Boletín Cultural y Bibliográfico   Número 7,  Volumen XXIII,   1986
 
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Chipre, réplica exacta de la antigua catedral construida en madera que fue destruida en el incendio de 1925.


Manizales a través * de la fotografía

BEATRIZ HELENA ROBLEDO

FOTOGRAFÍAS: FONDO CULTURAL CAFETERO, ANTONIO DÍAZ Y JUAN CARLOS GAVIRIA

CUANDO LA MONTAÑA blanca abrió sus fauces, no fue sólo para evocar la muerte. Su rugido estremeció la memoria colectiva de un pueblo que había olvidado su origen. Los que lo recordaban sabían que esa dulce y bella durmiente que ahora despertaba había sido el plimer símbolo del desafío a una naturaleza empeñada en no dejarse domesticar. En el filo de esa cordillera indómita se fundó Manizales

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Edificio del cable aéreo, se inició su construcción en 1910 aprovechando la presencia de James Lindsay ingeniero australiano. Hoy funciona allí la facultad de arquitectura de la Universidad Nacional. Foto del cable aéreo para pasajeros, tomada aproximadamente en 1930 (propiedad de Jorge Alberto Jaramillo) La torre de Herbeo, la más alta del sistema de transporte del cable aéreo, fue construida en 1984.

Ahora, cuando el Ruiz se ha vuelto amenazante, recuperar la historia de Manizales es una necesidad ontológica. Dos trabajos que parten de la recuperación de la imagen plasman ese pasado, suplen esa necesidad: Memoria de la Ciudad. Siglo XX, presentado durante el mes de septiembre de 1985 en la sala múltiple del Banco de la República, en la que dos arquitectos, Antonio Díaz y Juan Carlos Gaviria, exponen en treinta y cinco paneles, con fotografías actuales, los cuatro momentos de la evolución arquitectónica de la ciudad desde 1900 hasta hoy. Manizales de ayer, historia fotográfica de la ciudad desde su fundación hasta los años cincuenta, presentada en la sala del Fondo Cultural Cafetero, de noviembre de 1985 a febrero de 1986, trabajo realizado por un comité ad honórem y coordinado por la señora Norma Velásques Garcés.

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El barrio Los Agustinos, es el único complejo urbano construido antes del incendio que aún se conserva. La iglesia de La Enea, la primera construida en Manizales, ha sido restaurada.

 

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Actual catedral de Manizales, se comenzó a construir en 1928 sobre planos de Augusto Polty. Construcción de la actual catedral iniciada en 1928 por los arquitectos Pappio y Bonnarda.

Se muestran cuatro tendencias de estilo: tradicional, republicano, moderno y contemporáneo. Fotográficamente el trabajo destaca los dos primeros, por ser los que se acercan a una identidad más sui géneris, los que conservan una mayor riqueza ornamental y una homogeneidad expresiva.

Aunque la arquitectura tradicional, llamada también arquitectura paisa o de los fundadores, no tiene un período exclusivamente definido, sino que ha estado presente en el hacerse cotidiano de la ciudad, tuvo su momento de mayor auge desde finales del siglo pasado hasta 1925-26, cuando la ciudad fue prácticamente destruída por dos voraces incendios.

Como testimonio de este periodo la ciudad conserva un barrio completo: el de los Agustinos. Valioso no sólo por ser el único sobreviviente de las llamas, sino porque es una de las pocas visiones amplias del uso consecutivo de la técnica del bahareque de guadua, con todas las imágenes populares posibles. Primer barrio que surge fuera del centro a mediados de 1870. Sus casas representan la perfección de un estilo. Lo que era sólo tendencias, continuidad de la arquitectura antioqueña, aquí se transforma sustancialmente: mayor utilización de la guadua, adaptabilidad al terreno abrupto y empinado, urbanización de una concepción rural de la vivienda. La vivienda concebida como espacio urbano: elementos verticales, diagonales, balcones, aleros, disposición de vanos y llenos, intención de ritmo en las ventanas formando fachadas sencillas y ricas en elementos decorativos.

La primera experiencia continuada en la arquitectura del bahareque
de guadua como parte del desarrollo evolutivo de una

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La Calle Real, como se le llama, hoy la carrera 22 entre calles 22 y 21. La fotografía fue tomada en 1910 por Félix Restrepo, es propiedad de Rodolfo Villegas.

técnica y su manifestación en nuevos elementos espaciales,
propios de una región topográficamente abrupta, se encuentra en Manizales
1.

