Reseña economía: Un asunto pragmático
Un asunto pragmático
"Colombia y la deuda externa"
De la moratoria de los treintas a la encrucijada de los
ochentas
José Antonio Ocampo y Eduardo Lora
Tercer Mundo Editores - FEDESARROLLO
Ocampo y Lora hacen en este trabajo un aporte no solamente
importante académicamente a la ya abundante literatura sobre
deuda externa, sino de inmensa actualidad. La búsqueda de un nuevo
crédito externo de carácter voluntario que ha iniciado el Gobierno
por 1.850 millones de dólares ha puesto de presente en las últimas
semanas las limitaciones de la vía voluntaria escogida por las
administraciones Betancur y Barco como estrategia para manejar el
tema de la deuda externa en el país. ¿Vía voluntaria o
reestructuración de la deuda externa? Tal es el dilema que encara
la opinión pública colombiana en este momento, y tal es también el
interrogante que procura responder este libro.
Los autores parten de un supuesto racional y útil: el manejo de
la deuda externa no debe ser un asunto de principios sino
pragmático. No debe obedecer a dogmas sino al análisis objetivo de
las realidades y condicionamientos que quiérase o no, el mercado
internacional de capitales le impone a Colombia Esta es una
inteligente aproximación a un tema, que como el de la deuda
externa, cuando se recarga de ideologismos termina extraviándose en
el dogmatismo estéril.
Así ocurrió en los años treintas. Nos aferramos durante gran
parte de la administración Olaya Herrera al dogma del pago puntual
y escrupuloso de la deuda externa hasta que las circunstancias
terminaron desbordando al país, y tuvimos que reestructurar la
deuda cuandodefinitivamente los mercados de capitales voluntarios
se cerraron para toda América Latina. El libro comienza con una
interesante cita de la carta dirigida por el doctor Alfonso López
Pumarejo e18 de noviembre de 1931 al entonces Ministro de Hacienda,
doctor Roberto
Urdaneta Arbeláez: "Nosotros tenemos la inclinación mental
a considerar los problemas de la República aisladamente y nuestros
acreedores a verlos en el panorama suramericano o mundial. En el
caso concreto de la moratoria, hemos procedido con la idea,
equivocada en mi concepto, de que el cumplimiento estricto de
nuestros compromisos sería suficiente para defender nuestro crédito
externo, olvidando o desconociendo la influencia que sobre él
ejercen las condiciones financieras y políticas de las otras
repúblicas hispanoamericanas".
Esta cita ilustra bien la importancia del pragmatismo en el
análisis de todos estos temas. La encrucijada de la deuda externa
colombiana en estos momentos tiene grandes similitudes con lo
que, como se ha dicho, aconteció en los años treintas. "Fue
necesaria -dicen los autores- una gran presión política por parte
de los sectores favorables a la suspensión de pagos (que
rápidamente se tornaron mayoritarios), una cruda realidad cambiaria
y las necesidades fiscales generadas por la guerra con el Perú,
para que Olaya Herrera aceptara una moratoria gradual".
Finalmente se decretó la moratoria y según los autores su costo no
fue muy alto. Dicen en efecto, lo siguiente: "El costo de la
moratoria no fue, por el contrario, muy elevado, ya que su impacto
más importante fue mantener cerrada una fuente de recursos que ya
se había marchitado desde 1929 y que, en cualquier caso,
experimentó un cierre prolongado en razón de tendencias propias de
la economía internacional ".
¿Qué le conviene más al país? Debemos insistir en la
política que viene practicándose desde la administración Betancur
de concurrir trabajosamente, cada año al mercado internacional de
capitales a solicitar créditos voluntarios nuevos para el país, o
debemos entrar definitivamente a una reprogramación de la deuda?
¿Cuál de las dos estrategias es más ventajosa para el
desarrollo económico del país? Después de recapitular
cuidadosamente todos los antecedentes de la deuda externa
colombiana desde los años treintas y luego de clasificar
riguroamente los diversos períodos en que puede catalogarse la
historia de la deuda externa colombiana, los autores enfrentan
estas cuestiones en el último capítulo del libro que es quizás el
más importante.
Curiosamente los autores no comulgan con el lugar común, muy
escuchado en estos días de que la reprogramasión de la deuda es,
desde el punto de vista del desarrollo económico, la mejor opción:
"El punto de mayor interés general que muestran estos
ejercicios es la relación que existe entre el crecimiento económico
y la viabilidad de la refinanciación. Cualesquiera que sean los
supuestos que se hagan sobre las demás condiciones de la
refinanciación, esta estrategia es más atractiva para el país en la
medida en que sea menor su tasa de crecimiento económico. Así por
ejemplo, en la alternativa en que no se refinancian los intereses,
la posición de reservas del país en 1992 es equivalente a 8.5 meses
de importaciones cuando el ritmo de crecimiento es del 4%, pero se
reduce a 6.2 meses de importaciones si el crecimiento es del 6%. El
debilitamiento que sufre este indicador ante los mayores ritmos de
crecimiento se debe a las mayores necesidades de recursos externos
que no alcanzan a ser cubiertas con las limitaciones que la
refmanciación impone a las entradas netas de capital. De esta
manera, en contra de lo que a menudo se arguye, la estrategia de la
refinanciación no elimina la restricción externa al crecimiento
económico. Antes bien, en la medida en que el país persiga tasas
más altas de crecimiento económico, esta alternativa resulta menos
atractiva".
Este me parece que es el aporte conceptual más importante que el
libro de Ocampo y Lora hace al debate actual sobre la deuda
externa: No basta renegociar la deuda externa para asegurar un
crecimiento económico apropiado. Es necesario mantener una
cuidadosa política economica y muy especialmente, destacan los
autores, es necesario mantener una devaluación real del peso
colombiano en los años venideros a fin de asegurar un equilibrio
que no lo garantiza per ser la reestructuración de la deuda. Por
todas estas razones los autores consideran que la reestructuración
de la deuda no es intrínsecamente mejor que la vía voluntaria que
se está ensayando actualmente. Pero agregan que el clima enrarecido
que caracteriza hoy en día al sistema bancario internacional puede
conducirnos a la reestructuración, no por que esta sea mejor, sino
porque puede ser la única vía posible.
JUAN CAMILO RESTREPO S.