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Apuntes
borrosos sobre un buen caricaturista
Álbum de caricaturas
Horacio Longas
Ediciones Autores Antioqueños, vol. 18,
Medellín. 1985
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Los libros de caricaturas
tienen un denominador común: están compuestos por numerosas ilustraciones precedidas de
un corto prefacio; aparentemente requieren poco esfuerzo del lector. Los más interesantes
tienen explicaciones del momento político y del acontecimiento que originó el dibujo;
rara vez aparecen alusiones a los cambios estilísticos del caricaturista.
Los libros de caricaturas son agradables de ver, no solamente porque el contenido mueve a
la risa, al placer intelectual y estético sino porque aparentemente son fáciles; para
muchas personas resultan algo así como leer historietas.
Medellín se constituyó en el presente siglo en el adalid de la caricatura, no solamente
porque produjo el caricaturista más notable, Ricardo Rendón, sino porque a través de la
conciencia de la historia ha encontrado en la caricatura una fuente segura para la
investigación. Por otra parte, el humor ha ocupado un lugar predominante en el arte
antioqueño. Rendón fue famoso por su agilidad para fustigar los regímenes conservadores
de la década del veinte; el suicidio con que rubricó su amargura le dio un prestigio
aún mayor. Horacio Longas fue uno de los sucesores de Rendón. La importancia del lustro
en el cual trabajó en canricatura, de 1930 a 1935, esto es, el inicio del gobierno
liberal, le debió presentar un panorama de euforia con resultados imprevisibles para la
creatividad en el campo del humor gráfico político. Longas solucionó este problema
diciendo que no tenía chispa política. Después de aceptar un cargo en obras públicas
en Bogotá, regresó a Medellín para dedicarse de nuevo a la pintura y la escultura.
Es importante hacer énfasis en la carrera artística de Longas; muchas de sus caricaturas
denotan principalmente su sensibilidad de dibujante por encima de su sentido político,
verbigracia la denominada Llorando sobre las víctimas de la pasión sectaria; gran
número de las obras reproducidas en el libro recuedan su trayectoria de escultor: las
sombras chinescas, los retratos de antioqueños ilustres como Leon de Greiff o el general
Berrío remiten a su talento en la talla en madera, ejemplarizado con creces en el retrato
de Rendón que pertenece al Museo de Antioquia. Su caricatura de Olaya Herrera como el
pensador de Rodin señala su predilección.
Es innegable que Longas tenía, además, gran talento como caricaturista; el centenar de
dibujos reproducidos en el libro lo hacen evidente. Las causas de su desistimiento de ella
pueden ser varias: la gran importancia de Rendón aun después de muerto; el momento
político, más susceptible de alabanzas que de sátiras; el convencimiento de que la
caricatura era un arte menor. Si muchos de sus apuntes recuerdan a Rendón, especialmente
aquellos en los que aparece la patria como la Mariana o motivos con telarañas, otros como
la serie de Evoluciones en las que el hacha se convierte en palo de golf, el tambor
de bordar en timón de automóvil, etc., denotan originalidad en el tratamiento conceptual
del tema. Sus versiones de Olaya Herrera entre dos aguas, de Alfonso López como un tigre
al acecho y del Tío Sam exprimiendo al país son una muestra de su visión política.
Menos universal que Rendón, más provinciano, permite por estas características
distinguirlo de su antecesor.
Los libros de caricaturas se llaman a veces álbumes, como los de fotografías; a causa de
este nombre se cometen todas serie de errores en publicaciones de este género en el
país. El presente libro pertenece a una sobresaliente colección de autores antioqueños
que ha editado la secretaría de educación y cultura de Antioquia; la ha realizado de
manera discreta, sin querer inventar el libro*. Los títulos
Escritos de María Cano, Semblanzas y comentarios de Luis de Greiff, Salomé
de Fernando González, etc., indican que se trata de una serie verdaderamente
ilustrativa de la riqueza intelectual de la región. Sin embargo, al realizar un libro
ilustrado como el de Longas comete todos los errores que se pueden achacar a un libro de
caricaturas: al contrario de lo que se piensa, hacer libros de humor gráfico y leerlos
bien es difícil. Su lectura múltiple requiere condiciones especiales, pues de lo
contrario sólo producirá inquietud. En el Álbum de Horacio Longas, la única
información sobre el artista, fuera de la biografía colocada inadecuadamente en las
solapas, consiste en dos mediocres reportajes que poco o nada ayudan a la comprensión del
artista; el admirador de las artes gráficas se queda sin saber cuál es la técnica, el
formato y las fechas de los dibujos. El aficionado a la historia no encuentra ninguna
información respecto a la noticia que originó la crítica. Si el caricaturista tiene una
misión en la sociedad, no se deben hacer libros de humor tan festivamente. Quien no sea
iniciado en cultura antioqueña se quedará sin saber quién es el "verraquito
imaginero".
BEATRIZ GONZÁLEZ
*
"En Colombia hay una tendencia a inventar el libro". Malcom Deas, 1984. (regresar*)
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