La bambusa guadua, elemento que hizo posible el primer impulso de la ciudad, es de una resistencia, adaptabilidad y nobleza que permite la construcción de viviendas en terrenos excesivamente empinados. Relegada al olvido, con el tiempo se fue cargando de una connotación peyorativa, sinónimo de pobreza. Hoy se revalúa: la facultad de arquitectura y las entidades constructoras la hacen objeto de investigaciones y experimentos.

De esta arquitectura tradicional, la ciudad conserva también el edificio de El Cable. Producto de una época próspera para el país. Primeras exportaciones de café, desenvolvimiento de los ferrocarriles nacionales, relaciones directas con el exterior, obsesión de modernidad, de contemporizar con el mundo europeo y estadounidense. La construcción del cable aéreo se inició en 1910, aprovechando la presencia de ingenieros ingleses, quienes asesoraron la construcción de los ferrocarriles de La Dorada y del Atlántico. Su diseño se debe al ingeniero australiano James Lindsay, edificio netamente funcional, concebido como terminal de transporte y bodega de almacenamiento. Punto de embarque de materia prima del café. Retorna la arquitectura de la región, con grandes corredores, techos de dos aguas, teja, guadua.

Enfrente del cable se encuentra la torre de Herbeo, una de las más altas del sistema de transporte, la única que fue construída de madera, debido a que la original de hierro quedó perdida en alguna parte del océano, cuando los alemanes, durante la guerra del 14, hundieron el barco que la traía.

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Grupo de damas en 1920, la fotografía es propiedad de Fernando Rendón.

 

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Antigua estación del ferrocarril donde hoy funciona la Universidad Autónoma, claro ejemplo de la arquitectura ecléctica realizada por extranjeros en la década del 20. Estación del ferrocarril de Caldas, fotografía tomada en 1930 aproximadamente, propiedad de Rodolfo Villegas.

 

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Antiguas ruinas de la Gobernación de Caldas, fotografía tomada aproximadamente en 1925 propiedad de Alicia Vélez de Vélez. Actual edificio de la Gobernación de Caldas, época republicana, construido por Pappio y Bonnarda en la década del 20.

 

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Esquina del centro de la ciudad tomada en 1910. En la actualidad se encuentra allí el Banco del Comercio. La fotografía es propiedad de Jorge Alberto Jaramillo.

A partir de los planos originales se reconstruyó con maderas de la región. Es una obra maestra de artesanía. La torre de Herbeo es ahora memoria viva de un próspero pasado, gracias al empeño de algunos arquitectos que lograron plantarla en un parque de la ciudad como homenaje a la historia del cable aéreo.

CON EL INCENDIO: LA ARQUITECTURA REPUBLICANA

Mis ojos mortales vieron el incendio. El fatídico recuerdo será como una leyenda
de tiempos y lugares abolidos, como una obscura tragedia irreal en medio del
bosque tenebroso, de senderos impracticables...
2

Dos incendios, uno en julio de 1925 y otro en marzo de 1926, devastaron todo el centro de Manizales. De las cenizas resurgió, en el tiempo milagroso de dos años, una nueva ciudad. Edificaciones institucionales opulentas y ornamentadas borraron las huellas de la sencilla construcción de guadua, de la calle angosta, del camino real, para hacer realidad el sueño de la ciudad grande. El espacio público urbano se transforma. La calle se vuelve un gran salón decorado. Se vincula una nueva palabra al lenguaje cotidiano: edificio. Esta instauración del llamado estilo republicano, estilo ecléctico y excesivamente ornamentado, retomado de corrientes europeas, fue un fenómeno nacional. Sin embargo es en Manizales donde cabe apreciar en conjunto este estilo. Es el único sector conformado que se conserva en pie en el país. Es por esta memoria viva que en la exposición se pueden observar los edificios más representativos: el de la gobernación, el del Colegio de Cristo, el de la licorera, el de la estación del ferrocarril.

TRANSICIÓN HACIA LO MODERNO

"Hagamos una catedral de modo que todo el mundo diga que estamos locos..." parece haber sido el lema cuando decidieron reemplazar la antigua iglesia destruida por el incendio del 26. De varios proyectos presentados se escogió por encuesta popular el del francés Augusto Polty, inspector de monumentos históricos de su país. El pueblo eligió y el tiempo ha demostrado el acierto en su elección, pues hoy la catedral es parte integral de la silueta de la ciudad y uno de sus documentos de identidad. Antes que su estilo, seudogótico, fue importante la vanguardia tecnológica. Fue la primera construcción en grande que se hizo en ferroconcreto. Era una construcción ambiciosa y proyectada hacia el futuro. En 1928 los manizaleños construían un universo religioso aún hoy incomprendido. Aunque fue declarado monumento nacional, se encuentra descuidado y la ausencia de la torre que destruyó el terremoto de 1962 la desequilibra.

