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Gerente
e investigador: dos oficios, dos enfoques
Historia de una gran
empresa
Carlos Sanz de Santamaría
Ediciones Gaudí, Barcelona, 1983
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La historia empresarial
como modalidad testimonial y como disciplina investigativa es reciente en nuestro medio.
En las universidades de los Andes y Nacional en Bogotá se han realizado las
investigaciones más sobresalientes sobre historia empresarial. Dentro de la modalidad
testimonial se destaca la de Francisco Javier Cisneros, donde da cuenta de las peripecias
que vivió durante el trazado y construcción del ferrocarril de Antioquia; igualmente la
amplia biografía de Phanor Eder sobre El fundador Santiago Eder, pionero de la
industria azucarera en el Valle del Cauca e impulsor de innovaciones tecnológicas en
distintos campos. Deben mencionarse también los cuidados diarios que llevaron algunos de
los primeros industriales, muchos de ellos hoy perdidos o inéditos, donde pueden seguirse
sus anhelos y aprehensiones así como conocerse sus observaciones sobre el país, su
región de origen y las costumbres, creencias y valores en los que se formaron. Parte de
la historia de las empresas se encuentra también desperdigada en folletos conmemorativos
de aniversarios de fundación, en las páginas de algunos estados financieros, donde,
además de las estadísticas, se consignan los informes del gerente a la junta directiva o
se incluyen reseñas históricas salpicadas de nostalgia y compasiva admiración por el
pasado.
Sin embargo, un gran acervo documental sobre las empresas y el trabajo se encuentra aún
sin conservar ni elaborar, pues yace en la memoria de los protagonistas, sean obreros,
técnicos, gerentes o propietarios.
La historia de una gran empresa forma parte del género de los testimonios
empresariales y refiere la evolución de la fábrica de Cementos Samper. Como antecedente
inmediato de historia de una empresa cementera, puede citarse la obra de E. Libardo
Ospina, conmemorativa de los cuarenta años de Cementos Argos, publicada en Medellín en
1974.
El autor de la obra que reseñamos fue gerente y miembro de la junta directiva de la
empresa; para la redacción del texto utilizó entrevistas realizadas a distintas personas
"e interpretadas" por Mauricio Acero.
La publicación obedece al deseo de "mostrarle al país (...) lo que una empresa
puede hacer por él cuando quienes la integran están conscientes de sus deberes para con
la comunidad". El texto sigue dos directrices básicas: busca mostrar que los
empresarios están libres de motivaciones económicas y utilitaristas y que su
racionalidad económica básica es el bien común. La otra es la idea de que la historia
de una gran empresa simboliza y equivale a la historia de un gran país en patriótica
lucha por alcanzar el progreso. No obstante, en la narración la historia del país
aparece sólo en ocasiones y como tenue telón de fondo: es una historia desde adentro con
muy pocas ojeadas por fuera de la propia ventana.
Lujosamente editado en España, el libro se inicia con el capítulo "A comienzos del
siglo XX", cuando los hermanos Samper, hijos de Miguel Samper Agudelo, fundaron en
1909 la primera fábrica para producir cemento en Colombia, localizada cerca de Bogotá.
Los hermanos Samper fueron, como el resto de su clan familiar, empresarios avisados e
innovadores.
Los hermanos Samper estudiaron en Europa al amparo de los ideales liberales. Defensores
del libre cambio, de la libertad de los esclavos, "del derecho legítimo a la
propiedad, de los beneficios del trabajo, de los fueros del capital, a todos los cuales no
dudaban en asignarles el carácter de derechos naturales del hombre".
Su espíritu innovador se ejerció en el caso de la producción de cemento, si se tiene en
cuenta que sólo sesenta años antes se estableció en Alemania la primera fábrica
cementera en el mundo. Este material era poco conocido a principios de siglo en Colombia.
Se importaba en sólidos toneles de madera y muy lentamente sustituyó al barro y a la
arcilla, usadas para elaborar los adobes y las tapias pisadas. Una de las mayores
novedades presentes en la conmemoración del centenario de la independencia fue el Quiosco
Samper, construido al estilo griego, en cemento armado.
Sin embargo, los empresarios no sólo enfrentaron un mercado escaso y las dificultades
propias de la elaboración de un producto desconocido. Tuvieron que combatir la
inestabilidad política resultante del inmediato pasado bélico y procurar la fundación
de una ideología empresarial y laboral, tal como lo expresó Alberto Samper el día de la
inauguración del quiosco: "La muestra de lo que somos capaces es tan grande que a
todos nos ha sorprendido; y el asombro que nos causa y que vemos reflejado en todos los
semblantes, redoblará el anhelo que nos domina porque las lides bárbaras de las guerras
civiles se sustituyan por las de la competencia en el trabajo libre de monopolios, bajo el
imperio de leyes que garanticen la igualdad para todos".
Siguen en su orden los capítulos "Transformaciones en la década de los
cincuenta" y "Los ensanches que se adelantan en 1979-82". El recuento
culmina, por lo tanto, en 1982 y no da cuenta de la grave crisis financiera suscitada por
el alto endeudamiento externo de la compañía que la tuvo al borde de la quiebra durante
1984.
La publicación cuenta con numerosas fotografías provenientes de diversos archivos. Estas
son en ocasiones más dicientes que el texto, demasiado frío, demasiado aferrado a contar
la historia desde adentro y desde la perspectiva del administrador preocupado en el manejo
de dificultades coyunturales de capital de trabajo, materias primas, aranceles, crédito y
comercio exterior. Así pues, la narración termina siendo, en contra de los augurios del
primer capítulo, una enumeración cronológica de las diversas barreras que la empresa
tiene que sortear desde sus inicios hasta su constitución en holding y de las
formas como sus administradores las resuelven en cada período.
Los problemas de una historia empresarial contada desde la silla del gerente son
múltiples: encuentra pocos lectores, no sólo por tratarse de una edición de
circulación cerrada, sino porque es de interés sólo para los accionistas, los acreedores
y financistas, algún vicepresidente o subgerente que en sentido estricto
preferirían leer el estado de pérdidas y ganancias o el balance general y pare de
contar. Tiene defectos bibliográficos, como que carece de un índice analítico y
onomástico que facilite la consulta de la obra. Así mismo, para el historiador la
publicación es ciertamente de interés, pero incompleta. A diferencia del empresario
fundador que se expresó en discursos e informes, que buscó crear una actividad
económica de la nada contra viento y marea, el gerente de los años cincuenta que nos
cuenta la historia es un observador desapasionado del pretérito, comprometido en mantener
un liderazgo oligopólico, y por ello ofrece una mirada parcial de la historia que
pretende abarcar y reconstruir. Esto la hace incompleta: deja en el cajón documentos de
interés, presumiblemente existentes, enfatiza demasiado en los nuevos proyectos de la
empresa, no da los indicios necesarios para entender la época a lo largo de la cual opera
la compañía y paia entender la mentalidad empresarial y laboral sobre la que se ha
sustentado su desenvolvimiento. Este libro es una valiosa y lujosa constatación de que de
la silla del gerente al pupitre del investigador hay mucho trecho, y de que, no obstante,
cada uno puede valerse del otro para hacer lo suyo.
SANTIAGO LONDOÑO
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