajo de María de la Luz Arieta de Noguera presenta un balance positivo. Las nociones
de una abundante y variada producción agrícola, la ideado reglas de filiación
matrilineal y el proceso de aprendizaje de los caciques son bien entendidas y se presentan
al joven lector de forma clara y didáctica. En particular, llama la atención el uso que
se le da a la ceremonia que los Españoles llamaron "correr la tierra", como una
fiesta de carácter comunal realizada con el fin de adorar a los dioses y distribuir
regalos, pues está mucho más acorde con las fuentes históricas que con las
interpretaciones recientes de algunos investigadores.
Hay aspectos, sin embargo, acerca de los cuales es necesario hacer notar ciertas
ambigüedades. Desde el punto de vista puramente técnico, no parece justificada la mención
de "minas de sal", indígenas "mercenarios" o "jeroglíficos
pintados sobre mantas", en la medida en que los muiscas, si bien conocieron la
explotación de fuentes de agua salada, no usufructuaron minas propiamente dichas,
y dado que el uso de los últimos términos no se ve sustentado por ninguna investigación
etnohistórica reciente. Otro detalle, que bien puede ser error de los impresores, es el
de hacer limitar él territorio de los muiscas con el de indígenas calimas, obvia
confusión con los colimas del valle del Magdalena. En Otros casos, existe cierta
visión de la comunidad muisca, que si bien se acomodaría a una caracterización de la
sociedad colombiana actual, no resulta adecuada para entender grupos prehispánicos. Tal
es el caso de la mención sobre caciques "tiranos", "impuestos",
jeques que celebran "ritos extraños" y de manera muy especial la
opinión que se nos ofrece sobre los panchos como tribu salvaje y sanguinaria.
De la lectura de El último cacique de la Sabana se desprende la necesidad de
realizar nuevas obras de divulgación sobre temas que se relacionen con los habitantes
precolombinos de esta nación. La novela de María de la Luz Arrieta de Noguera constituye
un ejemplo útil para emprender trabajos adicionales (y, ¿por qué no?, más novelas)
que, idealmente, deben ser el resultado del esfuerzo conjunto de escritores, antropólogos
e historiadores. Colombia no debe ser la excepción en el manejo de la información sobre
grupos humanos que poblaron su territorio en tiempos pretéritos, con el fin de forjar una
sociedad menos hostil hacia rasgos culturales diferentes de los normalmente aceptados.
CARL HENRIK LANGEBAEK
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