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Album de la familia Henao Vélez. Eleuterio Villegas (Tellito)

Otra serie de fotografías de esta etapa, llamada transición hacia la modernidad, destaca la época de las casaquintas, en especial las del barrio Versalles. Un edén para la aristocracia manizalita, que busca salirse de la confusión del centro, del anonimato que surge con las primeras masas obreras y los primeros cordones de miseria. Versalles fue una ciudad jardín en la montaña, una manera mágica de detener el tiempo, un refugio para los homogenizantes cambios que trajo la modernidad.

La última parte de la exposición corresponde a lo más representativo del modernismo y de la época contemporánea. Construcciones del año setenta para acá, donde se personalizan las expresiones, a raíz de la creación de la facultad de arquitectura. Esto propiciá la inmigración de profesionales y la formación de arquitectos compenetrados con el medio. Pero a la vez el extremo, la despersonalización total con las construcciones en serie. Manizales entra en el modernismo a la par que el resto del país: viviendas masivas, urbanizaciones, gigantescos cajones de cemento que irrumpen con ímpetu en la silueta de la ciudad.

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Ruinas de las casas aledañas a la plaza Bolívar después del incendio de 1925. Propiedad de Alicia Vélez de Vélez.

 

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Imágenes del segundo incendio en 1926. La fotografía es propiedad de Héctor Jaramillo. Momento en el que intentaban apagar el incendio de 1925. La fotografía es propiedad de Héctor Jaramillo.

La cercanía del tiempo dificulta una perspectiva tan clara y coherente como la del pasado. Se da aquí una selección más arbitraria, más ceñida al criterio de los expositores. De todas maneras recoge las tendencias más representativas de una época heterogénea y confusa, inclusive para la definición de un estilo.

Memoria de la ciudad. Siglo XX es un trabajo valioso sobre todo para la historia de la arquitectura ciudadana. Sin embargo faltó claridad en el montaje. Un manizaleño que conozca los laberintos de su ciudad se deleita en el juego del reconocimiento. Pero un extraño queda desorientado. Faltó información, ubicación cronológica, identificación de los edificios y de las épocas, para así poderse abandonar a la contemplación de una ciudad, sin temor a perderse.

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Torres de la antigua catedral de madera mientras se derrumbaban en el incendio del 25. La fotografía es propiedad de Alicia Vélez Sáenz.

 

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Rodolfo Velez y Matilde Arango fotografiados en 1925, propiedad de Matilde Vélez de Jaramillo.

 

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Antiguamente este era el túnel para llegar a la estación central del ferrocarril, hoy ha sido habilitado como calle. Fotografía tomada en 1927. Propiedad de Rodolfo Villegas.

 

 

En este fragmento de un mosaico antiguo de la Federación de Cafeteros puede verse tres de los fundadores de Manizales; de izquierda a derecha don Manuel Grisales quien —según dice la inscripción— plantó café en la Playa (municipio) en 1870. Don Marcelino Palacio quien sembró café en "Sebastopol" (municipio) en 1870 y don Pantaleón González que lo hizo en el municipio de Arabia en el mismo año. La fotografía es propiedad de Manuel Grisales.

MANIZALES DE AYER

Un viaje en busca de los orígenes. La foto fija de una película en sepia y blanco y negro, en la que, a pesar de la abundacia de personajes, se erige en protagonista la ciudad misma, en su obstinación de ser y permanecer pese a los retos: terremotos, incendios, abismos y cañadas, y ahora... el volcán. Todo comienza en 1848 con los retratos al óleo de algunos de sus fundadores: Manuel Grisales, a quien -según las crónicas- se debe el nombre de la ciudad, pues sus siglas eran Man. Zales., Marcelino Palacio, Joaquín Arango, Eduardo Hoyos. De los demás miembros de la llamada Expedición de los 20 queda la memoria escrita:

Hasta 1848 no se había pensado en fundar ninguna población y fue en este
año cuando se organizó en Neira la expedición de los 20 para buscar el lugar
donde debía de hacerse un pueblo entre los ríos Guacaica y Chinchiná.
3 .

