Boletín Cultural y Bibliográfico. Número7,  Volumen XXIII , 1986
 

Los contratiempos de la poesía


Tiempo del no, tiempo del sí
Guiomar Cuesta Escobar
Biblioteca del Banco Popular,
Bogotá, 1984

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Cierto tópico de nuestros días asegura que la poesía es ya un género sin auditorio. El país, sin embargo, prefiere hacer caso omiso de ese lugar común y sigue manteniendo, en consecuencia, su alta producción de libros de versos, con lo cual, además, guarda lealtad a una de sus tradiciones no precisamente más encomiables. ¿Quiénes escriben eso libros? Como de costumbre, una amplia diversidad de gente. Algunos son hombres de Estado, u hombres de empresa, u hombres de letras; otros son prefesores y otros —sin duda, los menos— son poetas. De allí que dar con uno de estos últimos, es un hecho que el buen lector sabrá agradecer sobremanera. Al fin y al cabo, siempre lo acecha el riesgo de verse enfrentado a los autores más insospechados.
El nombre de Guiomar Cuesta Escobar no tiene antecedente alguno en el panorama de la nueva lírica colombiana. Tampoco se nos da ninguna noticia de ella en este libro que, en sesenta y tres páginas, reúne treinta y dos poemas. La única referencia es que se trata de "una mujer joven y bonita", según nos lo hace saber, en el prólogo, el expresidente Alfonso López Michelsen (los términos de ese prólogo, a propósito, son descomedidamente generosos e incluyen más de un desliz). La edición, en pastadura, es hecha por el Banco Popular, y hay que considerarla irreprochable.
De este volumen hay que decir, en primer término, que permite entrever algunas preocupaciones recurrentes, que uno pudiera no compartir, desde luego. En rigor, una idea general recorre sus páginas, y podríamos exponerla así: Acaso del mismo modo como el Predicador habla de que "todas las cosas tienen su tiempo", y señala, por ejemplo, un tiempo de morir y un tiempo de nacer, un tiempo de matar y un tiempo de curar, nuestra autora plantea, en términos más genéricos, la existencia del tiempo del si y del tiempo del no. El primero representa el imperio de los valores éticos y sociales reconocidos como justos y buenos; el segundo, la negación de esos valores y el imperio de sus contrarios.
Ahora bien, rechazar los valores del no (esto es, con propiedad, los no valores) y vindicar los valores del sí, es la actitud que, por supuesto, trata de mostrarnos la autora. Sus versos, en consecuencia, desenvuelven una prédica que se orienta en dos direcciones: por un lado, en favor del amor (el amor sobre todo el amor), la amistad, la indulgencia, la bondad y la esperanza; y por otro lado, en contra de la violencia, el odio y el egoísmo. Sólo que esta causa es asumida de un modo algo abstracto. Se diría que el propósito es revelarnos a un alma de buena voluntad que invoca el bien y condena el mal, pero desde una postura que parece no tener en cuenta la substancia compleja y contradictoria que informa la vida humana. ¡Guiomar Cuesta nos presenta sus motivos en un plano íntimo y en un plano social. Así, hay poemas que se refieren a vivencias estrictamente personales, la mayoría de ellas de índole amorosa; así, hay también poemas que fijan su atención en los otros, en lo colectivo. Pero en ambos casos, el tratamiento de la realidad se hace con el mismo instrumento:  un tono exaltado, patético, casi de melodrama. De tal suerte que, si el poema es de corte social, uno se encuentra con cosas como ésta:

¡No a la tortura!
¡No al secuestro!
¡No al asesino!

¡Tiempo del no, tiempo del sí, pág. 13)

Y si el poema es de corte amoroso, se puede leer lo siguiente:

‘¡Vete!,
la puerta del adiós está dispuesta
¡Vete!,
una nube de pañuelos te despide.

(¡Vete!, pág. 45)

Debe anotarse que los poemas amorosos cubren la mayor parte del volumen. El amor aparece allí en sus diversas contingencias: celebración del amor, fracaso del amor, ausencia del amor. Tales contingencias revelan, según el caso, la presencia del tiempo del sí o del tiempo del no, dentro del código de la autora.
Nota distintiva de la última poesía escrita en Colombia por mujeres, el erotismo es también pretendido, desde luego, en estos poemas. Pero los resultados obtenidos a este respecto no logran despertar mayor interés. En cambio, llevan al doctor López Michelsen a la conclusión de que, por causa de los mismos, ¡el libro acabará escandalizando al medio! Todo porque el asunto suele limitarse a la exposición directa, casi documental, de la experiencia sexual. Y es evidente que ello no llega a alcanzar trascendencia poética. Resultan, pues, inútiles —y, por el contrario, fatales- el énfasis y la vehemencia que, en gran proporción, pone aquí la autora. Leamos:

[...] confundidos con el fuego
somos un volcán,
besos, suspiros, anhelos...
(...) esta pasión
que nos lleva a dejarnos amar
con todas nuestras borrascas...
(Vibración viento y mar, pág. 61)

Antes, en la página 47, en el poema Mi alma te retrata, había declarado que sus "caricias incipientes" fueron convertidas en "torrentes de amor". En términos generales, el lenguaje de estos versos hace del sentimiento amoroso una cosa estridente y ampulosa.  Las conclusiones a las que uno llegue con relación a este libro no pueden ser, en ningún caso, halagueñas. Su deficiencia creativa es notoria. La visión poética de la autora está gobernada por un modelo retórico viejo y gastado. Pon eso ni siquiera estamos seguros de que haya que reconocer en ella a un "valor promisorio", como lo sugiere el ilustre prologuista. La poesía colombiana olvidará pronto este libro, como ha olvidado tantos otros que, igual, han pasado sin pena ni gloria. No niego que puedan encontrarse allí uno o dos versos afortunados. Al fin y al cabo, y creo que la idea es de Borges, la belleza puede también sorprendernos desde lugares mezquinos.

JOAQUIN MATTOS OMAR