Después de intentar establecerse en varios sitios, decidieron finalmente hacerlo en donde actualmente es la plaza de Bolívar: el lugar menos apto por la topografía pero el más conveniente para abrir una vía comercial que uniera a Neira con Cauca y Tolima.

Acertaron en cuanto a la mira comercial en la cual tenían fe ciega, y erraron,
pero voluntariamente, en la elección de la localidad. Para edificar a Manizales
ha sido necesario empezar por hacer el suelo..
.‘ 4

Luego Manizales adquiere importancia militar, a partir de la guerra de 1860, cuando el general Mosquera, al atacar la ciudad, defendida por el ejército de Antioquia, es vencido, demostrando con ello la excelente situación estratégica de la ciudad.

Finalizadas las guerras del siglo pasado, Manizales comienza su camino hacia el progreso. Fue nombrada capital de la provincia del Sür de Antioquia. Se fundaron los primeros periódicos, los primeros bancos, la primera imprenta...

La exposición recoge este progreso, esta transformación creciente y paulatina. Permite apreciar la homogeneidad arquitectónica de ese estilo nacido del uso de la guadua que caracterizó a la ciudad antes de su destrucción; las modas de la época, el primer batallón, la primera cárcel, la antigua gobernación, el palacio municipal. Leer la historia de Manizales con estas imágenes tan claramente delimitadas es viajar a través del tiempo, conjurar por un instante el fuego que la destruyó y habitarla.

De repente salta sobre los tejados el grito angustioso de nuestra campana...
ˇFuego! grita nuestra campana desde lo alto de su torre... Dos sombras corren
desaladas dando gritos: ˇIncendio! ˇIncendio! Ya son diez, veinte, cuarenta.
Un pequeño grupo se agita en la esquina trágica. Ya por las ventanas asoman
las lenguas azules y viperinas de la llama. Agua poca, bombas ninguna,
herramientas, nada, nada. Y el grupo espasmódico se queda por un momento
hebeteado de pavor, mudo y estático antelo irremediable. La ciudad estaba herida
en el corazón...
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El escenario es destruido por el fuego. Los incendios de 1925 y 1926 convirtieron la ciudad en cenizas, escindieron su historia en un antes y un después. El primero devastó 23 manzanas de 254 y 216 edificios, entre ellos el palacio de gobierno, el obispal, los bancos de Londres, del Ruiz, Mercantil y de Caldas y numerosas casas. El segundo quemó totalmente la catedral (de la que hoy queda como réplica la iglesia de Chipre) y 21 edificios.

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El edificio Sáenz a la derecha y la casa Estrada a la izquierda, tal como se conservan en la actualidad. Fueron construidos por Pappio y Bonnarda.

El antiguo Palacio Municipal destruido por el terremoto de 1962. Fotografía tomada en 1920. Propiedad de Bernardo Escobar.

 

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Plaza de Bolívar, al fondo la primera catedral, aproximadamente en 1900. Imagen del Banqueo como se le llamó al trabajo realizado después del incendio. Calle 23 entre carreras 19 y 20. La fotografía es propiedad de Mercedes Berrío de Mejía.

 

El paisaje es desolador. Las fotografías hablan por sí solas. Sobresale una secuencia fotográfica de las llamas devorando la catedral... la gente ayudando a mover escombros. Según las crónicas, no hubo pérdida de vidas humanas, pero sí una población entera sin techo de la noche a la mañana, y consciente de su impotencia ante la catástrofe, removida en su confianza en el progreso. La ciudad no contaba con un acueducto de presión suficiente para combatir las llamas, tampoco tenía cuerpo de bomberos ni maquinaria que amortiguara su voracidad. Las pérdidas materiales fueron avaluadas en doce millones de pesos oro, suma astronómica para la temprana fecha de 1926.

A falta de agua, dinamita. Para detener el fuego era necesario demoler los edificios vecinos:

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Actual Palacio Arzobispal ubicado en la que hoy es la carrera 23. Foto tomada en 1910. Propiedad de la Sociedad Colombiana de Arquitectos.

Y anónimamente estalló la primera carga de dinamita. Era una pequeña
cápsula de gelatina empotrada en un grueso muro de mampostería,
la casa tembló pero quedó en pie. El heroico remedio consistía en
crear una ancha zona de escombros en torno del fuego enemigo,
una trinchera nivelada en donde pudiera el hombre luchar siquiera
cara a cara con el adversario. Se ensayó una libra de gelatina fulminante
y los edificios apenas se doblaron sobre sus cimientos. Era necesario
despedazarlos, volverlos materialmente añicos... y se ensayó la primera
caja de cincuenta libras de la pavorosa fórmula qúímica...
6

Después del desastre, el renacimiento. La entrada a la modernidad marcaba rumbos diferentes. Las nuevas técnicas de construcción exigían aplanar la ciudad. Los nuevos materiales no tenían las mágicas propiedades de la guadua. Fue el paso de la edad de la madera a la edad del hierro y el cemento. Cerca de la plaza de Bolívar hubo cortes hasta de 4,50 metros.

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Ruinas del segundo incendio.

Este movimiento de tierra se recuerda tradicionalmente con el nombre de banqueo.

Hasta aquí la cronología casi lineal de la exposición. El tiempo se acelera, se diversifica. Para contar esa historia hay que ser más selectivos. Los paneles se agrupan por temas: las construcciones más significativas de la nueva ciudad, y que ya no existen, entre 1930 y 1950. En otro encontramos a Clímaco Agudelo Velásquez y su obra. Diseñador y decorador, hizo los artesonados del teatro Olimpia, de la iglesia de los Agustinos, de la estación del ferrocarril, del palacio arzobispal.

Otro conjunto muestra los cambios que han tenido la plaza de Bolívar y la catedral de 1900 a 1950. Vemos la pileta de los Fundadores, traída a lomo de buey desde Honda por don Manuel Tiberio y don Tulio Estrada a finales de siglo.

Un paso más allá, los símbolos de la economía y del desarrollo: la estación del ferrocarril, el cable aéreo, los primeros exportadores de café. Al final del corredor, el recinto de los intelectuales. Se conmemora la época del grupo Grecoquimbaya y de los Leopardos. La política oficial y las letras tomadas de la mano. De estos años la ciudad adquirió fama de centro cultural.

Es bastante completo el trabajo de investigación histórica, evidenciado en las fichas técnicas que acompañan cada fotografía, donde, además de la información necesaria, se alcanza a narrar parte de la historia.

Manizales de ayer, cuando se borre de las paredes del Fondo Cultural Cafetero, quedará en los archivos de éste, en un audiovisual didáctico para los colegios, y en el corazón de quienes tuvieron la oportunidad de recobrar una parte de su memoria: el tiempo esencial de los orígenes.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

CARPENTIER. ALEJO, "Tientos y diferencias", en La ciudad de las columnas, Buenos Aires, Editorial Calicanto, 1967.

FAVO, PADRE Historia de la ciudad de Manizales, ts. I-II, Manizales, Editores Tipografía Blanco y Negro, 1926.

GIRALDO MEJIA, HERNÁN, Aproximación de Manizales en la arquitectura nacional colombiana, 1848-1 925, Universidad Nacional de Colombia, seccional de Manizales, mayo de 1984, págs. 56-57.

GIRALDO ZULUAGA, LUISA FERNANDA, La colonización antioqueña y la fundación de Manizales, Manizales Biblioteca de Escritores Caldenses, Imprenta Departamental, 1983.

LONDONO O., LUIS, Manizales. Contribución al estudio de su fundación hasta el septuagésimo quinto aniversario de su fundación. Manizales, Imprenta Departamental, 1936.

VILLEGAS, AQUILINO, Las letras y los hombres, Manizales, Biblioteca de Escritores Caldenses, t. 8, 1945.

VILLEGAS, RODOLFO, Archivo personal. Albúm de recortes de periódicos viejos. Artículo anónimo sobre el incendio, Manizales.

 

* Memoria de la Ciudad. Siglo XX y Manizales de ayer.  Exposiciones presentadas en el Banco de la República y en el Fondo Cultural Cafetero de Manizales. (regresar *)

1. Hernán Giraldo Mejía, "Aproximación de Manizales en la arquitectura Nacional Colombiana" 1848-1925, Universidad Nacional de Colombia, seccional de Manizales, mayo de 1984, págs. 56-57.   (regresar1)

2 Aquilino Villegas, citado por Hernán Giraldo Mejía, ibíd. (regresar2)

3. Luis Londoño O., Manizales. Contribución al estudio de su fundación hasta el septuagésimo quinto aniversario de su fundación. Imprenta Departamental, 1936, pág. 19. (regresar3)

4.  Luis Londoño O., ibíd, pág. 21.  (regresar4)

5.  Aquilino Villegas, "La oración sobre el incendio", en las Letras y los hombres, Manizales, Biblioteca de Escritores Caldenses, t. 8, 1945. pág. 149.  (regresar5)

6 . Aquilino Villegas, ibídem, pág. 154.  (regresar6)